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Núñez, el constructor que soñaba con ser alcalde

La ambición de Núñez encontró acomodo en una Barcelona con escasa sensibilidad por su patrimonio, aunque también es cierto que supo aprovechar la laxitud de un Ayuntamiento excesivamente permisivo

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Josep Lluís Núñez explicó en una ocasión al periodista Josep Maria Huertas que después de haber ganado tanto dinero con su constructora, ya sólo le faltaba ser alcalde de Barcelona, pero como era consciente de que no lo sería nunca, intentaría convertirse en presidente del Fútbol Club Barcelona, que era lo más parecido a ser alcalde de la ciudad.

Fue curioso aquél encuentro, porque Núñez (en aquellos tiempos aún era José Luis) no concedía nunca entrevistas y cuando se decidió pidió ser entrevistado por uno de los periodistas que más le había fustigado. Huertas dudó de si aceptar aquella entrevista, porque era obvio que Núñez quería lavar su imagen, pero finalmente aceptó y le preguntó todo lo que había que preguntarle. Como no podía ser de otra forma tratándose de Huertas.

Huertas y otros periodistas de aquella época (Jaume Fabre, Lluís Permanyer, María Eugenia Ibáñez, Maria Favà, entre otros) fueron los primeros en alertar de los desmanes que cometía la constructora Núñez y Navarro (el apellido de su esposa) en muchas esquinas de Barcelona. El constructor parecía tener una cierta debilidad por los chaflanes. Una cierta debilidad y un modelo arquitectónico estandarizado que no pasará a la historia y que es visible en numerosos puntos de la ciudad.

La ambición de Núñez encontró acomodo en una Barcelona con escasa sensibilidad por su patrimonio, aunque también es cierto que supo aprovechar la laxitud de un Ayuntamiento excesivamente permisivo. La víctima más notable de esa combinación de intereses espúreos fue el modernismo. Núñez y Navarro arrasó muchos palacetes de gran valor que hoy figurarían en todas las guías turísticas de la ciudad.

Pero finalmente su desmesura topó con la obstinación de los vecinos del barrio de Sant Antoni, alertados ante el inminente derribo de la Casa Golferichs. Aquella fue la primera movilización ciudadana que iba más allá de la reclamación de servicios básicos (escuelas, hospitales, calles asfaltadas, electricidad...), tan generalizada en los barrios periféricos. Y periodistas como Josep Maria Huertas y el resto de los citados fueron fundamentales en el proceso de sensibilización de los barceloneses respecto al patrimonio de la ciudad.

Núñez y Navarro renunció a construir en aquella esquina de la Gran Via, pero sacó una buena tajada de la operación, con la recompra del edificio por parte del Ayuntamiento. Cuando se pudo entrar, se comprobó que el interior de la Casa Golferichs había quedado muy dañado, porque esa era una de las estrategias de la constructora: ocupar de inmediato las casas que compraba y destruir los elementos de valor, para hacer irreversible el proceso.

Núñez consiguió su objetivo de convertirse en presidente del F.C. Barcelona y protagonizó una divertida anécdota un día que fue con el equipo a ofrecer un trofeo al Ayuntamiento. En su discurso dijo que se sentía orgulloso de ofrecer ese trofeo a una ciudad que llevaba el nombre de su club. Fue un lapsus, evidentemente, pero esas cosas ocurren cuando te traiciona el subconsciente.

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