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Salud y seguridad laboral, la precariedad que enferma

Rueda de prensa este lunes para la presentación del informe de siniestralidad laboral y enfermedades profesionales.

María José López Garrido

Secretaria de Salud Laboral de CCOO de Andalucía —

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El 28 de abril, Día Internacional de la Seguridad y Salud en el Trabajo, es una jornada para honrar la memoria de las personas trabajadoras víctimas de accidentes y enfermedades laborales; hombres y mujeres que perdieron la vida por unas condiciones de trabajo que no garantizaban lo más básico: su integridad física y su salud.

Un total de 121 personas perdieron la vida en el trabajo a lo largo del año 2025. Es inasumible que cada tres días fallezca una persona por el simple hecho de ir a trabajar. La causa fundamental es la impune falta de medidas básicas de prevención, como la ausencia de arneses en trabajos de altura o la falta de una formación real y efectiva. En la raíz de este drama encontramos un sistema productivo que prioriza los beneficios económicos por encima de la vida humana, dejando la seguridad y salud en un plano totalmente secundario.

La seguridad y la salud en el trabajo no son solo una cuestión de cumplimiento de normas o de farragosos sistemas de gestión. Son una cuestión de personas. Se trata de velar por la vida de quienes salen de casa cada mañana con la expectativa razonable de regresar en las mismas condiciones. Las familias no pueden vivir bajo la zozobra de si hoy será el día en que todo salga mal por negligencias empresariales. Es por ello que desde CCOO de Andalucía exigimos organizaciones que asuman, de una vez por todas, su responsabilidad de garantizar que esta expectativa se cumpla sin excepciones.

A pesar de los 30 años de vigencia de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, los accidentes siguen siendo una lacra social intolerable. Del mismo modo, las enfermedades profesionales —especialmente aquellas de origen laboral no reconocidas— suponen un castigo silencioso para miles de trabajadoras y trabajadores, ya que solo se declara un pequeño porcentaje. El sistema actual invisibiliza la realidad: no se puede prevenir aquello que la patronal se niega a reconocer. Por ello resulta imprescindible hacer visible lo invisible.

Dentro de este oscurantismo, el cáncer de origen laboral es la cara más amarga de la infradeclaración. En Andalucía, mientras en 2025 el cáncer fue la segunda causa de muerte con más de 19.000 fallecimientos, solo se declararon 7 casos como origen laboral. Se estima que el 8% de los cánceres podrían originarse en el entorno de trabajo, pero la falta de rigor en la vigilancia de la salud y el desconocimiento interesado sobre los agentes carcinógenos impiden que se establezca la relación causal.

Este escenario es evitable. Los lugares de trabajo son los espacios donde es más factible identificar y valorar las exposiciones a cancerígenos. No falta ciencia, falta voluntad política y empresarial para aplicar medidas preventivas eficaces.

Por otra parte, la salud mental de la clase trabajadora se ha convertido en una pandemia silenciosa. El estrés, la ansiedad y la depresión son el resultado de un sistema laboral que nos exprime. En 2025, sufrimos 108.622 situaciones de IT relacionadas con estos factores, afectando especialmente a mujeres y personas jóvenes.

Todo ello revela una evidencia: la precariedad es la que enferma. El incremento de cargas, los ritmos frenéticos, la invasión de las nuevas tecnologías en el tiempo de descanso, las horas extras no remuneradas y la imposibilidad de conciliar están detrás de estas bajas que, en cambio, siguen fuera del cuadro de enfermedades profesionales y no se notifican como accidentes de trabajo.

Lamentablemente, la respuesta de las patronales ante esta realidad es criminalizar y perseguir a las personas enfermas de baja, ocultando que estas dolencias nacen de su propia falta de inversión en prevención y del deterioro de una sanidad pública que sufre estragos debido a las políticas privatizadoras que se están llevando a cabo.

Frente a ello, en CCOO exigimos un cambio radical de actitud. Una empresa con verdadera cultura de seguridad es aquella que pone los medios para que su plantilla trabaje segura. La salud no es un favor, es un derecho y una obligación legal que la ética patronal debería poner por encima de cualquier cuenta de resultados. Necesitamos un cambio de modelo que coordine a administraciones, empresas y sindicatos, con la sanidad pública como pilar.

La mejor forma de honrar la memoria de quienes han perdido la vida cuando iban a ganársela es desarrollar una estrategia de compromiso real. La salud de las personas trabajadoras debe estar en primer y preferente lugar. Esa es nuestra reivindicación y nuestra lucha sindical.

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