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Si se dictara sentencia al ritmo que el juez V. Taín publica novelas

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El juez deja libres a los dos empresarios implicados en la red de prostitución

Hemos conseguido que Gallardón deje de ser ministro de Justicia. La celebración de los éxitos es tan necesaria como la lucha para obtenerlos. Da fuerza para afrontar batallas que quedan. Y el éxito es la paralización de la Ley Gallardón (de penalización del aborto y represión de la mujer). La dimisión es mera consecuencia anexa. Rajoy ha dejado caer a su amigo o le ha empujado al precipicio, no porque el parecer mayoritario de los españoles le haya hecho replantearse sus principios, sino por cálculo electoral. Mayo se acerca inexorable, con sus flores y sus elecciones municipales y es mal momento para cabrear a posibles votantes.

Tenemos al Gobierno en modo astucia. Ojo, dentro de un contexto europeo donde el más tonto hace relojes. Así,  el Sistema Europeo de Cuentas (SEC) se acaba de cambiar para, entre otras mejoras, que en el cálculo del PIB se metan las riquezas que generan la prostitución, el narcotráfico, el contrabando y el juego ilegal. Nada por aquí, nada por allá y España gana 26.193 millones de euros, el PIB crece un 2,5% y por tanto sobre el total, menguan nuestros déficit y deuda. ¡Menos mal que los prestidigitadores de la gran estafa aplican ahora su magia al crecimiento de brotes verdes, de amapola o marihuana! ¡Esos Draghi y secuaces, qué manos tienen, cuánto saben!

Cuenta  Julia Otero que en Gran Bretaña, donde rinden más explicaciones, dicen haber calculado las meretrices, el número de sus servicios semanales y el precio medio de cada uno y luego a multiplicar. Pero los datos, ¿de dónde se han sacado? ¿Se han inventado? Las autoridades afirman haber sondeado a las profesionales. Lo que no es exportable a los narcotraficantes. Porque cabe esperar que a éstos los cuerpos de seguridad les visiten con órdenes de detención en vez de con tests de contabilidad.

Nótese que no hago objeción de tipo moral. ¡La moral ha muerto! ¡Descanse en paz! ¿A qué mejor muerte podía aspirar? Muerta a manos de los moralistas máximos. Esos que se llenan la boca reivindicando la familia y que no cejan en su empeño de obligar a chicas de 16 a 18 años a ser madre contra su voluntad -aunque eso sí, restringiendo cualquier ayuda social o de estudio o sanitaria o de vivienda que pudiera darles a ella y a su hijo un horizonte de futuro digno. Esos mismos incluyen ahora prostitución y droga en sus Excell para que la realidad no les arruine el titular de que en España la recuperación no es coyuntural sino estructural.

Este es el proyecto de país: turismo, prostitución, narcotráfico y juego. ¿Los tres últimos sectores como industrias auxiliares del primero?

Ese destino elegimos, ese futuro queremos vivir. Dentro de una Europa que abdica de su vergonzosa historia, de fuente de cultura, espíritu crítico, democracia. Renegando de Grecia mientras echa rodilla a tierra para cortejar a la China ultracapi-comunista o a la Rusia del zar y sus oligarcas. Ambas ejemplo del valor supremo al que aspiramos españoles y europeos: el dinero. Que allí se pisoteen derechos ciudadanos, se explote a trabajadores, se encarcele o ejecute de modo arbitrario, y no haya libertad para que los medios de comunicación puedan informar no son daños colaterales, sino ventajas añadidas, parte clave de lo que nuestro poder envidia, puntos a imitar para que nuestra economía crezca al ritmo de esas potencias. Rememos hacia esos paraísos prometidos.

Todos a una, por favor, alcalde de Sevilla. ¿A qué viene gastar ahora un dineral para llenar nuestras farolas de banderolas contra la prostitución? No espantemos a esos empresarios de la industria del sexo, a los que tanto debemos. ¡Vivan ellos, y viva el narcotráfico y viva la ludopatía!

Y viva todo rey Midas. Porque estamos necesitados de creadores de riqueza. Como el juez del Caso Asunta, José Antonio Vázquez Taín. Acaba de cumplirse un año del asesinato de la menor y el instructor, ejemplo de productividad en un país tan improductivo, no sólo ha tenido tiempo de acabar la instrucción -para pasarla a la Audiencia-, sino que ha sido capaz de crear una novela negra en que desaparece una adolescente de la edad de la pequeña, e intervienen agentes de Policía de idénticos nombres a los que investigaron el asesinato de la chiquilla china ¡Pero, que nadie sea malpensado! Que la novela nada tiene que ver con el caso, ni se va a vender por el morbo aparejado. El éxito, poco o mucho que tenga, vendrá sólo derivado de los valores literarios. Esos que la editorial Espasa -grupo Planeta- ha sabido reconocer tras la primera novela del juez. Que iba sobre la desaparición de un Códice Calixtino, ¡caramba qué coincidencia (que dirían Les Luthiers) como otro caso que instruyó él!.

“Sería inmoral tratar el tema (del asesinato de Asunta) en una novela”  decía hace menos de un año el juez que entonces aseguraba trabajar en otra novela histórica. Cambiar de opinión es humano -¡que le pregunten a Gallardón sobre Mariano!- . La moral está enterrada a buena profundidad sin que se oigan sentidos llantos. La literatura, además, bebe de la realidad, ¡de eso hay tanto teorizado!  Se duele el juez-novelista en entrevistas de la protervia de quien critica su obra per se, por haberse publicado, por haberla escrito él, sin llegarla a leer. No se lo tenga usted en cuenta, señoría. En el mundo literario, como en todos hay rivalidades. Usted mismo, con sólo dos novelas en la calle, ya ha declarado saber lo que es que Ken Follet se le adelante perdiendo así " la oportunidad de ocupar los mejores puestos de las estanterías".

Yo, en mi papel de autora novel modestísima, le admiro por su trabajo. No es moco de pavo escribir una novela en ¿nueve meses? Y no en un año cualquiera, sino en el que uno afronta la responsabilidad inmensa de hacer justicia a una niña que ha tenido la mala fortuna de ser huérfana en China y acabar asesinada en España antes de agotar la infancia, víctima de una terrible violencia, quizá perpetrada por quien más la debía amar, respetar y proteger, tras años de inimaginable calvario.

El título de la novela no puede ser más acertado: “Al infierno se llega deprisa”. Y usted que lo diga, señoría. Tanto que casi no advertimos que hace tiempo que arribamos a él y que aquí estamos enfangados hasta el cuello y con el lodo subiendo. A las sentencias judiciales, en cambio, sean de parricidio en audiencias provinciales o de recursos en el Constitucional, se llega bien despacio.

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