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Suso de Toro

Suso de Toro Santos, licenciado en Geografía e Historia en la Universidad de Santiago de Compostela, es autor de Otra idea de España y Siete palabras, entre otras novelas. Su obra Trece campanadas ha sido llevada al cine. Ha obtenido el Premio Nacional de Narrativa en el año 2003.

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Ese trasatlántico hacia su iceberg

Analizar la vida pública española con ojos y oídos abiertos y pretender ser honrado intelectualmente nos lleva a dudar de nuestra cordura y a preguntarnos si no nos hemos vuelto ya paranoicos. Hace años que me cuesta creer en esa vida pública.

Hace menos de un año veía que la casi totalidad de los medios de comunicación, con periodistas de crédito, se aplicaban en una campaña para impedir un cambio de gobierno y mantener a Rajoy, y veía cómo lo conseguían. En algún momento dudé de lo que veía porque eso significaba que en el Reino de España no existía verdadera libertad de prensa ni de expresión. El tiempo me confirmó. Ahora entiendo que es evidente que España no es una democracia y que todo el andamiaje sustentado estos años por una mezcla de desvalimiento cívico de la población, miedo, propaganda y control de los medios de comunicación han permitido la continuidad de este dominio antidemocrático.

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Europa, esto es hoy España

Escucha, Europa, esto es hoy el Reino de España. Un fiscal general, reprobado en el parlamento por sus prácticas, a las órdenes del Gobierno persigue con multas, cárcel y guardias a políticos elegidos democráticamente. Una amenaza que la Vicepresidenta del Gobierno extiende a ciudadanos particulares. En España hoy se envía una policía militarizada a registrar un parlamento y un gobierno, pero no por corrupción, sino por sus decisiones políticas. En esta España hoy se utiliza a la policía e incluso al Ejército para amedrentar a la ciudadanía, se persiguen urnas e imprentas. En España hoy se persiguen ideas políticas democráticas, ésa es la realidad.

En esta España hoy organismos internacionales y de la propia Unión Europea señalan el partidismo de la Justicia y la pésima calidad de los medios de comunicación. La Justicia, que fue patrimonializada por el partido que gobierna quitándole la cobertura a la ciudadanía, es la garantía que frena los excesos del poder político. Esa garantía no existe hoy en España. Y los medios de comunicación son el instrumento que tiene una población libre para informarse y poder formar una opinión propia, sin libertad de expresión y de prensa efectiva, no hay libertad y no hay democracia. Los medios de comunicación españoles en manos del poder financiero, muy concretamente aunque no exclusivamente los radicados en la capital del estado, son hoy una fuente de degradación cívica.

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Catalunya jubiló la Constitución y abre período constituyente

Si se piensa bien era lógico que el PP acabase con el período abierto por la Transición. Fraga Iribarne, aunque con reparos al reconocimiento de la existencia de nacionalidades dentro del estado, apoyó la Constitución, pero sus sucesores paradógicamente eran más ignorantes y radicales que aquel ministro de Franco. 

Aznar venía directamente de Falange y había combatido la Constitución y Rajoy venía del grupúsculo de Fernández de la Mora y también había sido contrario a la Constitución y los estatutos de las nacionalidades. Aunque Aznar en algún momento escuchó las indicaciones que se le hacían y hubiese llegado a hacer guiños y a citar a Azaña y aunque Rajoy sea un señor de modales educados, era inevitable que cuando tuviesen la oportunidad, una mayoría absoluta, realizasen la España que les era natural. La de la “gente normal”, “un país como Dios manda”. El proceso que llegó hasta aquí es más complicado, claro, por debajo están los intereses de los poderes económicos y de la corte, empotrados en el Estado, los florentinos, pero todo tiene su coherencia política e ideológica. 

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No seremos inocentes

Vivimos dentro de unas generaciones y dentro de la historia y, al mismo tiempo, la historia se nos mete dentro inadvertidamente. La crisis que vive el Reino de España como consecuencia del "procés" catalán es uno de esos trances históricos que nos afecta a todos.

El Estado reformado tras la Transición, un ensayo y un tiempo histórico basado en mentiras y agotado, debiera haber tenido su crisis por la resistencia de la sociedad a que le robasen sus derechos, a una política económica que empobreció a la sociedad, arrojó fuera a una generación, atacó la sanidad y la escuela pública y, como gran logro económico, vació la caja de pensiones… Pero no fue así. Todo el malestar y el enfado sólo dio para que se reformulase el mapa político español y en vez de dos fuesen cuatro los partidos en el juego. Fue la sociedad catalana, que mantiene desde hace siete años un pulso al estado, quien pone en crisis este sistema político. Es lo que hay.

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Sánchez: cambiar a todos para que nada cambie

El PSOE es un partido muy importante para sus afiliados y simpatizantes, para la mayoría no solamente es una seña de identidad personal, a veces familiar, sino también el lugar para estar en la vida. Eso hay que comprenderlo. También fue una agencia de colocación y de ascenso social enorme que permitió desde los años ochenta que hijos e hijas de familias de clase media y trabajadora tocaran cargos y poder público. Lógicamente para esas personas también es un partido muy importante.

Pero es, además, decisivo en la historia de España desde 1975, aquella España que se llamaba a si misma “Estado Español”, con un Régimen tutelado y protegido por los EEUU. Fue esa misma potencia imperialista dueña del país quien actuó muy directamente en aquellos años. Primero gestionó la entrega a la dinastía alauí del protectorado del Sahara y la traición a su población por parte de la potencia colonial, el Estado Español, e inmediatamente condujo, ya de la mano de Juan Carlos I de la casa de Borbón, el tránsito del Régimen al Reino de España.

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La moción de censura, ¿valió la pena?

Una moción de censura, ¿era necesaria? ¿Correspondía hacerla? ¿Merecía Rajoy una moción de censura a su presidencia? Empiezo por la última pregunta y ya ni la contesto. Rajoy no merecía una moción de censura a su presidencia, no merecía la presidencia y merecía que sus actos como presidente de su partido tuviesen consecuencias penales. Así que no merecía una moción de censura, sino otras cosas.

¿Era necesaria y correspondía hacerla? Aquí entra el plano moral y el plano político. Quienes pretenden justificar el statu quo le niegan espacio a la moral en la vida pública y nos avisan de que no debemos ser morales sino políticos y que la política no tiene que ser moral. Ellos saben muy bien por qué defienden la inmoralidad reinante, porque son parte de ella, porque se benefician. Porque son inmorales. Ya que en el Reino de España reina la inmoralidad y la población está tragando y firmando lo intragable.

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La responsabilidad de las bases del PSOE

Si están ocupados siguiendo las andanzas del fiscal, del fiscal jefe del fiscal, del jefe del fiscal del fiscal o del jefe del jefe del fiscal del fiscal, les recomiendo que no se cansen porque lo que pretenden es, efectivamente, cansarnos a todos. Distraernos.

Todo ese rollo estrambótico es un enredo más dentro del disparate salvaje que es la etapa del Gobierno de Mariano Rajoy. Rajoy es un político que, desde el Prestige, la guerra contra Irak y luego una oposición sosteniendo la siniestra teoría de que el atentado en los trenes de Madrid era una conspiración interna, hizo una política innoble que lo debería haber enviado al olvido. Y, llegado al Gobierno a hombros de todos los poderes económicos y del Estado, cuando su partido fue acusado e investigado por financiación irregular, tener una caja B y repartir sobresueldos en negro durante años, debería haber dimitido inmediatamente. Que siga gobernando es algo para lo que no se me ocurren calificativos, que cada quien se los ponga.

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La derrota de la soberbia. Hay partido

Si hace dos días la imagen en la política española era otra vez la Puerta del Sol ocupada por personas convocadas por Unidos Podemos bajo el llamamiento a apoyar su moción de censura, hoy y en los próximos días la imagen es la victoria de Pedro Sánchez dentro de su partido. Si hubiese perdido, la imagen que prevalecería es aquella de la Puerta del Sol, lo que demostraría que el único lugar hacia donde mirar muchos ciudadanos para un cambio político sería Unidos Podemos.

El PSOE demostró que no estaba muerto, que estaba de parranda. Estaba vivo y, sobre todo, que no estaba completamente atado. Solo la ceguera más ciega o el sectarismo más enconado puede negar que cualquier cambio político en España tiene que contar de forma cualitativa con el PSOE, aunque también este tiene que aceptar la evidencia, que también solo puede negar ceguera o sectarismo, que tiene que reconocer la evidencia de UP.

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Tiempo de impunidad

Envejecer tiene bastantes desventajas. A cambio, el tiempo nos enseña, incluso a los menos inteligentes, a reconocer puntos de giro, momentos de crisis que abren una nueva etapa histórica.

Tras morir Franco, comenzó a desarrollarse un proceso de continuidad política que este había pactado con los Estados Unidos, restablecer la monarquía de la casa de Borbón bajo forma parlamentaria. Aquellos planes de reforma chocaron con la realidad social y política y, obligados por la presión de partidos y corrientes que pretendían mantener ilegalizados, hubo que reformar la reforma. El rey apartó a Arias Navarro para poner a un Suárez que abrió un proceso constituyente y unos pactos vigilados y tutelados por los militares parieron esta Constitución.

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No hay ingenuidad, es política

Hace poco más de una semana vivíamos en la normalidad. La normalidad era que el Gobierno de Rajoy estuviese negociando los presupuestos con Ciudadanos, el PNV y, tras las cortinas, el PSOE. El PNV, preparado para firmar y el PSOE, pidiendo tiempo, un aplazamiento de su tramitación. Mariano Rajoy en pantalón corto correteaba por algún camino bucólico.

Fue entonces cuando de repente reapareció el pasado, fue citado a declarar como principal responsable durante décadas de un partido financiado con dinero negro y se conocieron las conspiraciones de su Gobierno para ocultar pruebas y apartar jueces y fiscales. Resulta que Rajoy es el presidente de un partido completamente corrupto y de un Gobierno con políticas antisociales y antidemocráticas y que se sostiene destruyendo a las mismas instituciones del Estado, como la Justicia. Mecachis. A ver qué hacemos ahora con los presupuestos.

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