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Begoña Marugán

Profesora asociada de la Universidad Carlos III de Madrid. Doctora en Sociología y licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Mi línea de militancia, investigación, publicación y docencia ha sido la perspectiva de género, en especial en temas relativos al trabajo y la violencia. He participado en publicaciones colectivas como como La violencia familiar: actitudes y representaciones sociales (Ed. Fundamentos, Madrid, 1999) y Amor, razón y violencia (Ed. Los Libros de la Catarata, Madrid,  2009).

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Agradecimiento e invitación a seguir avanzando

Hoy debería estar triste porque siendo la cuarta por la lista de Unidad Popular- Izquierda Unida por Madrid no he salido elegida, pero conocía el sistema D’Hondt y tampoco lo esperaba. Hoy debería estar triste y en cambio estoy contenta de haber conocido a cantidad de gente buena, generosa y luchadora en esta campaña. Siento que no estén en el Parlamento muchas y muchos compañeros muy capaces y políticamente imprescindibles para este país, pero los grandes medios de comunicación no nos han mostrado y la mayoría de la población desconoce el importante papel que algunos como Enrique Santiago han jugado en causas como las de Guantánamo, Bárcenas o en el proceso de paz de Colombia. Tampoco se ha dado a conocer el trabajo colectivo en las calles por la justicia social de nuestras candidatas y candidatos en sindicatos, los movimientos feminista, ecologista, animalista o memorialista o las mareas de todos los colores.

Hoy debería estar triste porque la lista de Unidad Popular- Izquierda Unida, proyecto de construcción de la confluencia de izquierdas, solo haya obtenido dos escaños en el Congreso y no lo estoy.  Hemos obtenido dos escaños cuando han intentado eliminar a la izquierda de este país del mapa político. Nos posicionamos frente al capital, el patriarcado y los mercados construyéndonos en un nuevo sujeto político.

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La complejidad de la lucha contra las violencias machistas

El éxito de la movilización del pasado 7 de noviembre fue el triunfo de los derechos humanos y de los derechos de las mujeres. Ese día el movimiento feminista convocó una marcha estatal contra las violencias machistas. La autoridad del movimiento y el reconocimiento del mismo no se puso en duda. Todas las organizaciones sociales y políticas entendieron que el protagonismo era de la plataforma 7N y que debían apoyar, dejando el protagonismo a quien realmente y por llevar años luchando contra la discriminación lo tenía.

Madrid se vistió del morado feminista. En trenes y autobuses llegaron unas 21.000 personas y el encuentro con otras 300.000 personas que las esperaban fue una fiesta. Y no era para menos. Después de años se había logrado entender que el maltrato de las mujeres es un problema que afecta a toda la sociedad. Las violencias que padecen las mujeres popularmente se asumían como elementos de estructuración social y uno de los ejes de reproducción de la dominación patriarcal a abolir.

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La esperanza en lo político

A lo largo de los últimos años la política ha estado subordinada a imperativos económicos. La economía y no la política económica es la que rige los designios de los pueblos. Ante este hecho la política ha sido reducida a una posición marginal y ha cundido la apatía y la desafección afectiva entre la ciudadanía. Sin embargo, a partir del 15-M se produjo una recuperación del sentido colectivo surgido espontáneamente a partir de relaciones sociales personales y afectivas. Esta fecha sirvió de rito iniciático a partir del cual empezaron a edificarse una serie de movimientos nuevos en forma de mareas ciudadanas. Lo que se ha dado en llamar nueva política.

Entonces, nos volvimos a entusiasmar con la política y además a hacerlo desde un espíritu alejado de la concepción liberal de la misma en la que la ciudadanía se definía principalmente por sus derechos individuales sin mucho interés por lo colectivo. Por el contario, la política representativa empieza a ser cuestionada y se vive como un límite que imposibilita la democracia participativa.

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Ahora sí toca

La alegría del triunfo de Syriza en las elecciones griegas se vio rápidamente truncada al conocer la composición del gobierno, porque sin mujeres no hay democracia. La ausencia de mujeres en el ejecutivo traía a la memoria de las feministas la reiterada frase, escuchada en múltiples ocasiones, de que “¡ahora no toca!”.

El temor a que la nueva política -como se ha dado en llamar- olvidara el feminismo como eje organizativo y programático llevó a decenas de feministas a apoyar el último 8 de marzo en Catalunya un manifiesto por la integración del feminismo en los procesos políticos y a las participantes de Ahora Madrid Feminismos a exhibir una pancarta con el lema: “¡Ahora, sí toca!” en la última Marcha de la Dignidad.

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Para las feministas, el ahora siempre es el momento

En los últimos tiempos miles de personas vivimos vertiginosamente pensando que ahora es el momento del cambio político. En la vorágine trabajamos activamente, embarcando nuestros cuerpos y sentimientos en una montaña rusa bajo la inmediatez de un momento que tememos no se repetirá. El desborde -referente de moda- no se limita a la ocupación de los espacios en la acción política y los formatos que los acompañan. Las sensaciones nos desbordan y un día el llanto nace de la alegría de arrebatar el Ayuntamiento de Madrid a Esperanza Aguirre y al siguiente de la tristeza de ver sometidos a compañeros y compañeras de esta pelea al escarnio público bajo las peores formas de hacer oposición. Si el miedo y la alegría han cambiado de bando y sentimos penas y gozos colectivos es porque se está logrando torcer el designio del destino individualista en el que transitábamos desde hace ya demasiados años.

Desde aquella noche de inicio de la jornada de reflexión del 20 de mayo de 2011, cuando en el andén de Sol oí por la megafonía al conductor del tren diciendo: “Iros para atrás que en los últimos vagones hay sitio ¡Venga! No seáis perezosos, que hay sitio y os espero”, supe que algo había cambiado. Frente a la competitividad y el “sálvese quien pueda” que nos estaban destrozando, el respeto, el cuidado y los afectos habían tomado la Puerta del Sol. Y, ¿por qué voy tan atrás y recuerdo esto? Porque estas características eran una clara sintomatología del sentimiento de pertenencia a la misma comunidad. La estructura resultante -y creo que una parte fundamental de lo que se ha dado en llamar el espíritu del 15M que aún queda- es la unidad. No aquella unidad derivada de la suma de sujetos y resultado de elementos mecánicos, artificiales y racionales, sino la surgida espontáneamente a partir de relaciones sociales personales y afectivas. Unas relaciones que fueron el cimiento para edificar: primero, las mareas de múltiples colores y el surgimiento de nuevos partidos; y después, las candidaturas de confluencia de las que Ahora en Común y la presentación del acto "¿Te imaginas todos juntos?" son las últimas expresiones.

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Patada al machismo

El deporte es un elemento central de la modernidad al crear la ficción de la igualdad. Teóricamente al fútbol puede acceder cualquier persona, pero en la práctica sirve para comprobar la igualdad de los iguales, pero también la discriminación de las desiguales. Observar lo que sucede en este ámbito permite dar cuenta de que, a pesar de los pequeños avances, la discriminación persiste. Un breve repaso a los acontecimientos que han precedido al mundial femenino sirve para constatar esta afirmación.

Entre el 6 junio y el 5 de julio tendrá lugar la Copa Mundial Femenina de Fútbol que disputarán veinticuatro selecciones. El torneo se celebrará en Canadá y supondrá el debut mundialista de la selección española, pero no se ven banderas en los balcones, camisetas de la selección por la calle, ni se escucha quedar a la gente en el bar para ver los partidos. Hay muy poco reconocimiento a la selección femenina cuando su mérito es inmenso. Este equipo de mujeres está haciendo historia al ser capaz de superar la fase eliminatoria y clasificarse para el Mundial, a pesar de las desfavorables condiciones en las que se practica en España este deporte.

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¿Micromachismos?

"¿Qué son los micromachismos?", le respondí a una alumna cuando me pidió opinión sobre los mismos. 

"Es un concepto que utilizó Luis Bonino para denominar conductas o comportamientos discriminatorios –como el lenguaje y los piropos, que no se ven–", me respondió.

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Pensar la violencia

Cuando el corazón duele tanto que clama venganza es mejor pensar.

Esta Semana Santa ha sido trágica, aunque este titular seguramente no saldrá en las pantallas de los televisores y sin embargo, para muchas mujeres lo ha sido. La semana empezaba con la noticia de cinco vidas segadas en 24 horas a causa de la violencia machista –en Málaga, Lérida y Gibraltar– y el  jueves otra mujer de 29 años fue asesinada a cuchilladas por su pareja en Vitoria y una más en Torreblanca (Sevilla). Y, mientras las feministas denunciaban y lloraban a sus muertas, el Ministro de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad,  Alfonso Alonso -al presentar la Macroencuesta sobre violencia de género-, se mostraba complacido porque han mejorado los datos respecto al estudio de hace cuatro años y las cifras de aquí son menores que las de otros países  de UE.

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Un 25 de noviembre contra todas las expresiones de la violencia de género

Las sociedades se reproducen simbólicamente mediante un sistema complejo de imágenes y significantes a través de los cuales se transmite una concepción determinada del mundo. Por eso no es de extrañar que, aunque la violencia contra las mujeres haya sido una constante histórica, la preocupación por la misma sea muy reciente. A diferencia del maltrato a los menores -sobre lo cual Paulo Zacchia realizó descripciones en 1626 y Auguste Ambroise Tardieu llevó a cabo importantes trabajos en 1879-, la preocupación por el maltrato hacia las mujeres no apareció hasta 1970 y de la mano del movimiento feminista.

Los cambios en el papel de las mujeres y su mayor valoración social han ido haciendo intolerables determinadas conductas masculinas y, como nombrar es politizar, esto ha tenido su reflejo en el lenguaje. Si hace varias décadas un concepto como el de “violencia de género” era impensable, hoy en día se ha convertido en uno de los significantes más utilizados en la esfera pública y en los medios de comunicación, especialmente cuando llega el 25 de noviembre.

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Las mujeres tratadas también merecen ser lloradas

Judith Butler en la Conferencia Violencia de Estado, guerra, resistencia pronunciada en Barcelona en 2010 explicaba muy bien los argumentos sensoriales que actúan sobre los sentidos y desactivan el rechazo contra las guerras. En toda guerra se distingue entre aquellas personas –y pueblos– cuyas vidas deben ser conservadas y aquellas otras cuyas vidas son prescindibles. Las primeras merecen ser lloradas, mientras las segundas no parecen merecedoras de duelo. El argumento que esta feminista maneja es transferible al fenómeno de la trata de seres humanos –esas mujeres y niñas que no parecen merecer que se sienta por ellas ningún dolor–.

Cualquier combate se produce primero en el terreno sensorial y por ello debemos referirnos a Butler este martes, Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, para batallar en el terreno sensitivo e intentar reducir nuestra indiferencia.

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