La sencilla ruta que te llevará a un mirador para disfrutar de unas preciosas vistas de este parque natural valenciano

La Sierra Calderona es un parque natural de gran valor ecológico en la Comunitat Valenciana, situado entre los ríos Palancia y Turia, abarcando unas 18.000 hectáreas de aire puro. En este entorno, cuyos valles albergan monasterios históricos como el convento de Sant Esperit, destaca la montaña de El Garbí, de 593 metros. Esta cima, situada en la parte oriental de la sierra a escasa distancia del mar Mediterráneo, se extiende entre Estivella, Segart y Albalat dels Tarongers. Su rincón más célebre es, sin duda, el espectacular mirador que corona su cumbre y ofrece un balcón único para contemplar las bellezas del litoral valenciano.

Para disfrutar de este entorno natural, existe una sencilla ruta circular que resulta ideal para realizar en familia, permitiendo que personas de todas las edades se adentren en sus senderos sin dificultad. Para iniciar esta corta aventura, los senderistas disponen de excelentes accesos por carretera que conducen directamente al punto de partida, un camino asfaltado que llega a una pequeña plaza donde se ubica la señalización de inicio de la ruta y un amplio aparcamiento habilitado. Esta facilidad de acceso convierte la excursión en una opción idónea para una escapada de fin de semana.

El sendero comienza oficialmente en la zona de estacionamiento del Pla del Garbí, una extensa llanura dominada por vegetación arbustiva. Desde el panel informativo de la ruta azul, se inicia la marcha por un amplio camino de tierra rojiza, color muy característico del mineral rodeno de la sierra. Al avanzar unos pocos metros, los excursionistas se topan con una casa rural delimitada por una verja metálica. Siguiendo las señales del parque, se rodea este recinto por el lado derecho para adentrarse en una bonita pinada. La subida hacia la cima es suave y agradable, requiriendo un paseo de apenas quince minutos para alcanzar la parte alta. Bajo la sombra de los pinos protectores, el trayecto se convierte en una experiencia sumamente relajante y reconfortante para los caminantes.

Antes de aproximarse al mirador principal, un pequeño desvío a la derecha invita a los visitantes a explorar la zona conocida como el Llosar. En este sector singular, las características piedras de rodeno se superponen de manera curiosa, simulando losas naturales que están apiladas a gran altura. El Llosar del Garbí se presenta como una atalaya rocosa impresionante desde la cual se puede apreciar la Mola de Segart con total claridad. Aunque resulta un mirador natural fantástico para tomar fotografías, es sumamente recomendable extremar las precauciones si se viaja acompañado de niños pequeños. Saltar por estas rocas requiere atención para evitar accidentes debido a los grandes precipicios que bordean toda la zona. Tras deleitarse con este rincón, se retoma la senda estrecha y pedregosa que se dirige directamente hacia el balcón más famoso del parque natural.

El Mirador del Garbí, perfectamente protegido por una valla de seguridad y dotado de paneles informativos, ofrece una de las panorámicas más bellas de Valencia. Desde este espectacular balcón natural, los precipicios de piedra rojiza caen verticalmente, regalando la sensación inigualable de tener la provincia a los pies. Las vistas del mar Mediterráneo y del golfo de Valencia son sobrecogedoras, extendiéndose ante los ojos del excursionista como un inmenso lienzo azul. Sentarse sobre las rocas para respirar el aire puro de la pinada permite una desconexión total del ruido urbano. Si la caminata se realiza al atardecer, la luz dorada tiñe los acantilados de un color rojizo intenso. Contemplar la puesta de sol desde este enclave es una de las experiencias más reconfortantes que la naturaleza valenciana puede ofrecer a sus visitantes.

La altitud privilegiada del mirador, combinada con la cercanía de la costa mediterránea, permite un alcance visual extraordinario en los días completamente despejados. Hacia el norte de la provincia de Valencia, es posible distinguir con gran nitidez y detalle el Puerto de Sagunto con su imponente castillo histórico, además de la Sierra de Irta. Con un poco de fortuna y un cielo limpio, la vista del viajero puede alcanzar con nitidez las lejanas Islas Columbretes, situadas frente a la costa castellonense. Dirigiendo la mirada hacia el sur, se divisa la silueta de la Albufera de Valencia y, en el horizonte difuso, el perfil del cabo de San Antonio o el Montgó. Hacia el interior del territorio montañoso, destaca de forma inconfundible la silueta recortada de la Mola de Segart y, alzándose majestuosamente en el horizonte, el relieve boscoso de la Sierra de Espadán.

Final con merenderos

A unos pocos metros por debajo de este mirador se encuentra la ermita de la Santa Cruz de moderna restauración, levantada originalmente en 1787. El templo actual sustituye a la antigua edificación histórica que llegó a contar con una hospedería para albergar a los antiguos caminantes. Junto a la ermita, protegida por la densa sombra de una pinada, se sitúa una amplia área recreativa dotada de merenderos. Es el lugar idóneo para detenerse a descansar, disfrutar de un bocadillo en familia y permitir que los niños jueguen con total tranquilidad. Desde los alrededores de la pequeña ermita se abre una magnífica perspectiva complementaria sobre el fértil valle del río Palancia y las montañas castellonenses de Espadán.

Para emprender el regreso al punto de inicio, el itinerario circular se incorpora a una agradable pista forestal de tierra. Este camino de vuelta permite un cómodo paseo rodeado por una rica y variada vegetación mediterránea, donde destacan ejemplares de madroños y brezo. También abunda la coscoja, el palmito y el lentisco, plantas arbustivas esenciales que protegen el suelo calizo contra los procesos de erosión por lluvias. Si se prefiere acortar la marcha, se puede tomar una pequeña senda que nace a la izquierda de la pista y transcurre entre dos antiguos muretes de piedra. Finalmente, la pista forestal nos conduce de manera directa de regreso a la plaza de estacionamiento donde comenzó la aventura. De este modo concluye un recorrido corto, accesible y lleno de espectaculares contrastes visuales en el corazón de la Calderona.