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Rafael Reig

Soy profesor y enseño ahora en Hotel Kafka, hace años que vivo sobre todo de mi Olivetti, publicando artículos donde me dejen (y paguen algo). En Público escribí a diario desde su fundación y ahora, sobre libros, en el cultural de ABC. He publicado varias novelas, incluso por entregas en el diario 20minutos (Hazañas del capitán Carpeto), y otras como ‘Todo está perdonado’, ‘Sangre a borbotones’ o ‘Manual de Literatura para caníbales’. Vivo en Cercedilla, en la sierra de Guadarrama, y tengo una hija, Anusca, que evita leer nada escrito mí, ni siquiera mi blog personal.

A los arquitectos estrella

Allá por 2002, por encargo de Javier Azpeitia, pasé unos meses traduciendo para la editorial Lengua de Trapo el excelente libro de Mike Davis 'Ciudad de cuarzo', una historia de la ciudad de Los Ángeles que, para mí, constituyó tanto una pesadilla (por las dificultades de la traducción) como una inspiración (por el paradigma de historia interdisciplinar que permite interpretar un espacio urbano). El libro se publicó en 2003 con el eco que cabe esperar en nuestro país: un clamoroso silencio. No sé si alguien lo leyó, pero si lo hizo, mantuvo la boca bien cerrada.

Davis utiliza en esa obra todos los vectores posibles (la ingeniería hidráulica, la arquitectura, la cultura, etc.) para explicar Los Ángeles como un proceso de destrucción de la cultura obrera y popular, y en general de la conciencia de clase, para remplazarlo por esa ciudad absorta en la fama, la salud y el dinero (más algún estrambótico culto religioso), y en la que, como decía Woody Allen, cada mes de residencia te rebaja un punto el cociente de inteligencia.

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A María Concepción Torres Díaz

Se pregunta María Concepción Torres Díaz : "¿Es correcto catalogar a la violencia machista como un fenómeno?"

Respuesta: Sí, claro.

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A los lectores

Por desgracia, nunca fui amigo de Rafael Chirbes, aunque coincidí con él en un viaje a México y me deslumbró. Perdimos una conexión y tuvimos que hacer noche en un hotel del aeropuerto. A la mañana siguiente, me despertó para decirme que en su habitación había una mancha de sangre. Montó una novela perfecta con aquella gota que no sé si sería de sangre o de esmalte de uñas. Al ir a desayunar, me dijo que fuéramos a la sala VIP. Le dije que yo tenía billete de turista y, de inmediato, me invitó a tomar en una cafetería unos huevos rancheros con tequila. Era un hombre generoso con su tiempo, con su prestigio, con su inteligencia. Conmigo perdió horas tomando tequila, contándome cosas, enseñándome, dándome consejos y hablando de todo, casi siempre en la compañía, inmejorable, de Valerie Miles.

Recuerdo bien una noche en Xalapa en la que Rafael, con entusiasmo, nos decía que la novela era el campo de batalla por el imaginario colectivo. ¿A quién le vamos a dejar que construya nuestra idea de la posguerra? ¿A Cela, el que se ofrecía como delator a Franco? ¿Quién va a decirnos a todos cómo fue la Transición? ¿Hollywood? ¿Javier Marías? Ahí comprendí qué es lo que hacemos los novelistas, me sentí casi un soldado al que, por casualidad, le hubiera tocado compartir unas horas en una cantina con un general de Estado Mayor. Como novelista, ya sé que no llevo el maillot amarillo, sino que voy en el pelotón con los gregarios, pero esa noche Rafa Chirbes me hizo sentir parte de algo importante, decisivo: la lucha por el imaginario colectivo, ahí queda eso. Me veía a mí mismo como un soldado raso arengado por Nelson o por Rojo, como si estuviera a punto de entrar en combate en Trafalgar o en el Ebro, y no me importara perder, sino sólo cumplir con mi deber.

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¿A los periodistas o al barón-ministro?

Nada hay tan delator ni tan ridículo como los “sí, pero”. Estrepitoso fue el de Aznar, que hablaba catalán, sí, pero en la intimidad. Clásico es el “sí, pero” de los políticos, que sienten pasión por la lectura, pero solo en verano encuentran tiempo para leer. Irritante el de los que son republicanos, claro que sí, pero no ahora mismo, cuando le quiero regalar al rey 'Juego de tronos'. Memorable el de San Agustín, que le pedía al Señor que le hiciera casto, sí, pero todavía no, mejor en otro momento ya si eso.

Ahora nuestro barón-ministro ha intentado superar al mismísimo Aznar. Una temeridad, qué duda cabe, teniendo en cuenta las malas pulgas de aquel repeinado y musculado macho alfa que presidió España y puso los pies sobre la mesa en compañía del emperador del mundo.

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A ustedes

Dice Rajoy que estamos saliendo de la crisis, que casi hemos salido ya. Me pregunto qué significa esa primera persona del plural. ¿Lo dice por él? ¿Por él y sus amigos? ¿Por todos los españoles?

Basta echar un vistazo a la prensa para ver quiénes son los que están saliendo de la crisis.

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Al barón-ministro-rampante

La escasez de noticias provoca la prolongación hasta la náusea de las serpientes de verano: la independencia de Cataluña, la rumba como patrimonio inmaterial de la humanidad, la Universidad de Verano de Podemos y parecidas martingalas. Por eso, si quieren una lectura refrescante, les recomiendo la entrevista del ministro de Educación, Cultura y Deporte con ABC.

El matutino monárquico afirma que, para Iñigo Méndez de Vigo "la cultura es su medio natural, se encuentra como pez en el agua, cómodo y relajado", y sin duda así será, aunque utilice clichés de "ingeniero de ventas" en urbanización a las afueras como "cambiar el chip" o "no está en su ADN".

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A los europeos

Me resulta difícil entender lo que ha ocurrido en Grecia, pero la única conclusión a la que llego es que eso que pomposamente llaman “el proyecto europeo” es algo peligroso, antidemocrático, que avasalla a los débiles y protege los intereses de los poderosos, que es capaz de humillar a un país y de someterlo por la fuerza. En otras palabras: la Unión Europea es el enemigo.

Surgió de la necesidad del capitalismo europeo de crear un mercado único y no tiene otra finalidad que la defensa de los intereses de los poderosos. El poder real siempre ha estado en manos de quienes tienen los recursos productivos, pero hasta hace poco el poder políltico pertenecía a instituciones democráticas, elegidas por sufragio directo y libre. La Unión Europea trabaja para crear nuevas instituciones no democráticas, con el resultado que a la vista está: cada vez se pone más poder político en manos de personas que no han sido elegidas.

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A Podemos

El único rasgo que quizá permitiría definir a Podemos como partido de izquierdas es la aguda, rabiosa repelencia que le inspiran otros partidos de izquierdas. Nada en sus deslavazados y gaseosos programas nos permitiría situarlo en la izquierda, de no ser por su fobia histérica a las banderas rojas. Ha bastado una modesta proposición de unidad para que estos benévolos caudillos pierdan los nervios y den lo mejor de sí mismos: "cabecitas de ratón", "pitufo gruñón" y la fe mesiánica en que ellos son "los revolucionarios de verdad, no los de las banderitas y los pósters".

Aparte del anticomunismo rampante de Podemos, ¿qué es lo que les da tanta alergia en la unidad de la izquierda?

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A la izquierda

Como toda persona sensata, he sentido gran alegría ante el no griego. Ni frente a amenazas ni a pesar de presiones, si siquiera ante infames campañas de la prensa internacional (con un destacado esfuerzo para ser aún más infame por parte de nuestro infumable pero incombustible El País) se han rendido los griegos. Gracias a ellos todos en Europa hemos recuperado un poco de dignidad.

Por eso mismo me avergüenza la situación de la izquierda española. El PSOE es de derechas, por supuesto, y tiene al frente a un juvenil retrato de Dorian Gray y, dentro del armario, el envejecido original con rasgos de batracio: Felipe González. Dejemos pues al PSOE.

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A nosotros mismos

Grecia tiene razón y es quien en este momento mantiene en pie la poca, muy poca dignidad que le queda a Europa. Si Europa es capaz de gastar el dinero de todos para rescatar a la banca y deja hundirse a Grecia, Europa no merece existir. Si Europa tiene la desvergüenza de defender el pago de los intereses a una caterva de usureros por encima de la vida de los ciudadanos de Grecia, Europa debedesaparecer. Si, como dice Tsiripas, Europa confirma que quiere que haya dueños y esclavos, entonces Europa es una infamia.

Claro que, para infamias, la de la prensa española. El País aseguraba el domingo que un referéndum es “ una falsa salida. Los referendos los carga el diablo del azar y/o la pasión”.

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