Opinión y blogs

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Cómo me convertí en vecino de Antonio Banderas: la gentrificación en primera persona

Durante las últimas semanas he estado trabajando con algunas y algunos compañeros en un análisis sobre la gentrificación y la "turistificación" en Málaga. Hemos elaborado un largo informe, plagado de datos demoledores, que muestran la brutal transformación del centro histórico de Málaga y sus devastadores efectos: la población de la almendra histórica, la zona en el interior de la antigua muralla, se ha reducido a poco menos de 5.000 habitantes, por ejemplo, que han sido expulsados para convertir el área en una atracción turística de bares, terrazas, hoteles, alojamientos transitorios, museos, tiendas de souvenires, etc.

Solo recientemente, en el marco de unas jornadas sobre arte, industria cultural y derecho a la ciudad , celebradas durante el décimo aniversario de la Casa Invisible de Málaga, caí en la cuenta, tras una conversación informal con algunos asistentes de otras capitales, de que mi experiencia personal ejemplificaba perfectamente este tipo de procesos.

En el año 2012 alquilé un apartamento en un edificio al borde de la ruina en la calle Alcazabilla, hoy epicentro del terremoto gentrificador de Málaga. Lo mismo que yo hicieron otros amigos, de modo que, excepto uno de los apartamentos, todo el edificio quedó habitado por lo que podríamos llamar una comunidad, siguiendo una pauta que ya habíamos ensayado anteriormente en otro enclave arrasado: la plaza de Los Mártires. No pudimos alquilar ninguno de los apartamentos hasta que la propiedad realizó una serie de reformas muy superficiales, lo justo para mantenerlos habitables y cobrarnos un precio de alquiler que hoy resultaría sorprendentemente económico: lo único que nos podíamos permitir.

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Una mirada desde los márgenes

Zona Norte de Granada

Crecí en un barrio arrinconado, apartado del centro. Un barrio que ha ido creando sus propias dinámicas de convivencia y de poder, porque el resto de la ciudad ha optado por ignorar su existencia. Pareciera que las personas que vivimos aquí no merecemos tanta atención, como si no hubiera urgencia de solucionar nuestros problemas porque ya estamos acostumbrados a vivir en medio de la precariedad.

La problemática del barrio a veces parece inabarcable. En demasiadas ocasiones he escuchado cómo los técnicos que intervienen en esta realidad compleja y los políticos de turno expresan con total frialdad que la única solución posible sería arrasar con todo y volver a empezar a construir el barrio desde cero. Y los que hemos crecido entre estas calles abandonadas a su suerte sentimos tanta impotencia que a menudo tenemos la tentación de tirar la toalla. El sentido común te dice que lo mejor que puedes hacer es escapar de esta realidad conflictiva y olvidar que provienes de un barrio estigmatizado y olvidado, donde parece imposible prosperar: optar por el individualismo porque no hay nada que puedas hacer por el bien común.

Sin embargo, no puedo ni quiero desentenderme. Donde otras personas sólo ven deterioro, yo veo las calles que han albergado los juegos de mi infancia y en las que tienen lugar innumerables conversaciones y bromas entre vecinos, ya sea en la tienda de la esquina o en la cola de la panadería. Nuestro pequeño piso en uno de los muchos bloques de edificios es fruto de la ilusión y el sacrificio de mis padres por ofrecernos un futuro con mayores oportunidades, aunque –como tantas otras familias– hayamos sufrido en nuestras propias carnes la ineptitud de una administración que rehuye toda responsabilidad para garantizarnos el derecho a una vivienda digna. El barrio entero está poblado por familias como la mía, de gente humilde y trabajadora que trata de salir adelante en medio de la adversidad.

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Puertos de la Serna, SA

El conflicto en los puertos españoles está lejos de solucionarse. La envergadura del mismo y la derrota del Gobierno hicieron que el asunto diera el salto a las televisiones, con lo que las versiones sesgadas y cruzadas se han multiplicado y la confusión para la ciudadanía es ahora aún mayor.

Para saber qué está sucediendo es preciso conocer a los actores de la obra que se despliega en estos días.

Las principales empresas estibadoras -entre ellas las primeras del mundo- suelen estar vinculadas a importantes navieras que obtienen su principal beneficio de las explotación neta en horas de navegación de sus buques. Para estas empresas de la economía real los y las estibadoras españolas, capaces de descargar y cargar un barco en tiempo récord, responsables de movilizar el inmenso tetris que supone ese mar de contenedores en el menor lapso posible, son más que rentables ya que optimizan las horas de navegación de sus buques y no dudan en decantarse por un acuerdo con las fuerzas sindicales.

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¿Quién gana y quién pierde con el abandono del proyecto de Dragado en profundidad del Guadalquivir?

La noticia de que  El Puerto de Sevilla renuncia al proyecto de Dragado en profundidad del río Guadalquivir llega como consecuencia lógica del callejón sin salida al que había llegado el proyecto y abre una puerta de esperanza. El modelo de desarrollo del que nace este proyecto en 1999 parte de unas bases equivocadas y se ha sostenido empecinadamente pese a todas las evidencias que se han ido acumulando en contra del mismo. Es un ejemplo de libro de inteligencia ciega.

Al mismo tiempo es muy ilustrativo de un conflicto, que sigue vivo, entre dos concepciones opuestas de la relación entre las actividades económicas y el territorio. De un lado, tenemos a la autoridad portuaria y la Plataforma de agentes económicos y sociales que impulsaron la plataforma Sevilla con su Puerto; y de otro, la plataforma Por Un río Vivo, que agrupa a arroceros, pescadores, ecologistas y científicos, con la que se alinea Equo. Ambas plataformas plantean estrategias diferentes de generación de empleo que son contradictorias entre sí. Las declaraciones de Manuel Gracia abren una puerta a la esperanza de que Sevilla encuentre un proyecto de futuro para su puerto compatible con el mantenimiento de un río vivo.

Voy a tratar de responder a las tres siguientes preguntas: ¿Por qué el proyecto estaba en un callejón sin salida? ¿Qué modelo de desarrollo económico impulsa el proyecto del dragado? ¿Qué alternativas se abren a partir de ahora?

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Me avergüenza el "Gibraltar español"

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Placa de la calle “Gibraltar español” de Torrijos, Toledo, una de las varias calles con esta denominación que aún perviven por España. Foto de Foro por la Memoria.

Soy gaditano. Nunca he sido muy patriótico, pero llevo seis de mis veinticuatro años lejos de mi casa y mi familia, y os aseguro que nada te hace amar más tu tierra que estar lejos de ella. Es precisamente este aprecio por mi tierra el que no me permite más que avergonzarme profundamente cada vez que escucho a alguien exclamar un ¡Gibraltar español!

Me avergüenza porque quienes pronuncian esa estúpida frase no saben que Gibraltar (Reino Unido) y La Línea de la Concepción (España) compartían prácticamente todo, como pueblos hermanos. Tenían en común idioma (y acento), tradiciones, celebraciones, comida... Los unos iban a las fiestas de los otros, se casaban entre ellos y formaban familias mixtas, sin diferencias. Los unos se mudaban al pueblo de los otros y ya nadie sabía (ni a nadie le importaba) de cuál de los dos pueblos eras tú.

Me avergüenza porque quienes pronuncian esa estúpida frase muchas veces son gaditanos que conocen historias de familias separadas por el muro de Berlín, pero que no saben que lo mismo pasó aquí, en su propia tierra, con su propia gente. No saben que pronunciando esas palabras están faltando a su tierra y a esos nietos, abuelos, padres, primos y amigos que quedaron separados por una maldita verja durante trece años.

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Las mentiras del PP sobre el impuesto de sucesiones

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Firmas contra el impuesto de sucesiones y donaciones recopiladas por el PP andaluz

Hace unos meses, cuando pasaba por delante del Ayuntamiento de Sevilla me abordó una señora que formaba parte de un grupo situado junto a un stand de propaganda del Partido Popular. Me pidió amablemente que firmara para "acabar" con el impuesto de sucesiones en Andalucía y cuando le dije que era imposible que se acabara con él solo en Andalucía, por la razón que señalaré más abajo, me siguió dando una serie de argumentos que fui rebatiendo lo más educadamente que pude. Cuando ya no tuvo ninguno adicional se limitó a decirme que había que suprimirlo porque "Susana es una ladrona que se queda con el dinero de los andaluces".

Ante semejante "argumento" decidí que era mejor no seguir y me alejé de uno de los muchos grupos de militantes del PP que han difundido en toda Andalucía una campaña magníficamente programada y muy eficaz contra el impuesto sobre sucesiones.

Digo que ha sido una campaña muy eficaz porque me consta que ha convencido a miles de personas de que el impuesto sobre sucesiones es injusto, muy elevado, que solo lo pagan la generalidad de las clases y medias y trabajadoras y, para colmo, que Andalucía es el único territorio en donde se utiliza "para robar" a la gente. Algo sorprendente si se tiene en cuenta que este impuesto es centenario, que existe desde hace muchos años en los países más avanzados del mundo y que siempre se ha considerado como uno de los instrumentos más efectivos de la historia para luchar contra los privilegios de cuna y para hacer que las sociedades sean más equitativas y las economías más eficientes. De hecho, el propio Partido Popular ha realizado varias reformas fiscales con mayoría absoluta y, a pesar de que podría haberlo eliminado o modificado, lo ha mantenido siempre.

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¿Hay que eliminar el impuesto sobre sucesiones y donaciones en Andalucía?

Firmas contra el impuesto de sucesiones y donaciones recopiladas por el PP andaluz

En los últimos tiempos estamos asistiendo a una intensa campaña a favor de la supresión del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones (ISD) en Andalucía. Incluso, se ha abierto una petición en change.org con el lema "Hereda 100x100", con el argumento de que se trata de un tributo especialmente injusto con los andaluces.

El ISD es un impuesto directo, personal y progresivo, cedido a las comunidades autónomas, que grava la adquisición por las personas físicas de bienes y derechos por título sucesorio o por donación, además de la percepción de cantidades sobre seguros de vida, generalmente, cuando quien contrata es una persona distinta del beneficiario.

Conviene advertir que, en las adquisiciones mortis causa y en los supuestos de percepción de seguros de vida, la imposición corresponde a la Comunidad donde el causante o asegurado tenga su residencia habitual en la fecha del fallecimiento.

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OPINIÓN | La desigualdad es violencia: el sentido crítico ante el machismo

Manifestación 'El machismo es violencia'.

Tanto se ha centrado la lucha contra las violencias machistas en aquellas que provocan alarma social, que la mayoría de los hombres no se sienten interpelados; no encuentran motivos ni para involucrarse en su erradicación ni para modificar sus hábitos. Para colmo, el Pacto de Estado que se discute en la actualidad sigue olvidando a los hombres, con lo que se le condena a tener un alcance muy limitado.

En un taller para inmigrantes árabes, latinos y subsaharianos invité a los participantes a identificar privilegios masculinos en la familia, el mercado de trabajo, la sexualidad y la sociedad, y me sorprendieron dos reacciones. Por un lado el colectivo subsahariano los identificaba con facilidad; por otro lado, el grupo latino interrumpió la puesta en común para quejarse, educadamente, de que se les había invitado a participar en un taller sobre el machismo pero se veían debatiendo sobre las desigualdades entre los sexos.

Para ellos, el machismo tenía más que ver con las agresiones físicas, los abusos sexuales y los asesinatos, que con las desigualdades cotidianas en sus relaciones con las mujeres. Pese a la resistencia que manifestaban, me alegró advertir que ese grupo hubiera visto que los privilegios son desigualdades, porque es difícil ver que todo privilegio naturaliza una desigualdad, y mucho más difícil ver que las desigualdades, al quedar invisibilizadas, aseguran su reproducción.

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Exámenes y huelgas, política y escuela

El ministro de Educación, Augusto Méndez de Vigo

No soy de refranes, pero lo del arbolito desde chiquito me viene a la mente. Hoy 9 de marzo hay convocada huelga por la educación pública, e invariablemente en mi familia nos encontramos con el mismo problema; también en mi instituto, pues soy profesora. El problema no es otro que los exámenes que se han previsto para ese día en concreto. ¿Cuántas jornadas de huelga puede haber en un curso escolar?, una o dos, sí, y 179 días lectivos. Pues la amenaza del profesor/a de que de ningún modo repetirá el examen previsto para ese día, disuade a muchos alumnos y alumnas de secundar la huelga. La ley dice que tienen derecho a que se les repita el examen en otro momento, al tratarse de una falta justificada, y ejercer su derecho a la huelga en modo alguno podrá perjudicar su marcha académica. Igual que el alumnado de 1º y 2º de la ESO puede secundar la huelga con autorización paterna, y sin embargo sistemáticamente se les dice que no tienen derecho a ejercer la huelga. Disuadir al alumnado siendo docente es tan sencillo como contestarle a los alumnos "pues yo no pienso repetir ningún examen, que vosotros lo único que queréis es faltar a clase".

Esto pasa continuamente. Yo lo vivo a través de mi hijo y mi hija, y a través de muchos compañeros y compañeras docentes de los distintos IES en los que he trabajado. ¿Cómo vamos a cambiar el mundo si los que han recibido el beneficio directo de las reivindicaciones se han acomodado? ¿Cómo depurar responsabilidades ante una actitud e ineptitud tan extendida entre docentes, si no poseen la menor conciencia de que tienen entre sus manos a las generaciones del futuro? ¿Cómo no se dan cuenta de que están abusando de su autoridad, corrompiendo su labor y dando un pésimo ejemplo?

Como madre, he soportado que a mi hijo e hija les digan sus propios maestros/as cosas como "hacer huelga no sirve para nada", "yo soy más listo, haré huelga a mi manera, vendré a trabajar pero os pondré películas", "tú haces huelga porque lo único que quieres es no venir a clase", "yo no repito el examen porque no me da la gana", "qué huelga ni huelga...", y un sinfín de sentencias que expresan duda y desconfianza ante los tímidos intentos de unos alumnos y alumnas que, entrenados en muchos casos para obedecer, intuyen que han de rebelarse. Si las personas de mi generación estamos despolitizadas, el alumnado actual está absolutamente desorientado, y diría más, está vendido. El concepto de sentido crítico aparece en todos los textos de las leyes educativas vigentes, pero la realidad avanza devorando cualquier atisbo de pensamiento libre, de resistencia.

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Una deuda con las mujeres

Cada tres días muere un mujer en Francia por violencia machista

Ser mujer no se elige, pero serlo te obliga a ser fuerte. Fuerte para soportar continuos desprecios y humillaciones a los que cada día hacemos frente en forma de "micromachismos". Fuerte para asimilar que siempre se nos exige más, porque las varas de medir que se nos aplican nunca son las mismas.

Fuerte para soportar ser observadas permanentemente y que se someta a juicio público cada una de nuestras decisiones. Fuerte para poder escapar de los roles que la sociedad nos tiene asignados de forma premeditada y decidir con libertad sobre nuestra propia vida. Fuerte, en definitiva, para sobrevivir en un mundo que nos niega ser iguales.

Ser mujer no se elige, pero serlo te condena a la más absoluta irrelevancia histórica. Nada importa que hayan sido mujeres las que han protagonizado cruciales aportaciones al mundo de la política, la ciencia, la economía, la cultura o el deporte a lo largo de la historia, porque sus nombres jamás serán recordados ni aparecerán en los libros de texto. Para ellas, la invisibilidad y el anonimato; para ellos, el reconocimiento y el prestigio.

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