eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Andrei Serban

Estudiante de periodismo

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 0

Berlín, ¡No puedes fallar!

Como en tantos otros rincones de un continente recién reconciliado con su pasado, las diferencias entre la antigua Alemania oriental y el resto del país continúan siendo relevantes al analizar sus sociedades, economías e incluso tradiciones culturales. La política nunca ha sido una excepción. Quizás nadie estaba preparado para tomar las riendas de esta máquina defectuosa en caso de una derrota de la canciller Merkel. Pero los casi seis millones de votos obtenidos dos semanas atrás por Afd (Alternativa para Alemania), fuerza ultra-nacionalista situada en tercer lugar en el Bundestag, revelan una realidad escalofriante de la sociedad europea que ya ni siquiera el resto de actores intentan (ni pueden) maquillar.

Los detalles nos son ya familiares. Las regiones en las que Afd ha obtenido mayorías aplastantes o un número preocupante de asientos se concentran en el este profundo del país. Es allí donde el tradicionalismo social heredado  del régimen socialista que capituló en 1989 se entremezcla con las zonas industriales más deterioradas, la menor productividad económica y el mayor desempleo de Alemania. En tal escenario los triunfadores han vuelto a ser las alternativas a los dos grandes partidos históricos, tanto desde la derecha política como en el caso de Grune (Los Verdes) o Die Linke (La Izquierda), que se hizo con feudos como el este de Berlín. Escuchando las sesiones de debate del parlamento europeo, en las que parece que cada uno busca imponer su modelo de reforma de la UE y pocos plantean soluciones inmediatas, resulta complicado hallar referencias a las múltiples velocidades culturales que vivimos.

Seguir leyendo »

Corbyn y el renacimiento de la izquierda en Europa occidental: tan sorprendente como real

La historia de un divorcio entre partidos de los trabajadores y personas

Aún hay gente que recuerda cómo solían ser los partidos socialistas occidentales hasta los años 70’. En efecto, contenían un claro elemento de oposición al liberalismo, incluso al anti-marxismo. Para muchos de ellos, como el caso francés, por ejemplo, los partidos comunistas instalados en el poder en el este de Europa eran vistos con envidia (también con aspiración) como peculiares “hermanos mayores”. La década siguiente se lo llevó todo por delante. Antes del desplome económico y los cambios dramáticos ocurridos a economías, poderes públicos y ciudadanos en los últimos años, el modelo bipartidista marcó la norma en numerosos estados de Europa. El hecho de que estos dolorosos años acabaran con el triunfo abrumador de grupos conservadores y pro-austeridad (desde parlamentos nacionales a instituciones europeas) significó que la izquierda europea se hallaba en su mayor apuro histórico.

Seguir leyendo »