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ARAGÓN

“De una crisis de este tipo solo se sale mediante un proceso constituyente”

Participó en la asamblea fundacional de Podemos, en las plazas del 15M y defiende un proceso constituyente para “exorcizar el actual momento español”

Es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y experto en el sistema electoral español

Asegura que "el PAR es quien más se ha beneficiado del sistema electoral en Aragón"

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Carmelo Romero. Foto: Juan Manzanara

Carmelo Romero. Foto: Juan Manzanara

"Lo importante no es lo que piense yo, es lo que ha dicho Carmelo Romero". Con esta frase, pronunciada en el Palacio de Vistalegre durante la asamblea fundacional de Podemos, Pablo Iglesias zanjó su postura respecto a la ley electoral. Carmelo Romero Salvador (Pozalmuro, Soria, 1950) es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, además de autor de novelas como Calladas rebeldías o El diputado Pardo Bigot. En su faceta académica y literaria siempre ha prestado especial interés a cómo el sistema electoral ha determinado el devenir de España, tema que ha compaginado con su atención al campesinado castellano.

Firme defensor de un proceso constituyente como vía para exorcizar el actual momento español, Romero intervino en aquella asamblea de Podemos en representación del Círculo de Soria.

¿Cómo determina la ley electoral las elecciones en Aragón?

El punto fundamental es la división por provincias. La distribución de escaños no es proporcional al número de habitantes de cada provincia, sino que salen primadas aquellas con menor número de población, en el caso de Aragón, Huesca y Teruel. En Aragón hay 67 diputados; de esos 35 son por Zaragoza, 18 por Huesca y 14 por Teruel. Este reparto está determinado por la ley electoral de la comunidad autónoma, que establece que el número de habitantes dividido por el número de escaños en la provincia más poblada no puede superar en 2,75 veces al de la provincia menos poblada. De esta manera, aproximadamente, Zaragoza tiene un diputado por cada 30.000 habitantes, Huesca por cada 13.000 habitantes y Teruel por cada 10.000 habitantes. Así, 10.000 habitantes de Teruel equivalen a 30.000 de Zaragoza en cuanto al valor de su voto. A los partidos les sale más "barato" conseguir un escaño por Teruel o Huesca que por Zaragoza.

Lo que está pensado para corregir desigualdades territoriales, ¿tiene sus inconvenientes?

La ley trata de paliar los desequilibrios territoriales y poblacionales, pero hace que el voto de las personas sea más o menos determinante dependiendo del lugar donde viven. Se ha buscado un equilibrio entre territorio e individuos, pero yo pregunto: ¿Cuántas veces se han juntado los diputados por Teruel o por Huesca a la hora de votar en defensa de su provincia? Ninguna, que yo sepa. En la práctica, el territorio no es determinante, lo es la pertenencia a un partido. Así que, si se querían compensar los desequilibrios, esta medida debería ir acompañada de listas abiertas, de manera que cada diputado se gane su escaño con determinado programa orientado a su provincia. Tal como está ahora, quien decide es el partido cuando hace las listas y, como no es la ciudadanía quien los elige directamente, los diputados se deben al aparato de su partido, no a quienes les han votado.

¿A quién ha beneficiado y perjudicado este sistema en Aragón?

La respuesta es obvia: los partidos que más votos sacan en Teruel y Huesca son los más favorecidos, porque con menos votos obtienen más diputados. Y ahí quién más se ha beneficiado es el PAR. En la actual legislatura, el PAR ha tenido siete diputados autonómicos, mientras que Chunta ha tenido cuatro. Sin embargo, esa diferencia de escaños no se corresponde con el número de votos que recibieron, donde hubo una diferencia mucho más ajustada. ¿Por qué paso esto? Chunta concentró sus votos mayoritariamente en la provincia de Zaragoza, mientras que el PAR tuvo más peso en Huesca y Teruel.

¿Las elecciones municipales y autonómicas pueden marcar tendencia en la política nacional?

Los únicos comicios que han cambiado un régimen en España han sido unas elecciones municipales, las del 12 de abril de 1931. Estamos hablando de un contexto muy determinado, después de siete años sin celebrarse elecciones con la dictadura de Primo de Rivera, tras un siglo en el que siempre las ganaba quien las convocaba... Ahora, estamos ante unas elecciones municipales y autonómicas que podrían provocar vuelcos políticos si los resultados fueran muy espectaculares en cuanto a hundimiento del PP y PSOE. No llegaría un cambio de régimen, pero si cambiaría la tendencia de cara a las elecciones generales. Los resultados de las grandes capitales de provincia y las autonómicas darán la radiografía del momento.

¿Es válida la comparación de este momento político con el del final de la Restauración?

Es algo que ya comenté en las plazas del 15M, en 2011. El sistema ha entrado en un claro paralelismo con el de la Restauración, salvando las distancias. No estamos ante un fin de ciclo, es una crisis profunda del sistema. Y de una crisis de este tipo solo se sale mediante un proceso constituyente. En la Restauración, la situación se solventó primero con un golpe militar, el de Primo de Rivera, pero después acabó por llegar el cambio de régimen y un proceso constituyente. Este proceso constituyente es absolutamente necesario ahora, porque es la única forma de devolver la esperanza a una colectividad que ha perdido la fe en el sistema. Esto, por supuesto, genera temor en los partidos del sistema.

¿Qué caminos se abren?

Hay tres opciones políticas sobre la mesa. Una, no tocar la Constitución, que es la del Partido Popular. Otra, reformarla, que es la del PSOE. Y la tercera, la que defiende Podemos, abrir un proceso constituyente. Luego, el resto de partidos se posiciona en torno a estas tres corrientes: IU está a favor del proceso, Ciudadanos no ha dicho nada al respecto y los nacionalistas tienen sus posiciones pero están a la espera. Esto será lo que se decidirá en las próximas elecciones generales.

De este proceso constituyente, ¿qué tipo de ley electoral debería surgir?

No hay ninguna que sea perfecta, toda ley acaba por generar vicios a lo largo de los años. La actual ley electoral española ha llegado al punto en que es el vicio en sí misma. La mejor forma de que el parlamento refleje fielmente el sentir de la ciudadanía y a la vez tenga en cuenta los aspectos territoriales y fomente la cercanía entre políticos y ciudadanos está en el sistema alemán. Allí, el elector vota con dos papeletas distintas: una, para elegir al partido y distribuir los escaños a nivel nacional; otra, para elegir al diputado concreto para su territorio, con lo cual los candidatos se han de ganar el apoyo en su circunscripción. ¿Que dentro de 20 años ese modelo se vicia? Pues se cambia otra vez.

En la novela 'El diputado Pardo Bigot' hablas del clientelismo en Aragón. ¿Es uno de esos 'vicios' del sistema electoral?

Están directamente relacionados. Que ciertas formas de clientelismo hayan estado aceptadas en nuestra sociedad tiene que ver con la situación económica. Hemos vivido en la sociedad de la confianza, con la idea de que el progreso era imparable. Y todo lo demás, pelillos a la mar. En cuanto ha llegado la crisis y una contrarevolución social (paro, empobrecimiento de las clases medias, marginalidad de las clases bajas...), se ha generado una sociedad de la ira.  Entonces, lo que antes parecían pelusillas que se podían esconder debajo de una alfombra se ven ahora como cagadas de elefante. La sociedad se cuestiona sus formas y raíces. Se genera la dualidad entre quienes temen lo nuevo y quienes rechazan lo decadente. Hay una lucha entre el miedo y la esperanza.

Según las encuestas, lo que queda es un parlamento fragmentado. ¿Está preparada la clase política para esta nueva situación?

Habrá nuevas alianzas en los parlamentos, pero no serán matrimonios por amor, sino por necesidad. Ni el PP ni el PSOE han buscado nunca los pactos, su objetivo siempre ha sido lograr mayorías absolutas. Ahora van a tener que entrar en el juego parlamentario, y ahí habrá de todo, los que se adapten mejor y peor. La primera prueba, el parlamento surgido de las elecciones andaluzas, ha demostrado que Susana Díaz no ha entendido el nuevo escenario. O, si lo ha hecho, no tiene capacidad de diálogo y negociación. No se puede pensar que los partidos deben apoyar automáticamente a la opción más votada, la responsabilidad no solo va en una dirección. Quienes no sepan negociar deberán irse a su casa.

Ante la fragmentación... ¿Cabe esperar reformas electorales de urgencia para primar mayorías?

Son previsibles parches, en no pocos casos tramposos, como introducir una segunda vuelta entre los más votados. Es un pensamiento viejo ante nuevas realidades. Una sociedad no se salva así.

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