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Suso de Toro

Suso de Toro Santos, licenciado en Geografía e Historia en la Universidad de Santiago de Compostela, es autor de Otra idea de España y Siete palabras, entre otras novelas. Su obra Trece campanadas ha sido llevada al cine. Ha obtenido el Premio Nacional de Narrativa en el año 2003.

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El "procés" nos divide, pues claro

Es cierto, el “procés” causa división entre la gente, ahora no puedo conversar tranquilamente con tantas personas como antes. Me incomoda oír a alguien justificando que la Policía le pegue a personas pacíficas que quieren votar, incluso me incomoda que sin justificarlo directamente introduzcan sus “peros”, sus objeciones sobre el comportamiento o las ideas de esas personas agredidas. Me incomoda que se obvie que hay personas presas por sus ideas políticas democráticas y que se le niegue esa condición de presos políticos, como si estuviesen presos por robar a ahorradores o cobrar sobres de dinero negro. Me incomoda que alguien justifique lo que el Estado español le hace a la población catalana, incluso a esa parte de la población que justifica lo que el Estado le hace. 

Me incomoda y me afecta profundamente porque no es una diferencia política sin más que pueda conciliar, creo que la conducta del Estado guiado por el partido de Rajoy y sus dos partidos lacayos tiene la radicalidad que una política inmoral. Es una política franquista, y el franquismo era un régimen inmoral. 

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Lo que arde y lo que no arde

Meses sin esa lluvia tan denostada en esta época en que hemos interiorizado que la economía y la vida misma es estar en una tumbona al sol, y además un viento cálido y seco, favorecen el momento en que estalló una ola de incendios que desbordó a una administración desidiosa. Pero eso no explica por qué ocurren en ese lugar y no en otro.

Si vemos el mapa de la península observaremos que el frente incendiado dibuja un mapa, lo que deberíamos llamar “triángulo eucalipteiro” pues Portugal, Galicia y Asturias, extendiéndose ya por Santander, es el territorio colonizado por la explotación exhaustiva del suelo como plantación de eucalipto (curiosamente, desde un punto de vista histórico es el territorio de la antigua Gallaecia o del reino suevo). Portugal, tras los incendios del verano pasado, ya ha tomado la decisión de cambiar su política forestal para corregir ese monocultivo. Para explicar ese monocultivo del eucalipto, una planta pirófita que no sólo sobrevive al fuego sino que se beneficia del él para extender su dominio, habría que hablar de ENCE, la planta de celulosa en el interior de la ría de Pontevedra. Una instalación que afecta al presente y al futuro de la ciudad y de la ría pero que, además, está determinando toda la política forestal de la Xunta cada vez que gobierna el PP, es decir casi siempre. ENCE es cierto que da trabajo a la plantilla pero deja la carga de contaminación en Galicia y está domiciliada en la Castellana en Madrid, pero es una de las empresas amigas del PP y sirve para lucrar a cargos de ese partido como Isabel Tocino o Carlos del Álamo.

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Catalunya ha roto con el franquismo, nosotros lo padecemos reformado

Me cuesta escribir sobre lo ocurrido en Catalunya porque lo he visto y lo he sentido, no podré trasladar a ideas lo que presencié. La realidad es una experiencia y no lenguaje, así que voy a resumirlo: una población digna y libre venció a la fuerza bruta de un estado autoritario. Y es un régimen no democrático.

Sí, no es un gobierno autoritario del PP, es el estado. Rajoy pudo hacer lo que hizo estos años, meses, semanas y estas horas porque el PSOE, el rey y las instancias del estado lo acompañaron en una respuesta de estado conjunta a un problema político. Y no se trata sólo del estado, se trata de una sociedad atrasada cívica y políticamente que vive encerrada en una burbuja ideológica y mediática. El estado, los partidos y el los poderes financieros que controlan los principales medios de comunicación mantienen a la población española en una inopia, en estos mismos momentos les esconden las imágenes que retratan lo que su estado está cometiendo en el territorio catalán.

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No hubo ruptura y tenemos esta España

Esto no va de Catalunya sino de España. Lo que ha provocado este conflicto político entre la sociedad catalana y el Estado español, iniciado con la recogida de firmas contra catalanes y la denuncia del Estatut al Tribunal Constitucional, es una crisis de Estado que se podía ver hace meses pero, sobre todo, es la crisis nacional española. 

La reclamación del ochenta por ciento de la sociedad catalana, que la prensa del búnker llama “desafío independentista” siguiendo consigna, ha desnudado el vacío nacional español y el verdadero carácter del Estado nacido de la Reforma que se fraguó en la Transición. Franco, protegido por los EE UU, murió en la cama porque había amputado y destrozado el cuerpo social, y la sociedad que fue renaciendo en los años cincuenta y sesenta nunca tuvo fuerzas para echarlo y tampoco para imponer una ruptura política tras su muerte. 

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Ese trasatlántico hacia su iceberg

Analizar la vida pública española con ojos y oídos abiertos y pretender ser honrado intelectualmente nos lleva a dudar de nuestra cordura y a preguntarnos si no nos hemos vuelto ya paranoicos. Hace años que me cuesta creer en esa vida pública.

Hace menos de un año veía que la casi totalidad de los medios de comunicación, con periodistas de crédito, se aplicaban en una campaña para impedir un cambio de gobierno y mantener a Rajoy, y veía cómo lo conseguían. En algún momento dudé de lo que veía porque eso significaba que en el Reino de España no existía verdadera libertad de prensa ni de expresión. El tiempo me confirmó. Ahora entiendo que es evidente que España no es una democracia y que todo el andamiaje sustentado estos años por una mezcla de desvalimiento cívico de la población, miedo, propaganda y control de los medios de comunicación han permitido la continuidad de este dominio antidemocrático.

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Europa, esto es hoy España

Escucha, Europa, esto es hoy el Reino de España. Un fiscal general, reprobado en el parlamento por sus prácticas, a las órdenes del Gobierno persigue con multas, cárcel y guardias a políticos elegidos democráticamente. Una amenaza que la Vicepresidenta del Gobierno extiende a ciudadanos particulares. En España hoy se envía una policía militarizada a registrar un parlamento y un gobierno, pero no por corrupción, sino por sus decisiones políticas. En esta España hoy se utiliza a la policía e incluso al Ejército para amedrentar a la ciudadanía, se persiguen urnas e imprentas. En España hoy se persiguen ideas políticas democráticas, ésa es la realidad.

En esta España hoy organismos internacionales y de la propia Unión Europea señalan el partidismo de la Justicia y la pésima calidad de los medios de comunicación. La Justicia, que fue patrimonializada por el partido que gobierna quitándole la cobertura a la ciudadanía, es la garantía que frena los excesos del poder político. Esa garantía no existe hoy en España. Y los medios de comunicación son el instrumento que tiene una población libre para informarse y poder formar una opinión propia, sin libertad de expresión y de prensa efectiva, no hay libertad y no hay democracia. Los medios de comunicación españoles en manos del poder financiero, muy concretamente aunque no exclusivamente los radicados en la capital del estado, son hoy una fuente de degradación cívica.

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Catalunya jubiló la Constitución y abre período constituyente

Si se piensa bien era lógico que el PP acabase con el período abierto por la Transición. Fraga Iribarne, aunque con reparos al reconocimiento de la existencia de nacionalidades dentro del estado, apoyó la Constitución, pero sus sucesores paradógicamente eran más ignorantes y radicales que aquel ministro de Franco. 

Aznar venía directamente de Falange y había combatido la Constitución y Rajoy venía del grupúsculo de Fernández de la Mora y también había sido contrario a la Constitución y los estatutos de las nacionalidades. Aunque Aznar en algún momento escuchó las indicaciones que se le hacían y hubiese llegado a hacer guiños y a citar a Azaña y aunque Rajoy sea un señor de modales educados, era inevitable que cuando tuviesen la oportunidad, una mayoría absoluta, realizasen la España que les era natural. La de la “gente normal”, “un país como Dios manda”. El proceso que llegó hasta aquí es más complicado, claro, por debajo están los intereses de los poderes económicos y de la corte, empotrados en el Estado, los florentinos, pero todo tiene su coherencia política e ideológica. 

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No seremos inocentes

Vivimos dentro de unas generaciones y dentro de la historia y, al mismo tiempo, la historia se nos mete dentro inadvertidamente. La crisis que vive el Reino de España como consecuencia del "procés" catalán es uno de esos trances históricos que nos afecta a todos.

El Estado reformado tras la Transición, un ensayo y un tiempo histórico basado en mentiras y agotado, debiera haber tenido su crisis por la resistencia de la sociedad a que le robasen sus derechos, a una política económica que empobreció a la sociedad, arrojó fuera a una generación, atacó la sanidad y la escuela pública y, como gran logro económico, vació la caja de pensiones… Pero no fue así. Todo el malestar y el enfado sólo dio para que se reformulase el mapa político español y en vez de dos fuesen cuatro los partidos en el juego. Fue la sociedad catalana, que mantiene desde hace siete años un pulso al estado, quien pone en crisis este sistema político. Es lo que hay.

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Sánchez: cambiar a todos para que nada cambie

El PSOE es un partido muy importante para sus afiliados y simpatizantes, para la mayoría no solamente es una seña de identidad personal, a veces familiar, sino también el lugar para estar en la vida. Eso hay que comprenderlo. También fue una agencia de colocación y de ascenso social enorme que permitió desde los años ochenta que hijos e hijas de familias de clase media y trabajadora tocaran cargos y poder público. Lógicamente para esas personas también es un partido muy importante.

Pero es, además, decisivo en la historia de España desde 1975, aquella España que se llamaba a si misma “Estado Español”, con un Régimen tutelado y protegido por los EEUU. Fue esa misma potencia imperialista dueña del país quien actuó muy directamente en aquellos años. Primero gestionó la entrega a la dinastía alauí del protectorado del Sahara y la traición a su población por parte de la potencia colonial, el Estado Español, e inmediatamente condujo, ya de la mano de Juan Carlos I de la casa de Borbón, el tránsito del Régimen al Reino de España.

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La moción de censura, ¿valió la pena?

Una moción de censura, ¿era necesaria? ¿Correspondía hacerla? ¿Merecía Rajoy una moción de censura a su presidencia? Empiezo por la última pregunta y ya ni la contesto. Rajoy no merecía una moción de censura a su presidencia, no merecía la presidencia y merecía que sus actos como presidente de su partido tuviesen consecuencias penales. Así que no merecía una moción de censura, sino otras cosas.

¿Era necesaria y correspondía hacerla? Aquí entra el plano moral y el plano político. Quienes pretenden justificar el statu quo le niegan espacio a la moral en la vida pública y nos avisan de que no debemos ser morales sino políticos y que la política no tiene que ser moral. Ellos saben muy bien por qué defienden la inmoralidad reinante, porque son parte de ella, porque se benefician. Porque son inmorales. Ya que en el Reino de España reina la inmoralidad y la población está tragando y firmando lo intragable.

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