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Bill Plympton, el hombre que renunció a un millón de dólares

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Bill Plympton, el hombre que renunció a un millón de dólares

Bill Plympton, el hombre que renunció a un millón de dólares

Veintiocho años después y consagrado como uno de los grandes maestros del cine de animación, el ilustrador estadounidense Bill Plymton se sigue preguntando hoy si fue un acierto o un error haber rechazado una oferta de un millón de dólares para trabajar en los estudios Disney.

"Es una pregunta que me hago con cierta frecuencia y no tengo respuesta", ha dicho hoy cuando se le ha preguntado sobre la decisión que tomó a finales de los años ochenta del siglo pasado y que le ha condicionado como "un director independiente".

Plympton ha recogido hoy de manos del director del Festival Internacional de Cine de Gijón, Ignacio Carballo, el premio Animafix que ganó en la pasada edición del certamen por su película "Cheatin", en la que recrea su visión de la América profunda, violenta y seductora.

En una rueda de prensa, el cineasta ha dicho estar convencido de que si hubiera aceptado trabajar para la factoría Disney, probablemente le hubieran despedido a los dos o tres meses.

"Me habrían echado porque estoy seguro de que, pasado un tiempo, no iba a resistir la tentación de dibujar escenas de desnudos y de violencia y ese no es el estilo" de los estudios fundados por Walt Disney.

Plymton ha reconocido, no obstante, que ha perdido la oportunidad de perfeccionarse en un sistema de trabajo que funciona como "una orquesta afinada" e integrarse en un modo de distribución y promoción de eficacia extrema.

En cambio, ha asegurado, haber ganado "libertad" y fortalecido su convicción de valorar el arte "más que al dinero".

Fue precisamente una película de Disney, "El dragón chiflado", que vio por televisión cuando tenía 6 años, la que le descubrió el mundo "fascinante" de la animación, y fue en "ese momento" en el que quiso ser animador.

Hoy ha relatado que viendo ese filme, se dio cuenta de que alguien tenía que hacer esos dibujos y entonces decidió dedicarse a ello, aunque los inicios fueron "difíciles" porque ningún estudio quería producir sus proyectos.

Actualmente tiene un estudio con seis personas, aunque sigue dibujando a mano cada uno de los fotogramas de sus largometrajes, un trabajo ciclópeo para un mercado cada vez más mediatizado por las nuevas tecnologías.

Plymton, que en sus obras redujo la cantidad de dibujos por fotograma respecto del estándar de la época sin perder demasiada calidad visual, ha definido su estilo como "crudo" por las temáticas que elige y el contraste de sus viñetas.

"Siempre me han gustado los dibujos que se movían, y me siguen gustando, pero tengo que ver en ellos la mano del dibujante, esos pequeños defectos que en la animación por ordenador no salen", ha afirmado.

Además de no ser de su agrado, su pequeño estudio artesanal no utiliza la animación por ordenador porque no puede permitírselo dado el alto coste que supone.

"Con lo que cuesta un ordenador y los programas que usan los grandes estudios yo puedo hacer unos 10 largometrajes", ha explicado.

Sin embargo, ha admitido que las nuevas tecnologías de la información le permiten conseguir financiación por el sistema del micromecenazgo, con aportaciones de sus espectadores "sin tener la necesidad de caer en las productoras".

También ha considerado que "internet es el futuro de la distribución y de la comercialización" y ha valorado que "hoy cualquier artista puede realizar una película de animación en su casa".

El Festival de Gijón le ha dedicado este año una muestra retrospectiva, en la que se proyectan "The Tune", "Guns on the Clackamas", "Married a stange person", "Mutant aliens", "Hair high", Idiots and angels" y "Cheatin".

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