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Julio Ortega Fraile

Nacido en Vigo en 1966. Activista por los derechos de los animales. Escritor. Coordinador de la Plataforma "Manos Rojas".

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Dejad que los niños se acerquen a la violencia

"El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde". Gabriela Mistral.

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¿Quién demoniza al animalismo?

Nunca he escuchado a un misionero de un orfanato en Tanzania, ni a un oftalmólogo de Médicos Sin Fronteras desde Somalia, ni a un bombero español voluntario en Haití o Nepal, ni a un policía que se negó a participar en un desahucio aun sabiendo que lo sancionarían, quejarse por cualquier iniciativa o logro en la defensa de los derechos de los animales. Me estoy refiriendo a los animales no humanos. Tampoco a un miembro de la Marea Blanca (defensa de la Sanidad Pública), de la Marea Naranja (defensa de los Servicios Sociales), de la Marea Verde (defensa de la Educación Pública), de la PAH (defensa de los Afectados por la Hipoteca), de la Marea Roja (Desempleados en Lucha) o de Plebiscito Vinculante (Soberanía Ciudadana).

Todos los anteriores luchan dejándose tiempo, dinero, lágrimas, salud y, no pocas veces, la vida por unos principios que consideran irrenunciables. La unión de ciudadanos y su presión para alcanzar en cualquier rincón del planeta una sociedad más justa e igualitaria para las personas, erradicar la violencia, paliar las terribles consecuencias de las hambrunas, las guerras, la persecución sea cual sea el pretexto, la esclavitud, la discriminación o los efectos devastadores de un capitalismo feroz: esos mismos objetivos son un recurso en boca de quienes demonizan al Movimiento Animalista. Un recurso despreciado en sí mismo pero que se convierte en un tesoro, puntual y desechable después, cuando se trata de utilizarlo para denostar e intentar destruir lo que tanto les molesta: que se incluya a los animales no humanos. Echan mano de él aunque no les inquietan ni les quitan el sueño esas tragedias, pero necesitan apelar a ellas para seguir disfrutando de una vigilia en la que aplauden o participan de actos que implican crueldad. Al final, qué mejor arma que esa en la que, llevándose otros el riesgo de salvar vidas, se la arrogan ellos para justificar las que arrebatan sin asumir el menor peligro.

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Capotadas a la ciencia y estocadas a la decencia

Se puede despreciar muchas cosas, pero cuando la desconsideración es hacia el sufrimiento extremo de alguien, cuando la indiferencia se adereza con altanería, convirtiéndose en menosprecio, tanto en las palabras como en los actos, para con la vida de un ser tan capaz de sentir, padecer, agonizar y morir como lo es el indiferente y altanero, describe con exactitud la catadura moral de esa persona.

Decía Albert Camus que toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara o instaura el fascismo. Por analogía, si interviene en la ética y en la conducta, adoctrina en la sumisión de cualquier sentimiento de compasión o empatía en la acción que se defiende y practica, aunque dicha acción lleve implícita la vulneración de derechos básicos ajenos, la angustia psíquica y física del otro, y su muerte.

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Photoshop en los manteles para eliminar en las conciencias

No nos asustemos al contemplar la foto, por favor, y tampoco sintamos asco. Seguro que muchos de nosotros vimos la película  El hombre elefante y que a ninguno nos causaron repugnancia, rechazo y aversión las terribles deformaciones de su rostro, sino que nuestra reacción fue todo lo contrario. La imagen de este cerdo-hombre debería excitar en nosotros los mismos mecanismos: compasión, probablemente tristeza y empatía, pero sobre todo, por encima de cualquier otro, reflexión.

Hace pocas semanas  nació en China un cerdo con unos rasgos faciales fuera de lo común en su especie y lo cierto es que inquietantes. No habría servido para un anuncio de Campofrío o de Oscar Mayer con marranitos felices y sonrisa de lechón. Tampoco para ilustrar la fábula infantil de los tres cerditos ni para protagonizar la película de Universal Estudios con Babe, un chanchito valiente, astuto y taquillero. Muchos medios de comunicación lo calificaron de horripilante y monstruoso, su imagen se transformó en viral en las redes y su dueño lloró cuando el animal murió al poco tiempo de nacer. Pero no fue de pena, sus lágrimas eran de lucro cesante.

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La vida no vale nada

Pablo Milanés tituló así una de sus canciones: 'La vida no vale nada'. Desconozco si cuando la escribió también pensaba en perros como víctimas, pero de lo que estoy seguro es de que se refería a humanos como criminales cada vez que la cantaba. Y que como tú lloraba de tristeza, y que como yo se mordía los labios de rabia porque, efectivamente, hay vidas que no valen absolutamente nada y es más corto el precio por arrebatarlas que la agonía de los que la perdieron.

Ciento cincuenta segundos de terror, de espasmos y asfixia son sin duda muchísimo más largos que dos semanas y cuatro días de una condena que, además, jamás tendrá que cumplirse. El sufrimiento y la muerte en unos dos minutos y medio sí fueron reales para todos y cada uno de ellos.

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El juego de disparar, la tragedia de morir

En España no tenemos una Asociación Nacional del Rifle, como en Estados Unidos, pero sí disponemos de una Asociación Nacional del Arma, que representa mayoritariamente a cazadores, y de una Real Federación Española de Caza. En España no contamos con un Charlton Heston pero sí con un Juan Quílez Tarazona, presidente de dicha Federación. En España no se le pone un subfusil UZI en las manos a una cría en un campo de tiro pero se les hace entrega a los críos de escopetas o rifles de caza en el monte. En España no muere un instructor de tiro de un balazo accidental de su alumno en la cabeza, aquí lo hacen hijos, padres, amigos de cazadores o simples paseantes que fueron  abatidos por su “extremo parecido” con un jabalí o una liebre.

Hace muy pocos meses, el monitor de armas Charles Vacca falleció por un disparo del arma automática de su alumna, una niña de nueve años, en la galería exterior de tiro de una hamburguesería, mientras los padres de la menor grababan toda la escena. Bullets and Burgers (Balas y Hamburguesas), se anuncia como un local para celebrar la mejor fiesta de cumpleaños. En un mismo espacio y en una misma tarde, una misma criatura puede desenvolver un precioso peluche como primer regalo de su octavo aniversario, y después, como segundo, disparar unas cuantas ráfagas con una ametralladora Browning. Que nadie se asombre, y si lo hacemos mostremos coherencia, porque si aquello nos parece una aberración seamos igual de rigurosos para la versión made in Spain, más de tinto, migas y orujo en la tasca, pero con escopeta al hombro el padre y escopeta al hombro ese hijo que todavía no acabó la ESO. Ya, probablemente el chaval aquí se bebería un par de Fantas, pero seguramente la cría de Arizona se había comido su hamburguesa con Coca Cola. ¿Ven diferencia?, yo apenas. Veo mucha, mucha más, entre un cerdo salvaje y un señor que pasaba por allí.

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Cartas de Elegido y Vulcano, toros de Tordesillas

CARTA A VULCANO

Por Elvira Lindo

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Tauromaquia en las aulas: adoctrinando en la crueldad

Lo que se dé a los niños, los niños lo darán a la sociedad (Karl A. Menninger)

Son las nueve de la mañana en una clase de sexto de primaria de un colegio de Castilla-La Mancha, uno cualquiera. El profesor se dirige a sus alumnos: “Niñas, niños, hoy os tenemos preparada una sorpresa. Nos visita un hombre que va a contarnos muchas cosas acerca de su trabajo, una profesión apasionante y arriesgada que hará que más de una y uno sintáis envidia. Por favor, recibidle con un aplauso...”. Se abre la puerta y entra Juan José Padilla, o David Fandila “El Fandi” , o Julián López “El Juli” (¿qué más da el nombre si a todos ellos iguala el color rojo ajeno de sus manos?)

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Con la iglesia hemos topado, amigo cordero: la religión por encima de derechos y compasión

“A todos los que matáis en nombre de un dios, os espero en el infierno” (Lucca Capiotto)

Vaya por delante mi respeto a las diferentes creencias religiosas, y junto a él mi rechazo a toda práctica que suponga maltrato físico o emocional para un ser vivo, la imponga la fe, un gobierno, una secta o una voz que suena en nuestro interior. Aclaro también que estoy en contra de sacrificar a un ser vivo para comérselo, sea su agonía laica o piadosa.

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Caballos con cepos: una barbarie medieval en la Galicia de hoy

“Claro que en ocasiones conocemos quiénes son sus dueños pero no hay manera de demostrarlo. ¿Sabes?, a veces incluso nos miran desde lejos mientras comprobamos a los animales”.

“Nunca llevan el microchip obligatorio, así resulta casi imposible identificar a sus propietarios”.

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