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ARAGÓN

Están cansadas, pero ya no tienen miedo

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No abren telediarios, no nos bombardean con sus demandas. Ni siquiera salen en los medios. No se habla de ellas. Y de lo que no se habla no existe. 

He conocido su lucha hace pocos días, a través de las redes sociales, por casualidad.Sin querer, he conocido su cansancio y su ausencia de miedo. Porque están cansadas de tener miedo o ya no tienen miedo de puro cansancio. 

Ellas son las trabajadoras de las residencias de mayores de Bizkaia.

Llevan más de 300 días de huelga. Heroínas sin varitas que dan lecciones mágicas de lucha feminista y de clase. Luchadoras sin capa que están cansadas y ya no tienen miedo. Hace 300 días que decidieron independizarse del machismo, de enfrentarse al patriarcado patronal. Sin referéndum que valga.

Como ellas cuentan, están sacando la precariedad de las mujeres trabajadoras a la calle. Eso es lo que están haciendo. Con la cabeza alta. Codo con codo. Mujeres. Juntas.

Y es que están cansadas de todo. Del dolor de sus huesos y de embarazos reprochados por el patrón. De llevar más de veinte años trabajando y no llegar a ochocientos euros de nómina. De ser consideradas el complemento del sueldo de su marido; las complementarias al cabeza de familia. De que las humillen juzgándolas incapaces de entender el sindicalismo de clase porque son mujeres; de eso sólo saben los hombres. De que las exploten dándoles escasos minutos para atender las necesidades de las personas con las que trabajan; que sólo puedan cuidarles tres veces al día. Cansadas de que traten como débiles a las mujeres y las personas ancianas; maltratando su dignidad y sus derechos. De que ante la exigencia de un convenio digno los jefes se agarren la entrepierna para expresarles de dónde va a salir el dinero de la negociación. Porque claro, la vida fantástica que vivimos las mujeres y la clase trabajadora es un cúmulo de aciertos gracias a los cojones. A muchos de ellos. Ese es su poder. El aparato genital.

Y es que nuestra obligación como mujeres es cuidar. Querer cobrar por ello y que, además, sea un salario digno es de histéricas. Es no saber cuál es el papel que sus entrepiernas nos han otorgado en la vida. Total, sólo se trata de limpiar cuatro culos.

Así las llaman: limpia culos.

Ellas explican que las tratan así porque “no soportan que las mujeres seamos capaces de luchar y de ganar”. Y están cansadas. Pero también están convencidas. Y es que vence quien convence. Y por eso ya han vencido, sólo resta ganar la negociación del convenio.

Yo, desde estas líneas, les pido con humildad que no reblen, que no decaigan. Que se dejen cuidar y proteger por quienes las arropamos y seguimos. Que continúen.
Y es que las necesitamos. A su lucha, a ellas, a su cansancio, su independencia y su ausencia de miedo. ¡Qué viva la lucha de las mujeres!

Conócelas aquí.

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