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El expresidente andaluz está suelto de manos, pero no es un verso suelto. Es el ideólogo del regreso al pasado del PSOE andaluz

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Díaz pide a Pedro Sánchez que no le haga elegir "entre dos lealtades"

Borbolla, Susana Díaz y Pedro Sánchez EFE

José Rodríguez de la Borbolla, segundo presidente de la Junta de Andalucía (1984-1990), está irritado, enfadado, se siente humillado por los independentistas catalanes. "Son unos cerdos", explotó el martes pasado en una entrevista televisiva en el programa Acento Andaluz  de la cadena Ondaluz. Lleva meses hablando y escribiendo de la "charlotada" que según él protagonizan la "cuadrilla de responsables públicos catalanes que han malversado las instituciones, unos conspiradores de sala de estar que han pensado que con los medios de comunicación, las redes sociales, tres o cuatro influencias y la ayudita de alguna superpotencia por ahí escondida, podían cambiar las cosas, pero no han tenido en cuenta que se enfrentaban al Estado".

Algunos en el PSOE de Andalucía comparten lo dicho por Borbolla, aunque no en cómo lo dijo. Otros, sin embargo, opinan que su postura da más munición a los independentistas y que son necesarias muchas más dosis de moderación que de emoción. También los hay que consideran sus palabras impropias de él.

El expresidente andaluz, como él mismo reconoció, está suelto de manos, pero no es un verso suelto. Nunca lo ha sido. Es un hombre de partido, un patriota del PSOE, a quien otros patriotas como Alfonso Guerra lo descabalgaron de la Junta de Andalucía en una de esas largas, espectaculares y sangrientas luchas por el poder en el PSOE andaluz en una batalla protagonizada por guerristas y borbollistas. Hoy día parece que son amigos.

Borbolla se retiró de la política activa en 2000, pero no de la política. En cada entrevista, en cada artículo, el exdirigente andaluz deja su sello, marca pautas, a veces está con uno y otras, con otros. Días atrás promovió una carta, firmada por otros ex, dirigida al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, al que acusaba de "ponerse de perfil" en el conflicto catalán para "salvar el pellejo".

Forma parte del comité director del PSOE andaluz y lleva tiempo asesorando a Susana Díaz. Es un valedor total de Díaz, de la que dijo en la entrevista que "está pensando en España y en el PSOE", pero no siempre fue así. En su día le pidió que dimitiera como consejera de la Presidencia de José Antonio Griñán cuando la hoy presidenta de la Junta aspiraba a la secretaría general del PSOE de Sevilla. Consideraba que al ser "empleadora directa" de muchos de los delegados del congreso socialista, el voto de estos estaba ya condicionado.

El político sevillano es el principal ideólogo del retorno al pasado en el PSOE andaluz:  el regreso a la defensa de las movilizaciones autonomistas del 4 de diciembre de 1977 y del referéndum del 28 de febrero de 1980 por el que Andalucía accedió a su autogobierno por la vía rápida de la Constitución, prevista sólo para las llamadas comunidades históricas (Cataluña, País Vasco y Galicia).

Él protagonizó, junto con otros como Rafael Escuredo, esos inicios. Fueron ellos los que pusieron las bases para la modernización de una comunidad que, sin embargo y tras 35 años de gobiernos socialistas, sigue siendo la que tiene la mayor tasa de paro de España y una de las mayores de Europa. Ahora Borbolla vuelve a ahormar el discurso de los socialistas andaluces sobre Catalunya recomendando ‘dura lex sed lex’ y también tranquilidad, como el mariscal Kutúzov en ‘Guerra y Paz’.

Díaz atrás el portavoz parlamentario socialista, Mario Jiménez, aseguró que si Catalunya obtiene más competencias, Andalucía las pedirá también. Por lo que se ve, poco importa que aún queden materias intactas sin desarrollar tanto del antiguo como del reformado Estatuto andaluz cuya redacción es una copia, en muchos de sus artículos, del catalán.

Los dirigentes socialistas andaluces ya han advertido que cuando llegue la etapa de la negociación, se opondrán al establecimiento de una financiación particular para Catalunya a modo de cupo vasco, como han insinuado los ministros De Guindos y Montoro. Tampoco asumen la definición de España como nación de naciones y el reconocimiento de la plurinacionalidad que defiende la dirección federal socialista. Y dicen portar la bandera de la igualdad de los ciudadanos vivan donde vivan, erigiéndose en portavoces oficiosos del resto de territorios.

Si hay solución, va a ser difícil que venga del sur. En una región donde sus dirigentes presumen una barbaridad y cada día de ser pioneros en todo, sorprende este anclaje ideológico al siglo pasado, la actitud defensiva permanente que mantienen respecto a Catalunya y la carencia de una idea propia para Andalucía.

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