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Periodismo a pesar de todo

Rafael Reig

Soy profesor y enseño ahora en Hotel Kafka, hace años que vivo sobre todo de mi Olivetti, publicando artículos donde me dejen (y paguen algo). En Público escribí a diario desde su fundación y ahora, sobre libros, en el cultural de ABC. He publicado varias novelas, incluso por entregas en el diario 20minutos (Hazañas del capitán Carpeto), y otras como ‘Todo está perdonado’, ‘Sangre a borbotones’ o ‘Manual de Literatura para caníbales’. Vivo en Cercedilla, en la sierra de Guadarrama, y tengo una hija, Anusca, que evita leer nada escrito mí, ni siquiera mi blog personal.

El sucedáneo y su mantequilla

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A mi modo de ver tiene usted razón, señor Acracio. El enemigo del PSOE siempre han sido los comunistas. Al decir“siempre”, quiero señalar que ése fue el pecado original de la transición (unode ellos): impedir que el cambio de régimen lo protagonizara la izquierda, es decir, el PCE, que era el partido que había vertebrado la lucha antifranquista.La estrategia del PSOE era, por tanto, ocupar el papel de izquierda sucedánea que le ofrecía la derecha a cambio de contribuir al ataque contra la verdadera izquierda, al mismo tiempo que renunciaba al marxismo en su XVIII congreso y se preparaba para arrimarse a los buenos (como Lázaro de Tormes) y meternos en la OTAN. Socialdemócratas, en una palabra o, como les llamaban en aquella época,unos rabanitos: rojos por fuera, blancos por dentro y siempre lo más cerca posible de la mantequilla.

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Patrimonio del alma

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También me ha interesado mucho el excelente artículo de Raúl Gay que comenta, aunque estoy de acuerdo con usted, señor oseñora Lamotta: a mí lo que dice el tal Pinker me parece algo esotérico, pero sobre todo irrelevante. Decir que alguien puede quitar la vida a otro siempre que no haya alma, o “animación”, como él dice; y afirmar que es sólo esa “animación” lo que obliga a respetar la vida de otro, me parece una salida de pata de banco, porque entonces, según la ocurrencia de Pinker, un adulto, pongamos un electricista de cincuenta años que se encuentre en estado vegetativo, tampoco sería una persona, y su falta de “animación” permitiría acabar con su vida sin demasiado respeto. ¿Y quién es el único titular del derecho a decidir sobre la vida de ese electricista de cincuenta años? Pues su madre, naturalmente, no faltaba más, ya que, como dice usted, "la decisión debe pasar (y pasará) por la madre".

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Ese capitalismo evangélico

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Como un Robin Hood hasta las trancas de ácido lisérgico, el Gobierno, en su sabiduría y bondad, decidió vaciar nuestros bolsillos para agenciarle a Bankia una ayudita de más de 22.000 millones. Mientras tanto, el número de parados y desahuciados seguía aumentando a diario. Puede parecer un dislate, un delito de lesa humanidad o simplemente una conducta criminal, pero no es más que otro ejemplo de lo que en economía (capitalista) se conoce como el Efecto Mateo: “Pues al que tiene se le dará, y andará sobrado; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” (Mateo 13, 12).Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

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Defensa propia

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Lo chiripitifláutico de las reglas siempre son las excepciones: “salvo que las circunstancias me lo impongan”. 

Como en el artículo hablábamos de la monarquía, me parece que se aplica la excepción, ¿no? El rey y su familia no sólo se nos imponen, sino que además tenemos que pagarlos de nuestro bolsillo (que no es pequeña imposición).

En el mismo capítulo de excepciones podríamos incluir: la iglesia católica, los banqueros, los empresarios, los andaluces chistosos, la estomagante prensa española, la legislación laboral, la selección nacional de cualquier deporte, los automóviles, los tertulianos, los edificios emblemáticos… en fin, cuento y no acabo.

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Servidumbre voluntaria

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Creo entender bien lo que usted dice, Marcx, pero comprendo mejor lo que dice el señor Chapitel. A mí modo de ver, no podemos dejar que nos distraigan tanto. Para empezar a no ser súbditos deberíamos comportarnos como si ya fuéramos libres. ¿Ha visto usted los miramientos y las genuflexiones que el PSOE le dedica al rey? Empecemos por exigirle eso a los políticos, pero no sólo a ellos. Que el ABC haga el gasto de mayúsculas que estime necesario, pero este periódico ¿por qué le concede el beneficio de una mayúscula al rey? No me parece indispensable (al menos de momento) instalar una guillotina en la Puerta del Sol: bastaría con perderles el respeto. A quienes dicen representarnos hay que preguntarles por qué acuden a desfiles militares presididos por el rey, por qué se preocupan tanto por su rodilla y en nombre de quién agachan la cabeza ante él. Y como diría Antonio Orejudo: exijámosles a los políticos que no se dejen tutear jamás por ese individuo o que le respondan tratándole también de tú.

¿Tiene negocios el rey, utiliza su cargo y los medios que ponemos a su disposición para hacer dinero que además se lleva a Suiza? No lo sé, pero ¿quién tiene autoridad moral para preguntárselo? ¿El PSOE, donde todos se hacen consejeros de empresas en cuanto pueden? Aquel famoso ministro de Justicia, el banal y venatorio Bermejo, por ejemplo, ¿es la persona indicada para denunciar las cacerías del rey?

Del PP, por supuesto, mejor ni hablar. Si por ellos fuera, a juzgar por sus modales y por la boda que organizó Aznar en El Escorial, tampoco son partidarios de tener un rey: estarían más a gusto con un emperador. Sin complejos.

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La España bajo tierra

En cierto sentido siempre hay partes de nuestra vida en las que tenemos que pasar a la clandestinidad. Toda pasión que merezca tal nombre, por ejemplo, es clandestina, necesita ser protegida y nos exige (o nos ofrece) un nombre de guerra, una identidad ficticia y mensajes en clave que no puedan ser interceptados.

Sin embargo, no nos pongamos tan estupendos. Para mí, como para cualquier español del último tramo del siglo pasado, la clandestinidad por antonomasia es el antifranquismo.

Retrato de Gabriel Celaya. Alberto Schommer

Retrato de Gabriel Celaya. Alberto Schommer

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Una lejana provincia

Tiene usted toda la razón, pero a mí me recuerda más a Cuéntame y a aquellos tiempos en los que nunca era muy nítida la diferencia entre pecados y delitos.

Antes, en mi remota infancia, cuando los zapatos Gorila y los sobres con soldados de plástico, aún quedaban en España provincias dejadas de la mano de Dios, y cuando alguien de buena familia daba un mal paso o cometía un desmán se le enviaba una temporada con unos parientes al páramo leonés o a un aislado cortijo andaluz.  Niñas de casa bien grávidas por causa de un chisgarabís o viceversa, señoritos que dejaban en estado a la chacha; coroneles de intendencia que habían cometido un desfalco, magistrados que le cogían cariño a un gitanillo y hasta le habían regalado una Bultaco en premio a sus amabilidades, sin olvidar a las inevitables adúlteras de mirada tórrida que poblaban la imaginación de los más pequeños (soñábamos sin parar con mujeres que no fueran trigo limpio aunque llevaran combinación).

Bastaba una temporada de retiro, oraciones, pollos de corral y jerséis de lana para que el réprobo purgara sus culpas y, cuando se había olvidado todo, volvía con mucho mejor color y los gestos trémulos del arrepentido.

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Santas reliquias inmobiliarias

Lugares abandonados. Luipermom

Lugares abandonados. Luipermom

En la costa del levante hay cientos de esqueletos de edificios cuya construcción quedó interrumpida de un día para otro al estallar la crisis del ladrillo. A veces parecen costillares de ballenas varadas; a veces recuerdan, al caer la tarde, el galeón que encontraron en tierra firme, muy lejos del mar, aquellos fundadores de Macondo.

Yo no dudo de que estas reliquias se convertirán un día en iglesias.

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La corona y el Gobierno en el diván de Freud

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Todos sabemos ya que ni el rey ni el presidente del Gobierno mandan gran cosa: están a las órdenes de los que tienen de verdad el poder.

Eso no quiere decir que no cumplan una función de vital importancia, en mi opinión: la función representativa.

La economía psíquica de nuestro sistema político requiere que el Ego ciudadano aprenda a sobrevivir situado entre las exigencias del Id coronado y el Superego gubernamental.

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Sombras en la caverna

'Tras el telón' Cora Cruz Arias

'Tras el telón' Cora Cruz Arias

Las obras de Shakespeare siempre se ha insinuado que las escribió Marlowe.

Como decía Woody Allen: vale, de acuerdo, me han convencido, pero ¿quién escribió entonces las obras de Marlowe? ¿Shakespeare? ¿Francis Bacon? ¿Un tipo de Segovia que pasaba por allí y aprendió inglés con el método Ollendorf?

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