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Periodismo a pesar de todo

Suso de Toro

Suso de Toro Santos, licenciado en Geografía e Historia en la Universidad de Santiago de Compostela, es autor de Otra idea de España y Siete palabras, entre otras novelas. Su obra Trece campanadas ha sido llevada al cine. Ha obtenido el Premio Nacional de Narrativa en el año 2003.

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Sí que hay quien manda

Para comprender la democracia española lo mejor es no dedicarse a hacer filología jurídica sobre la Constitución y las leyes en general, dejarse de tonterías y aceptar la evidencia de que se basó en un pacto entre el rey y los dos grandes partidos estatales. Esta etapa histórica que hemos vivido no es igual que la Restauración borbónica en el tiempo de Alfonso XII aunque nos la recuerda. Pero todas las encuestas indican una crisis del bipartidismo que todavía sostiene esto, ¿será que entró en crisis este sistema político?

Los dos principales partidos pierden apoyos que se van para otro en su mismo campo ideológico, del PP hacia UPyD y del PSOE hacia IU. Lógicamente estarán preocupadísimos y esa preocupación va a estar condicionando las decisiones políticas que tomen; sin embargo, lo niegan, o se lo niegan a sí mismos. Dicen creer que el desapego y rechazo ciudadano es coyuntural, y que en un año o dos y llegada la hora de unas elecciones serias y con la cabeza fría, la gente recapacitará y volverá a casa, como el turrón por Navidad. Puede ser o puede que no. Lo más lógico es pensar que si las grandes crisis económicas desencadenaron casi siempre serias crisis políticas, lo más probable es que lo que estamos viviendo y lo que viviremos en los próximos dos años sea una crisis del sistema de esta segunda Restauración.

Lo curioso del caso es que puede ser que debido a la diversidad nacional que encierra España el único modo posible de que exista un Estado, parlamentario, es con un sistema así. O bien ensayar otro modelo de Estado, cosa difícil.

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La Meseta también se va

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La vida no es ordenada y las cosas vienen siempre como vienen, se amontonan. Y así está España, devastándose socialmente por una crisis financiera y unas políticas antisociales y, al tiempo, con una regresión hacia el franquismo en aspectos como la educación o el derecho de la mujer sobre su cuerpo. Es curioso que reformas tan reaccionarias e integristas las ejecuten dos ministros que antes de serlo eran presentados como modernos, liberales y alguna otra cosa. Para que se fíe uno de las empresas de comunicación.

Pero, como todo eso es poca cosa, España ha perdido su soberanía económica, que lo es todo, atada y arrastrada por el capital financiero y concretamente la banca alemana. Ya no hay Gobierno que decida una política económica, sólo decide a quién le va a hacer daño con cada medida. En realidad, siempre a los mismos. Ya que no hay Gobierno, realmente es coherente lo que hace el presidente del Gobierno, esconderse de la ciudadanía en su cueva.

Pero la cosa no acaba ahí, la sociedad catalana vive un momento soberanista y quiere decidir su futuro; Euskadi va a plantear de modo inmediato también su demanda de soberanía. Y es entonces cuando en la Meseta, Madrid y las dos Castillas, se extiende también la demanda de soberanía: el 56,5% de los madrileños cuestiona el Estado actual, y en ambas Castillas se dan unas cifras semejantes aunque algo menores. La Meseta también se va de esta España pero se van con lo que son hoy sus playas: en Valencia también hay una mayoría semejante de opinión.

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... Y luego pactamos

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Salvo en un caso de destrucción creado por una guerra, las sociedades, como todos los seres vivos, buscan su autoconservación y por eso escapan de la incertidumbre y temen al caos. Caos que algunos creen ser partero de nuevos mundos mejores. Las revoluciones políticas habidas, sea la francesa, soviética, china..., triunfaron merced a desarrollarse en medio de una guerra entre naciones.

La revolución, que es una guerra civil, solo triunfa en medio de una guerra internacional, sea ésta un conflicto entre potencias o una guerra de liberación antiimperialista. Las sociedades son conservadoras, si pueden conseguir una reforma de lo que existe no apostarán por una ruptura. Del mismo modo que los enfermos prefieren curar sus males con medicinas antes de entrar en un quirófano a cuerpo abierto. Tememos justamente ver nuestro cuerpo abierto y las vísceras al aire.

Si concluimos que los países evitan las revoluciones salvo en un trance de vida o muerte, podremos acercarnos a comprender, aunque nos siga resultando chocante, que la ciudadanía islandesa opte por que vuelvan a gobernar los partidos que la condujeron al desastre. Aceptemos que ésa sea la interpretación del resultado de estas últimas elecciones, la Islandia que hemos mitificado hace unos meses, “un país rebelde a las consignas del capital internacional, etc.”, votó nuevamente a la misma derecha de antes. No, no existen los países revolucionarios.

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Aceptar "lo posible" fue un negocio desastroso

Lo que vive la sociedad, lo que vivimos en nuestros trabajos, en nuestro paro, en nuestros servicios públicos, en nuestros derechos... Son unas presiones tan graves que casi no parece serio detenerse a considerar los problemas de algún partido político. Están tan desprestigiados los partidos, especialmente en la izquierda, que han perdido totalmente su carácter de referencia única y aún de mera referencia. Las ganas son de mandarlos a paseo sin más. Y eso sería caer en una trampa, eso pretenden los poderes que sajan con bisturí a la sociedad.

Al PP no le preocupa el desprestigio de la política y los políticos, sabe que en la sociedad española la derecha es muy militante, y aunque acuse el desgaste siempre conservará un suelo cómodo para resistir y reaccionar luego. La experiencia demostró una y otra vez que en España si un partido presenta a un candidato convicto y preso por graves delitos habrá mucha gente que lo vote igualmente.

Pesa más el sectarismo que la moral. Especialmente en la derecha, si se demostrase que hace tiempo Rajoy hubiera desaparecido, bien por motivos biológicos, bien porque fue abducido por marcianos, bien porque fue arrancado de entre nosotros por un carro de fuego que se lo llevó al cielo, y que su imagen en las pantallas solo fuese un croma, muchos de sus seguidores seguirían aceptándolo como su líder. Votarían a una imagen en las pantallas.

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Bendito escrache

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Integrantes de Stop Desahucios Bizkaia en un escrache contra el PP en la sede de este partido en Bilbao. / Efe

Que no, que no tiene razón Cospedal. Es evidente que aquí lo más cercano a los nazis estuvo en el franquismo y desde su fundación lo que haya de franquismo está prácticamente todo en su partido. Por tanto, que la secretaria del PP llame “nazis” a las personas que se enfrentan a sus políticas es disparatar, decirlo todo al revés. Si no fuese porque lo hace conscientemente para calumniar a la Plataforma contra los desahucios, sería cómico que los herederos políticos del franquismo los acusen de franquistas.

Naturalmente, ella sabe que dice un disparate, pero les da igual precisamente porque la mentira es parte fundamental de la cultura política del franquismo, así que mentir les resulta normal. Y han comprobado que es impune, no les supone costes penales ni tampoco electorales. De la impunidad es de lo que se trata. Hubo algún ministro de Gobierno socialista que dimitió por salir en una foto de cacería, pero es evidente que los ministros y ministras de esta derecha por barbaridades que hagan se ríen de la pájara pinta y, por otro lado, se consideran intocables por pertenecer a una élite social.

No es ninguna tontería eso que dicen de “la gente normal”, “la gente como Dios manda”, “las personas normales”... Realmente piensan así, y así se refieren a si mismos: consideran que son de una raza aparte. Una raza a la que no le pega la policía ni la acusa el fiscal; eso es para la chusma. La gente de esa raza sí puede perseguir hasta la casa de sus padres en su pueblo a una ministra que preparó la ley de interrupción del embarazo vigente, o gritarle a las mujeres que ingresan en una clínica para hacer algo tan penoso en varios sentidos como es abortar. Pero no puede estar expuesta, en cambio, a que les griten a la puerta del Congreso. Por eso lo blindaron a la gente, o en su domicilio. Y entonces les llaman “nazis” a quienes protestan, a quienes, pecado, los señalan con el dedo.

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Las mentiras que nos envuelven

Cada semana, cada día un vértigo. ¿Qué ocurrirá hoy, qué nueva desgracia, qué nueva miseria se desvelará? La realidad virtual en la que hemos vivido décadas se cae a cachos de podrida y no hay pilares que la sostengan. Tampoco hay columnas que la retraten, haría falta toda una serie de televisión con medios que contasen el entramado de corrupción, poderes económicos, monarquía, judicatura, partidos...Las únicas series que produjeron las cadenas de televisión españolas son simplemente cómplices de la gran mentira en la que hemos vivido. Una excepción es la serie "Crematorio" basada en una novela del escritor Rafael Chirbes que narra con solvencia la corrupción urbanística y política en el Mediterráneo español. Haría falta el talento, el pulso y el valor de un escritor de novela negra que contase el entramado de delitos que reina en la vida pública y que estrangula nuestras vidas. Cómo me gustaría una serie escrita por Andreu Martín. O por Juan Madrid, o Pérez Merinero, o ...., que contase los manejos en torno a Bankia, la toma del poder en Madrid tras el "tamallazo", Cuevas, Bárcenas, Aznar, Rajoy, Camps...¿Por qué no hay una cadena que encargue una ficción que desentrañase la madeja de poderes criminales e iluminase nuestra confusión? No es por falta de dinero, el talento artístico puede compensarlo, es porque los grupos de comunicación forman parte de ese núcleo de poderes que sostienen el entramado de mentiras.

Mentiras. Se muere Margaret Thatcher y el mensaje de conjunto que nos ofrece el espacio central de los medios de comunicación es que fue una gran estadista o una figura de mérito. Nos quedan los márgenes de la información para decir que fue una mala persona y una gobernante sin corazón ni escrúpulos. Traicionó su apellido, "techador", para dejar a muchas personas sin techo, sin trabajo y sin abrigo alguno. Thatcher fue una hija de la clase media baja muy inteligente, tanto que comprendió perfectamente los mecanismos de opresión y dominio entre las clases sociales en su país y utilizó ese conocimiento en su provecho personal para ascender en la escala del poder político, una vez ascendida a lo alto aumentó la distancia entre los poderosos arrojando a grupos sociales enteros al abismo. No puede haber perdón para las políticas sociales de Margaret Thatcher, una cínica que destruyó el sistema de bienestar británico construido tras los desastres de la II Guerra Mundial. No hay personalidad política más egoísta y odiosa que esa persona que extrajo su energía del resentimiento de ser mujer, y por lo tanto destinada a la marginalidad, y de no pertenecer a las clases dirigentes. Un alma llena de encono, envidia y ambición sin límites. Es natural que encontrase a sus pares en Pinochet o Ronald Reagan. Personajes que se realizaron destruyendo, la destrucción fue su labor creador y su forma de afirmarse en el mundo.

Mentiras. Estos días volvemos a leer y oír con nuevo énfasis lo que nos han contado décadas, "el Rey trajo la democracia", "le debemos al rey la democracia". Es tan riguroso atribuírle al rey "haber traído" (¿de dónde?) la democracia como atribuírselo a Francisco Franco, que fue al cabo quien lo nombró su sucesor. Esta democracia, con sus defectos, virtudes y límites, se basó en muchos factores pero si alguien la trajo fueron precisamente los enemigos de Franco y de cualquier sucesor suyo, los antifranquistas. Sé perfectamente, porque he sentido algunas veces la mordedura, que inmediatamente habrá quien señale que los antifranquistas no eran demócratas, que en realidad eran de ideología autoritaria, etc. No me extiendo aquí en contestar a eso, la paradoja de la historia es que quienes defendieron la República también eran abrumadoramente personas de ideologías con un aspecto autoritario, incluso totalitario. Nadie es perfecto, excepto Tartufo, pero permitan que diga que fui y soy antifranquista con todos sus pecados y, lo que es peor, sólo diré que me arrepiento bajo tortura. No, la democracia no la trajo rey alguno.

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Ícaro Feijóo

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Alberto Núñez Feijóo con el contrabandista Marcial Dorado / El País

La política es peligrosa, como la energía nuclear. Maneja potencia pero es tóxica y explosiva, igual alimenta luces y máquinas que vierte residuos tóxicos o explota y lo destruye todo. Por otra parte, sus protagonistas perecen abrasados a menudo. Es el caso de Alberto Núñez Feijóo. Arde en una pira que él mismo levantó, pues llegó a la Xunta con una campaña de falsedades e insidias que quedó reflejada en aquella famosa fotografía del candidato entonces del BNG, Anxo Quintana, a bordo del yate de un empresario.

La fotografía era de antes de tener un cargo, y que se sepa era un empresario de negocios honrados. Aquella foto sirvió para que el Bloque perdiese un diputado decisivo que pasó al PP en la provincia coruñesa, donde se leía el periódico que aireó aquella foto. Con aquella foto de un viaje en yate se subió a la Xunta. Ahora otra foto parecida lo está derribando.

Lo que vive Feijóo es una quema en público. Esas fotografías arden, y todos contemplamos el espectáculo, unos con regocijo y con pesadumbre otros, pero indudablemente es una situación terrible para cualquiera. Es terrible pero no cruel, pues las fotos son reales y si Feijóo no tiene nada que ocultar debe defender con naturalidad su actuación.

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"Filoetarras", encapuchados, desahuciados y crucificados

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Sería interesante hacer una comparación entre las administraciones de Aznar y la de Rajoy pues aparecerían rasgos particulares que las diferencian, pero a simple vista se aprecia algo curioso: seguramente los cargos de Aznar eran gente de peor carácter (no digo peores personas, que eso vaya usted a saber) pero estos de Rajoy son una pandilla de personajes descabellados y pintorescos. Si no fuesen agentes de políticas tan injustas y dañinas socialmente serían escacharrantes.

Véase el caso de la delegada del Gobierno en Madrid, que descalifica obscenamente a quienes defienden y se defienden de una gigantesca estafa: llama filoetarras a los activistas de la plataforma contra los desahucios. Es absolutamente revelador de la intención de quien en vez de proteger la vida social no hace más que echar gasolina a las hogueras que enciende la política que lleva a cabo el gobierno al que representa, evidentemente busca provocar a los activistas y también criminalizarlos. Podrán ser discutidas o matizables algunas formas de esas protestas pero son esas personas precisamente quienes están defendiendo la democracia y la justicia y no los banqueros ladrones. Es lo que son. ¿Por qué la señora Cifuentes no insulta a los directivos de bancos y cajas que urdieron esa estafa? Insúltelos, mándeles a la policía, mande cargar contra los banqueros estafadores. Y si no lo hace entonces es que no está defendiendo a la ciudadanía sino protegiendo a sus compinches.

Ese mentar a ETA sin venir a cuento también es revelador de como la derecha española utilizó el terrorismo vasco como un instrumento para atacar al gobierno anterior y para utilizar las emociones de la población, uniendo los ánimos en torno del nacionalismo español frente a los otros nacionalismos. De un modo u otro todos los que cuestionaban sus políticas eran "filoetarras", "batasunos", etc. Las víctimas de ETA sufrieron y sufren en el País Vasco pero hubo quien obtuvo cuantiosos beneficios políticos a cuenta del terrorismo vasco, recuerden como metían forzadamente a ETA en el atentado en los trenes de Madrid, y ahora que ETA no mata aún les sirve para ensuciar a quien les convenga. Pero eso es una infamia, las protestas contra las políticas antisociales, aunque le disguste a este gobierno que preferiría tener enfrente a rabiosos encapuchados, además de legítimas las hacen a cara descubierta.

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Contemplar la historia pasma

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Ya sé que habrá quien me llame sectario, pero creo que lo que está ocurriendo ahora es que, una vez más, la derecha española destruye España y así será visto en el futuro. O quizá lo que esté ocurriendo es que España es inevitablemente patrimonio de la derecha y ésta no tolera otra cosa. En cualquier caso, asistimos a un verdadero proceso autodestructivo. Lo que estamos viviendo debe ser visto con la perspectiva de la historia.

El proyecto nacionalista español no quiso crear un Estado a partir de los reinos que, mal que bien, pervivían a comienzos del siglo XIX, y fueron los liberales quienes implantaron un modelo de Estado inspirado en el centralismo borbónico y que copiaba de la república francesa la división en capital y provincias. Eso inspiró las guerras carlistas, la revolución gallega de 1846, el federalismo republicano de Pi i Margall y el catalanismo de Valenti Almirall. El siglo XX es testigo de que el Estado español no cuajó en ninguna de las formas que ensayó: la dictadura de Primo y el régimen totalitario franquista sólo aplazaron el problema, porque es un problema, y en el siglo XXI eso sigue abierto.

El nacionalismo español quiere tener bajo su dominio a la sociedad vasca y catalana; la gallega no muestra hasta el momento capacidad significativa de autodeterminarse. Zapatero hizo un último intento de establecer un pacto de convivencia interno. Pero, igual que ocurrió con la ley de Memoria Histórica y con tantas otras cosas, la derecha, y también sectores de su propio partido, lo desvirtuaron y lo malograron. Ahora están las cosas planteadas de otro modo desde Catalunya: han aprendido la lección y ya no cuentan con una interlocución de buena fe por parte de ningún Gobierno español, mucho menos del actual y, de un modo u otro, como el agua, buscarán un camino propio.

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Un poco de vergüenza

Cuando era joven aprendí a juzgar lo que acontecía en la vida con criterios más o menos sociológicos y el prisma marxista: había opresores y oprimidos y explotadores y explotados. Afinando más había matices, dentro de las clases sociales había sectores, fracciones ...(y la leche en verso, que total no sirvió para nada). Pero ahora uno está ya muy superado por la historia, este es un tiempo en el que no hay que analizar y desvelar lo oculto, está todo a la vista y se muestra con todo el descaro, es el tiempo en el que se mueven con soltura los hijosdeputa y los canallas (Me gustaría tener un vocablo que no mentase inmerecidamente a las prostitutas y que dijese lo mismo a los mismos, aunque el "hideputa" que ya escribía Cervantes es tan claro y exacto...). Es tanto el descaro, la mala educación, que uno invoca a las viejas virtudes de la urbanidad y clama desde la sala de su casa, "¡un poco de vergüenza!". Porque nos rodean los espectáculos ridículos al tiempo que ofensivos y no puede ser que nos lo tengamos que tragar.

Ahí están, venga ropas ostentosas, curas y cardenales, el Vaticano en acción. Se discute que si este papable, que si el otro, que si le viene mejor a la Iglesia aquello, que el que salga será el que hace falta... Como si ese espectáculo no resultase anormal, como si no estuviésemos viendo lo que vemos: ciento y pico tíos mayores, muy mayores casi todos, que esconden negocios y secretos repulsivos, eso es lo que garante el silencio. No es un silencio que nos merezca respeto, es el silencio autoritario de los soberbios. Esa fumata blanca será una exudación de cosas indefendibles.

El papado históricamente es una vergüenza romana y lo que sabemos, a pesar de ellos, sobre el Vaticano actual también es un cúmulo de miserias y vilezas. Sin embargo, ahí está el espectáculo como si nada, lo más natural, ocupando todas las pantallas que se nos ofrecen. El Vaticano resulta moderno porque es fotogénico, toda esa teatralidad barroca y ese ceremonial anacrónico lo hacen inevitablemente pintoresco y atractivo, comunican continuidad histórica en un mundo que abolió el pasado y crea y destruye modas continuamente. El ritual y la ceremonia es una parte importante de toda religión pero desde el punto de vista del mensaje evangélico todo eso es intrascendente, y eso es lo peor que se le puede decir. Por otra parte se nos lo sigue presentando como la única iglesia cristiana, cuando comparte la fe de Cristo con millones de ortodoxos y evangélicos. Es evidente que hay mucho más de fidelidad al evangelio en las iglesias evangélicas que ordenan sacerdotes a mujeres que en ese Vaticano que se dice católico pero es sectario, que se dice universal pero excluye a la mitad del género humano de sus decisiones y del sacerdocio, que es homófobo pero esconde pederastia. El Vaticano simboliza buena parte de la historia de la civilización occidental pero no es el cristianismo, que afortunadamente no tiene mucho que ver. Si los ahí reunidos viesen entrar por la puerta a Cristo con una correa escaparían por las ventanas corriendo.

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