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María Folguera

María Folguera es escritora, directora de escena y dramaturga. Como narradora, ha publicado la novela Los primeros días de Pompeya en Caballo de Troya (2016). Ha aparecido en las antologías 'Última temporada. Nuevos Narradores Españoles 1980-1989' (Lengua de Trapo, 2013) y 'Bajo treinta. Antología de Nueva Narrativa Española' (Salto de página, 2013) con el relato Verlaine hijo (Premio Caja Madrid 2011). Su primera obra publicada fue la novela 'Sin Juicio', Premio Arte Joven 2001, editada por Visor en 2002.  Escribe y dirige para su propia compañía de teatro las obras 'La guerra según Santa Teres'a (editada por Continta Me Tienes, 2015), 'El amor y el trabajo' (editada por Continta Me Tienes, 2012) e 'Hilo debajo del agua' (Premio Valle-Inclán, Ediciones de la Complutense 2010). Otros textos son 'Sol de Hormiguero' (Premio RNE de Radioteatro 2008) o 'El naufragio del Babilonia' (Premio Jóvenes Creadores 2004). Ha publicado el ensayo breve 'Jefas en las series españolas de las últimas décadas' en la antología 'Mujeres, sexo y televisión' (Continta Me Tienes, 2015). Colabora habitualmente con La tribu. Es licenciada en Dirección de Escena por la RESAD y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Complutense.

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He tenido una hija, pero no aguanto ni una tarde de parque

Soy una incoherente: he tenido una hija, pero no aguanto ni una tarde de parque sin mirar la hora con impaciencia. Pienso en una frase que leí en un foro de crianza: "Haberte comprado un pez de colores". Se lo espetaba una internauta a otra que contaba su agotamiento después de tres noches sin dormir. "Es cierto", valoro yo en el parque: "el pez me dejaría dormir; el pez no comería tierra solo para provocarme". El pez sería más considerado.

Mi hija tiene la conversación de un pez –cada tres segundos vuelve a mencionar el asunto "Peppa Pig coche casa", y yo, "Sí", y ella… "Peppa Pig. Coche. Casa"– pero una memoria muy diferente: recuerda muy bien qué cajones no debe abrir, qué botones no debe pulsar, qué alturas no debe escalar. Y va directa a transgredir los dictados de su memoria, mirándome de reojo.

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