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Natàlia Wuwei Climent

Kuirfeminista, activista crítica bisexual/plurisexual, no-monogamia, antipositivismo, técnicas de dominación y estructuras de poder. Licenciada en física y doctora en ingeniería.

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Es ‘sólo’ un maltrato

Durante aproximadamente tres años padecí una relación de maltrato. En realidad, fueron más de tres años, pero como era una relación invisible y está tan poco reconocido el maltrato en las relaciones que no son de pareja, que el maltrato se volvió más sutil y cuesta mucho más contabilizarlo. Bien, es más que eso, nos cuesta mucho a nosotras mismas ponerle nombre, y toda la estructura se confabula para que te sientas culpable para tan siquiera plantearte que estás siendo maltratada.

Podríamos decir que en realidad el maltrato duró seis o siete años, lo que duró toda la relación. No fue un maltrato ‘físico’, sino psicológico; pero no de esos en los que se pasan el día diciéndote que no vales nada, sino que fue más bien un maltrato que alternaba acoso con rechazo y abandono, invisibilización, control, mentiras, manipulaciones y consumo y explotación emocional. Todo esto, además, en un entorno laboral angustiante.

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Mi proceso de independencia

El proceso de independencia de Cataluña ha acaparado totalmente la palabra ‘proceso’; ahora dices ‘proceso’ y parece que no se pueda estar hablando de alguna otra cosa. Yo siempre he sido (y soy) una gran amante de los procesos: en una sociedad que está obsesionada con los resultados, las metas, o las finalidades, nos olvidamos totalmente y constantemente de los caminos y de los procesos que pasamos para llegar a todas estas metas. El proceso es importante, y la finalidad solamente es un punto situado de forma un poco borrosa al final del camino. En nuestra sociedad la finalidad no es creada con la idea de que pueda cambiar mucho (cambia algunas veces, pero no está pensada ni planteada con la idea de que cambie). Pero cuando te sensibilizas más en los procesos que en las finalidades, éstas últimas acaban siendo maleables, cambiantes, adaptadas a los propios cambios que lleva el proceso o camino en sí mismo. La forma, el camino, es importante, y marca la diferencia ideológica. Creer que el camino no es importante es también una ideología, y va muy ligada al capitalismo y a todas las estructuras que vivimos, porque resulta que cuando no te preocupas por el camino, éste acaba surgiendo como está estipulado por las normas.

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Bisexualidad: historia de un borrado

La bisexualidad (como también el resto de plurisexualidades,  orientaciones donde existe una atracción hacia más de un género) es normalmente borrada y estereotipada. El borrado o erradicación se caracteriza por la negación de la existencia de estas orientaciones, tanto de forma explícita diciendo que no existimos como de forma simbólica a través del lenguaje con expresiones que nos invisibilizan (como por ejemplo llamando a las relaciones ‘relación heterosexual’ o ‘relación lésbica’ sin tener en cuenta las orientaciones de las personas que forman parte de la relación). Otra forma de borrarnos es con expresiones como ‘todas somos bisexuales’, que niegan de forma indirecta la experiencia diferenciada a la de la monosexualidad (la heterosexualidad o la homosexualidad). Pero eso no es todo, ya que socialmente también somos consideradas promiscuas, que nunca sabemos lo que queremos y que por tanto siempre dudamos, y que somos inmaduras (entre muchos otros estereotipos).

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No soy monógama y no soy un caso de poliamor "real"

Hace relativamente poco me llamaron para ver si me podían hacer una entrevista en un programa de radio para hablar sobre no-monogamias. Bien, en realidad era para hablar de poliamor (evidentemente era el único tipo de no-monogamia que conocían) y fui yo quien intentó generalizar el tema a las no-monogamias. Y es que yo no soy poliamorosa. Intentaré primero introducirme para contextualizarme y contextualizar lo que voy a explicar.

No soy monógama, pero tampoco soy poliamorosa. Me identifico más bien con la anarquía relacional. No entraré en definir ni explicar qué es la anarquía relacional, sino que intentaré explicar qué implica esto para mí en mi vida y cómo construyo mis relaciones. Yo no doy más peso ni importancia por defecto a las relaciones "románticas y/o sexuales"; vaya, lo que normalmente llamamos "relaciones de pareja" o cosas que se puedan parecer. Los grados de importancia que doy a mis relaciones dependen mucho de cada una de ellas, las cosas que comparta o no, etc; pero para mí, porque con una persona no tenga un vínculo romántico ni sexual no hace que lo que comparta con ella tenga menos valor (pueden ser proyectos de muchos tipos, o la convivencia, o proyectos de activismo, de crianza, o simplemente quedar para hablar y filosofar, para dormir juntas y hacernos compañía y compartir afecto emocional y/o físico).

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La bisexualidad también es política

Hace poco salió  el típico estudio que decía que las mujeres bisexuales existimos gracias a la objetificación sexual que hace el hombre heterosexual sobre las mujeres 'bisexualizadas'. Esta es una forma de borrar nuestra propia orientación y sexualidad. Pero esto no es nuevo. Las personas bisexuales llevamos un siglo escuchando cosas como esta, o cosas como que los hombres bisexuales en realidad son gays que no se han atrevido a salir 'del todo' del armario.

Este 'del todo' es una metáfora que nos da una imagen de lo que significa socialmente la bisexualidad: mitad heterosexualidad y mitad homosexualidad. Esta lectura, de mitad y mitad, es la consecuencia del borrado de nuestra orientación sexual: la bisexualidad no existe, por eso es la suma de dos estados que sí que existen (uno bueno y otro malo). Y borrando la bisexualidad, detrás borramos muchas más orientaciones plurisexuales (como la pansexualidad, la polisexualidad, la skoliosexualidad, entre otras).

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Natural vs cultural, machismo y orientación sexual

A menudo en discusiones sobre feminismos (u otros tipos de activismo donde estoy implicada) por redes sociales utilizamos sin darnos cuenta expresiones que caen en el ‘primitivismo de los comportamientos machistas’ o en ‘la naturalización de la no heterosexualidad’. Por ejemplo, ¿cuántas veces habré leído cosas como ‘estos machistas son unos cavernícolas’ o bien ‘ser homosexual no se puede escoger, por favor aceptadme’? Aunque entiendo de dónde sale la necesidad de utilizar expresiones como estas, tenemos que ir con cuidado y entender qué estamos reproduciendo utilizándolas.

Por ejemplo, el hecho de llamar ‘primitivos’ a los hombre machistas hace que se naturalicen sus comportamientos, olvidándonos de que la estructura patriarcal y su propia violencia tienen un gran componente cultural y construido; haciendo esto, incluso, damos excusa para que se siga reproduciendo, ya que ‘al ser natural’ socialmente se verá como algo difícil de evitar.

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