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Rafael Reig

Soy profesor y enseño ahora en Hotel Kafka, hace años que vivo sobre todo de mi Olivetti, publicando artículos donde me dejen (y paguen algo). En Público escribí a diario desde su fundación y ahora, sobre libros, en el cultural de ABC. He publicado varias novelas, incluso por entregas en el diario 20minutos (Hazañas del capitán Carpeto), y otras como ‘Todo está perdonado’, ‘Sangre a borbotones’ o ‘Manual de Literatura para caníbales’. Vivo en Cercedilla, en la sierra de Guadarrama, y tengo una hija, Anusca, que evita leer nada escrito mí, ni siquiera mi blog personal.

Al ministro del Interior

Su salida de pata de banco, al pedir a quien critique sus expulsiones en caliente de inmigrantes que le dé su dirección y se los envía, ya ha sido con razón criticada. Debería dimitir, porque esa sandez de patio de colegio no es tolerable en un adulto, ni siquiera con el margen extra de tolerancia a la estupidez que es necesario conceder a los ministros. Es usted el responsable, no quien le critica. Hasta los novelistas, pese a nuestra merecida fama de fatuos y engreídos, nos sonrojaríamos si respondiéramos a una crítica diciendo: pues escribe tú la novela, a ver qué tal, ya que tanto criticas.

Puestos a responder como un crío, quizá habría quedado más airoso con el que me imagino que sería su plan B: a mí eso tú no me lo dices en la calle.

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A Antón Losada

Por higiene, siempre he intentado apartar de mí la tentación de creer que sé lo que quiere "la gente". Cada vez que alguien afirma: lo que quiere, o espera, o desea, o necesita… la gente, amartillo mi pistola, porque no me creo ni una palabra. De joven (¿como todos los jóvenes?) también pensaba que todo el mundo, la gente, quería (esperaba, deseaba, necesitaba) lo mismo que yo, aunque en voz alta o incluso a gritos dijeran lo contrario.

Descubrir que hay gente distinta a mí ha sido, en mi vida gris y hogareña, una aventura; aprender a quererla, una epopeya. Hay un hecho curioso en la novela de Cervantes: que don Quijote y Sancho Panza se pasan cientos de páginas charlando. Ésa es quizá la novedad más radical de la obra, porque a principios del XVII, ¿quién iba a pensar que un hidalguillo y un destripaterrones tendrían tantas cosas que decirse? Juntos no descubrieron paisajes nuevos ni reinos encantados, sino la sorpresa mayúscula de descubrirse el uno al otro, de ser capaces de escucharse.

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A Rafael Mayoral

Apenas doy crédito a lo que he leído que ha dicho: “Se está poniendo en cuestión nuestro proyecto. Queremos que la gente exprese su apoyo al proyecto Podemos”.

Por consiguiente convocan una manifestación o, en palabras de este diario: “una demostración de fuerza en la calle”.

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Al subversivo Wert

Que imponga usted una asignatura llamada Iniciación a la Actividad Emprendedora es una desvergüenza casi delictiva. Que quiera que se hagan cargo de ella los profesores de Filosofía quizá sea la única esperanza de corregir semejante disparate. Le propongo que lo hagan también los de Matemáticas.

Al parecer usted cree que España debe ser un país de emprendedores, o en otras palabras, de capitalistas y empresarios. Allá usted. El artículo primero de la Constitución Española de 1931 decía: “España es una República democrática de trabajadores de toda clase”. Usted prefiere una monarquía (corrupta) de emprendedores de toda clase. Según dice, eso crearía riqueza y empleo.

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Al señor Monago

Usted insiste en que todo es “un montaje”. Admito que soy incapaz de entender qué significa eso. ¿Que no hizo los viajes? ¿Que sí eran de trabajo? ¿Que los pagó usted de su bolsillo? ¿O simplemente que todo esto se ha destapado porque a alguien le ha interesado fastidiarle a usted? Si se refiere a esto último, estoy dispuesto a creerlo, pero no cambia nada. Las preguntas siguen siendo las mismas y no las ha respondido: ¿hizo esos viajes? ¿Eran de trabajo? ¿Los pagó con dinero de su bolsillo o del nuestro? El motivo por el que se haya destapado bien puede ser espúreo, interesado o vengativo, qué más da: lo único que importa es si es o no verdad.

En cambio entiendo de sobra que, cuando usted dice  “quien me ataca a mí, ataca a Extremadura”, se conduce como un déspota y le hace sospechoso de cualquier desmán. Franco también pensaba que ser antifranquista era ser antiespañol.
Usted no es Extremadura, por suerte para Extremadura. Pero si usted está convencido de que es Extremadura, ¿por qué no iba a usar dinero público para sus gastos? Al fin y al cabo, se trata de tener contenta a Extremadura y el dinero empleado en su propio beneficio no sería más que dinero entregado a Extremadura, ¿no?

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Al novelista Martin Amis

No he leído su última novela, The Zone of Interest, señor Amis. De hecho, admito que no he leído ninguna de sus novelas, aunque he empezado dos o tres y me he rendido antes de llegar a la mitad. Dinero, en particular, me pareció aburrida y trivial, y para entendernos, hecha de la misma materia que las series de la tele: dirigida a adolescentes consentidos de más de treinta años.

Me parece que Paula Corroto sitúa su obra en la perspectiva correcta: como parte de la “burbuja literaria” de los años ochenta y noventa, que estalló a partir de la quiebra de Lehman Brothers. Un fenómeno de mercado (no literario) que se caracterizó por la sobrevaloración de los activos (con la consiguiente inflamación de los anticipos) y por la comercialización de productos financieros que empaquetaban bonos basura mezclados con activos de algún valor, y los endosaban a otros mercados nacionales con la correspondiente etiqueta: una generación literaria que nadie se podía perder. El marketing y la cosmética eran la principal herramienta de persuasión: autores atractivos, con don de gentes y el guardarropa adecuado. Quizá esos escandalosos gastos que usted realizó en endodoncia se entiendan mejor en esta perspectiva, lo que le permitiría desgravarlos como “gastos para producir ingresos”.

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A Rafael Escudero

Querido amigo, si tú dices que “ solo saliéndonos de este marco constitucional será posible reparar integralmente a las víctimas del franquismo y terminar con la impunidad y la herencia de la dictadura”, no hay duda de que tienes razón. Basta leer tu Modelos de democracia en España 1931 y 1978 para comprobar que sabes de lo que hablas.

Me sorprende, empero, que te sumes al uso de la etiqueta que habla del “Régimen de 1978”. ¿Cuándo se ha producido aquí un cambio de Régimen? A mí modo de ver, la II Restauración borbónica de 1975 no es más que una puesta al día de la primera, la que en 1874 llevó a cabo Cánovas. Con el mismo resultado, claro está: partidos turnantes, corrupción y caciquismo y como menú de la casa un sistema oligárquico servido en vajilla democrática. Como en el XIX, la clave de bóveda de la Restauración del XX fue la expulsión de la clase trabajadora de la política, llevada a cabo mediante la desactivación de la izquierda, es decir el PCE, el único partido que contaba con el patrimonio de la oposición a la dictadura. Para ello, como es natural, se eliminó la lucha de clases (y se volvió a hablar de generaciones), el PSOE renunció al marxismo y el PCE al leninismo, y la Transición se presentó como una opción entre dictadura o democracia, y no entre izquierda o derecha.

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A los partidos políticos

Cuanto más se rasgan las vestiduras y más prometen luchar contra la corrupción, más corruptos aparecen en los partidos españoles. Hasta tal punto que uno piensa que quizá no sean cínicos, sino sólo tan ingenuos como aquella famosa paloma que aleteaba en la Crítica de la razón pura de Kant. La paloma imaginaba que volaría si no tuviera que enfrentarse a la resistencia del aire, pero no se daba cuenta de que, en el vacío, no podría levantar el vuelo.

La lucha que los propios partidos emprenden contra la corrupción es inútil y hasta un poco ridícula. Lo cierto es que adoran la corrupción y que la posibilidad de corromperse es el verdadero atractivo para ocupar cargos políticos. ¿Nacionalismo catalán? ¿Democracia? Eso son palabras: lo que de verdad cuenta es sentarse a la mesa de los poderosos.

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Ficción y drama

Tan hasta la coronilla del nacionalismo español como del catalán, me puse a leer La sombra de Suárez, el interesante libro póstumo de Eduardo Navarro, que una vez dijo: "Mi destino será siempre haber escrito con un pseudónimo que se llama Adolfo Suárez".

Así las cosas, no sabemos quién escribió  aquellas palabras que pronunció Suárez en 1976, cuando aseguró que pretendía "elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal; quitarle dramatismo y ficción a la política por medio de unas elecciones"

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Al Rey Nuestro Señor

El Día de la Raza, de la Hispanidad, del Volkgeist Ibérico, de la Virgen del Pilar, de la Lengua y el Imperio o de como rayos se llame ahora, esa ridícula fiesta con himnos, desfiles, banderas, reyes, uniformes militares y hasta la cabra de la Legión, tomé la precaución de refugiarme en Toulouse, una de las capitales del exilio republicano español, en compañía de varios escritores, entre ellos Lorenzo Lunar, cubano de Santa Clara, lo que hizo irremediable que se hablara de Cuba. Surgió, como suele suceder también, el asunto de internet en Cuba. Hubo que recordar que es Estados Unidos quien limita el acceso de Cuba a internet. Parece mentira que eso no se diga casi nunca, sobre todo en la prensa española que mantiene blogs contrarios a la revolución.

Es Estados Unidos quien controla el acceso y, en el caso de Cuba, a un país entero se le autoriza a menos capacidad que a cualquier empresa norteamericana de tamaño medio. Ahí salió la palabra “bloqueo” o “embargo”, y fue triste que a muchos hubiera que explicarles cuáles son las condiciones de acoso a las que ha sabido resistir la revolución cubana.

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