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Rafael Reig

Soy profesor y enseño ahora en Hotel Kafka, hace años que vivo sobre todo de mi Olivetti, publicando artículos donde me dejen (y paguen algo). En Público escribí a diario desde su fundación y ahora, sobre libros, en el cultural de ABC. He publicado varias novelas, incluso por entregas en el diario 20minutos (Hazañas del capitán Carpeto), y otras como ‘Todo está perdonado’, ‘Sangre a borbotones’ o ‘Manual de Literatura para caníbales’. Vivo en Cercedilla, en la sierra de Guadarrama, y tengo una hija, Anusca, que evita leer nada escrito mí, ni siquiera mi blog personal.

A Esperanza Aguirre

Dice usted, señora Aguirre, que sus principios son: “la libertad, la vida, la propiedad, el imperio de la ley y el orgullo de ser españoles”. Menudo galimatías y qué ganas de mezclar churras con merinas. ¿Cómo va a ser un principio el orgullo, sea con motivo de ser españoles, con motivo de ser de Calatayud o con motivo de ser protésico dental? Con un principio tan disparatado cuesta imaginar dónde se puede terminar.

Es difícil en cambio no ser partidario de la libertad, lo admito, en especial de la propia, ¿verdad? Cuando se trata de la libertad de los demás, ya es harina de otro costal y resulta mucho más fácil comprender que pueda limitarse. En estilo rústico, para que usted me entienda: a mí me gustaría tener la libertad de vivir en una casa como la suya, por ejemplo, pero no la tengo, porque no puedo pagarla. ¿Dónde queda la libertad de quienes han sido desahuciados? ¿Quién tiene libertad para operarse en una clínica privada? ¿Habla usted sólo de la libertad que cada uno se pueda pagar en esta sociedad injusta y explotadora?

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A Albert Rivera

Se queja usted, señor Rivera, de que el PSOE no quiere pactar con el PP y de que el PP no quiere pactar con el PSOE. Afirma que “así no se puede. Hay que actuar con gafas del siglo XXI”.

Me pregunto qué demonios serán las gafas del siglo XXI y, cuanto más leo lo que dice, más me convenzo que son las mismas gafas que utiliza Podemos, y no son de este siglo, sino del pasado; ya que vienen directamente de Gonzalo Fernández de la Mora y su muy célebre (aunque no tan leído) ensayo titulado El crepúsculo de las ideologías. Ni izquierdas ni derechas, transversalidad, desinterés por la política y los partidos (a los que usted llama “marcas”), la chiripitifláutica “centralidad del tablero político”, etc.

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A Susana Díaz

Lo del PSOE no tiene explicación racional; quizá haya que buscarla en el ámbito de lo sobrenatural, de lo teológico o de lo metereológico.

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A Mariano Rajoy

Estoy firmemente convencido de que una sociedad, un país, no se mide por sus premios Nobel, por sus Oscar, por sus medallas olímpicas o por sus grandes genios. El único valor de una sociedad es su cimiento, no las cúpulas sobresalientes. Y creo que el único cimiento moral capaz de sostenernos es el trato que damos a los más desprotegidos. Miremos para abajo y no para arriba. Lo único que nos da entidad es cómo garantizamos que reciban apoyo quienes más lo necesitan, los parados, los discapacitados, las personas dependientes, los presos, los pobres, los ancianos, los inmigrantes.

Señor Rajoy, ¿hacia dónde mira usted? Me da la impresión de que va con la cabeza muy alta y ha perdido de vista a los que más ayuda necesitan. No es el único, ya lo sé, pero es el que ahora se rasga cínicamente las vestiduras por la muerte de 700 personas, después de haber impedido rescates en el mar para evitar “el efecto llamada”. ¿Qué rayos es ese efecto? ¿Qué importancia tiene semejante efecto frente a la vida de una sola persona, no digamos ya de 700? ¿Cómo puede defender la libre circulación de los capitales y en cambio poner trabas a la inmigración? ¿Que entonces se vendrían todos a Europa? Bueno ¿y qué? Tienen el mismo derecho que nosotros a vivir aquí, ¿no le parece?

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Al censo electoral

Los de Podemos aseguran que González y Aznar se parecen más que nadie en España, dos gotas de agua. Los del PP dicen que Pablo Iglesias se parece a González. Rajoy afirma que su partido es el de “los seres humanos normales”, mientras que al resto les apoyan mutantes, superdotados y en general individuos excepcionales. Podemos dice que son "la gente". ¿Se han vuelto todos locos? ¿O ya lo estaban, venían así de casa?

Debajo de toda esta cháchara parece haber como único suelo un axioma en el que se diría que creen con la fe del carbonero: que votamos a quien se parezca a nosotros. A mí me da que eso es tan falso como suponer que sólo nos gustan las películas protagonizadas por tipos que se nos parezcan. Por mucho que nos pueda gustar López Vázquez o Rafaela Aparicio, en general preferimos que los protagonistas sean como Brad Pitt o Angelina Jolie.

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A las redacciones de los periódicos

A finales de este mes se harán públicos los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), que se considera el indicador más fiable del paro en nuestro país.

Entonces veremos, pero mientras tanto lo que se ha dado conocer ahora son los datos de afiliación a la Seguridad Social, que a mí me han parecido penosos, a pesar de las alharacas con las que los ha difundido el Ministerio y que los dóciles medios de comunicación han aceptado apenas sin discusión. Un ejemplo, este diario afirma que "la economía creó 160.570 empleos en marzo". Más patriótico, El País habla en su titular de que “ España crea 160.000 empleos en el mejor marzo de su historia"

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A los periodistas

Por supuesto que ignoro si el copiloto, de cuyo nombre no quiero acordarme, causó el terrible accidente de avión. De ser así, ¿por qué querría nadie suicidarse de esa forma, pudiendo hacerlo a solas en su domicilio? Sólo se me ocurre una razón: el deseo de convertir su muerte en algo de fama mundial. Siempre habrá quien, una vez decidido a liquidarse, prefiera hacerlo convertido en acontecimiento universal, antes que hacerlo en discreta soledad. ¿Aunque para ello tenga que causar la muerte de más de cien personas? En ese caso nos encontramos ante un caso extremo de una patología conocida como erostratismo, que la Academia define como “manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir renombre”.

Como se sabe, Eróstrato fue un efesio que en el 356 a. de C. incendió el templo de Artemisa (o Diana) sólo para hacerse famoso, como él mismo admitió. Con muy buen juicio, Artajerjes prohibió, bajo pena de la vida, repetir su nombre, lo que no impidió que haya quedado registrado en la historia. Hasta Cervantes le recordó en el Quijote: “ lo que cuentan de aquel pastor, que puso fuego y abrasó el templo famoso de Diana, contado por una de las siete maravillas del mundo, sólo porque quedase vivo su nombre en los siglos venideros; y aunque se mandó que nadie le nombrase ni hiciese por palabra o por escrito mención de su nombre, porque no consiguiese el fin de su deseo, todavía se supo que se llamaba Eróstrato”. Por lo menos la intención fue buena, a mi parecer.

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A los votantes

Es norma que las elecciones vayan precedidas de una jornada de reflexión, cuando todos sabemos que la única reflexión se produce hoy, el día después, cuando ya no tiene remedio. O sí. ¿Vamos a dejar que desaparezca la izquierda también en el panorama nacional? Sin duda IU ha hecho méritos más que suficientes para que le den su merecido, pero ¿podemos permitirnos un parlamento nacional sin una sola voz de izquierdas? Por mi parte creo que no y no me apetece vivir en un país en el que la única izquierda concebible sea el populismo de derechas de Podemos o el del PSOE.

Ahora tenemos una bisagra y una cuña. Podemos se coloca en el quicio como bisagra para subastar sus votos, mientras que Ciudadanos se ha convertido en lo que estaba destinado a ser: la cuña capaz de fragmentar el voto de al PP. Hasta ahora, nada había funcionado y el PP, tan ecuménico, no perdía un solo voto, desde el de los nazis al de los liberales elegantes con un MBA. A partir de ahora, el PP tendrá que entenderse con Ciudadanos y el PSOE con Podemos. En otras palabras: los señoritos de siempre se llevan al parlamento cada uno a su querida.

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A los andaluces

Como afirma Gonzalo Cortizo, “ las [elecciones] andaluzas son, en definitiva, un gran ensayo de lo que está por venir”.

Estoy de acuerdo, en el resto del país vemos estos comicios como un termómetro o al menos como meter un pie en la piscina para comprobar la temperatura del agua antes de saltar.

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A Brigitte Vasallo

Doña Brigitte, no sé de qué está hablando cuando afirma que “ la islamofobia es el antijudaísmo del siglo XXI”. En el artículo se asegura que “en cuanto a la sensación imperante en la sociedad occidental de que el Islam es una religión que restringe las libertades de las mujeres, Vasallo la rechaza de manera tajante”, y al parecer usted lo explica con la siguiente frase vacía: "Depende mucho de las interpretaciones que se hagan. Nosotros tenemos esa imagen del Islam porque la islamofobia se está colando por todos los sitios".

A ver si lo entiendo: la culpa de la situación de las mujeres en aquellos países islámicos donde se restringen de hecho las libertades de las mujeres (y no es una “sensación imperante”, sino una realidad legal), y además se hace en nombre de la sharia o ley islámica, no es del Islam, qué va, hasta ahí podíamos llegar: es precisamente de esa islamofobia que sufrimos tantos occidentales y que se cuela por todos los sitios. Vaya por Dios. Que en algunos países islámicos haya leyes que condenen el adulterio (incluso con la lapidación) o que impidan conducir a las mujeres o que las obliguen a llevar velo… ¿es culpa de los malvados occidentales? ¿Es una “imagen del Islam”, pero la realidad es distinta? La poligamia, el derecho a repudiar a la mujer, el burka, el que las mujeres no puedan conducir, ¿son grandes conquistas de la igualdad, aunque nadie se dé cuenta (sobre todo las que lo sufren)?

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