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Cebrián: "Me encantaría entrevistar a Trump"

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Cebrián: "Me encantaría entrevistar a Trump"

Cebrián: "Me encantaría entrevistar a Trump"

Juan Luis Cebrián cree que llegó la hora de escribir su biografía, pese a reconocer que es "uno de los actos más genuinamente narcisistas que puedan imaginarse", y lo ha hecho de memoria, sin documentos, narrando una vida ligada al periodismo que ha tenido "un precio alto" pero con la que se siente "feliz".

En una entrevista con Efe, Cebrián (Madrid, 1944) tiene claro que está en contra del "periodismo espectáculo" y que otra cosa son "las noticias espectaculares" como las muchas que sucedieron durante la Transición, y que en la actualidad le "encantaría" entrevistar a Donald Trump por las cosas "tan exóticas y a veces tan estúpidas" que dice.

Actual presidente del Grupo Prisa y primer director del diario El País, no ha dudado en compartir su "acontecer personal" en "Primera página. Vida de un periodista 1944-1988" (editorial Debate) mientras escribe la segunda parte, que publicará cuando ya no tenga "responsabilidades empresariales".

PREGUNTA: ¿Por qué ha llegado el momento escribir sus memorias?

RESPUESTA: Tengo por delante un horizonte limitado, obviamente, por razones de edad, y ya anuncié en la Junta General de Prisa de este año que iba a organizar un plan de sucesión; no voy a dejar inmediatamente la presidencia del grupo pero tengo que pensar cómo se va produciendo eso.

La segunda parte la publicaré cuando no tenga responsabilidades empresariales porque afecta precisamente a mi etapa al frente de la empresa y no quiero perjudicarla porque se entiendan cosas que no son verdad.

Es un ejercicio casi psiquiátrico, un ejercicio de memoria, no tengo documentos, no quiero contar las cosas como fueron sino cómo las recuerdo que es lo más interesante.

P: ¿Se hizo periodista porque su padre también lo era y a pesar de que llegó a pensar en ser sacerdote?

R: Lo de sacerdote fue solo un momento de mi vida, no sé si de clarividencia u oscuridad, fruto también de la educación católica que recibíamos en el colegio.

He vivido un ambiente periodístico toda mi vida porque también los amigos de mi padre eran periodistas, iba a verles, hacía muchos periódicos infantiles y juveniles en el colegio. Era una salida natural para mí, no fue una vocación por una llamada divina.

P: Pueblo, Informaciones, Cuadernos para el diálogo... ¿En cuál de ellos se preparó más hacia la dirección de El País?

R: En Pueblo, dentro de que estábamos en pleno franquismo y funcionaba la censura, te obligaban a no publicar cosas pero también a publicarlas, fue una muy buena escuela de periodistas para la época.

En Informaciones tuve puestos de responsabilidad y un maestro que fue Jesús de la Serna. Y Cuadernos para el diálogo fue una aventura más política ya que en mi opinión fue el primer paso que se dio seriamente para la reconciliación entre vencedores y vencidos tras la Guerra Civil y fue la prehistoria o prolegómenos de la Transición.

P: Le contrataron en RTVE para liberalizar la información en la televisión pública. ¿Lo logró? ¿Se arrepiente de esa etapa?

R: No me arrepiento porque me llamaron con la historia del llamado 'espíritu del 12 de febrero' que quedó en nada y que era un intento de democratización del franquismo. Estuve ocho meses nada más y comprobé que era imposible ese proceso de apertura. Tendría que haber un proyecto rupturista dialogado entre las dos españas como al final pasó. Algo se pudo hacer como empezar a hablar de huelgas.

Dimití muchas veces del cargo y me chantajeaban porque podía debilitar al ministro de Información y Turismo, Pío Cabanillas, que fue un aperturista. El día que le echaron a las once de la mañana, yo me fui a las doce horas.

P: La licencia a El País se concedió el 15 se septiembre de 1975, con Franco vivo, y uno de los primeros padrinos del proyecto era Manuel Fraga. ¿Cuál fue el secreto para que ese pasado se olvidara?

R: El origen de El País era plural. La idea venía de dos periodistas, Carlos Mendo, que era un hombre de Fraga, y de Darío Valcárcel, que era un hombre de Areilza; le vendieron la idea a José Ortega, que era el editor de Alianza Editorial.

Le salieron muchos padrinos y muchos dueños aunque en verdad era un periódico sin dueño porque estaba muy fragmentada la propiedad. Por razones históricas y generacionales se inclinó por fórmulas progresistas o liberal progresistas y eso generó un debate respecto a la línea del periódico por parte de algunos miembros del Consejo.

El periódico era y es profesional e independiente, no ha pertenecido nunca a ninguna formación política ni nunca ha habido nadie de fuera del periódico -político, empresario o gente de poder- que condicionara la opinión independientemente de lo acertada o equivocada que sea. Está hecho por periodistas y el papel de la empresa ha sido y es garantizar siempre al máximo la independencia sabiendo que es un mundo proceloso.

El director actual, que tiene los mismos poderes que yo tenía, tiene que resistir muchas presiones, arbitrar muchos consensos.

P: El País sufrió una bomba en 1978, después vivió el 23-F, y siempre se decidió sacar una edición lo antes posible. ¿En periodismo 'el espectáculo debe continuar' en cualquier circunstancia?

R: Estoy en contra del periodismo espectáculo, otra cosa es que hay noticias espectaculares y durante la Transición ocurrieron muchas.

Hay discusiones sobre si perdurará o no el periódico de papel, soy muy escéptico, pero el periodismo de calidad, riguroso, con comprobación de datos, fuentes y análisis que no respondan a las manías ni chorradas ni imaginaciones calenturientas de unos pocos columnistas va a seguir perviviendo, da igual que exista en una pantalla que en papel. Y va a crecer y va a ser cada vez más necesario.

P: ¿Cree que en el 23-F El País marcó distancia con el resto de periódicos?

R: Fuimos los únicos, luego salió más tarde Diario 16. No vivimos eso heroicamente en la redacción, sino como lo que era, había un notición, hicimos ediciones especiales y dimos nuestra opinión como solíamos hacer.

Al mismo tiempo llamamos un poco a la resistencia. Si no se hubiera percibido que iba haber una resistencia frente al golpe las cosas hubieran sido diferentes.

P: El 23F se atrincheró en el periódico y su hermano le preparó un piso franco. ¿Ha temido por su vida muchas veces?

R: Temer por la vida nunca he temido, he pensado que se puede morir de muchas cosas y de la manera más inopinada. He tenido miedo a la cárcel, al dolor, a la enfermedad, a la decrepitud. La muerte me parece una consecuencia natural de la vida.

P: ¿El periodismo de investigación es más bien de filtración?

R: Hay de todo. Watergate es el icono del periodismo de investigación y fue una filtración, y WikiLeaks es un soldado que robó un disco duro y lo pasó. No me parece mal.

Los periodistas tienen que encontrar la información de alguna manera. Muchas veces se ha asistido al debate sobre si es lícito para un periodista robar documentos o dar bombones a una secretaria para que te los pase. Sí, las filtraciones son importantes y gracias a que existen nos enteramos de muchas cosas.

P: En France Press, al principio de su carrera, sustituyó casualmente a Mario Vargas Llosa ¿Periodismo está ligado a literatura?

R: El periodismo es un género de la literatura y tanto García Márquez, Carlos Fuentes o Vargas Llosa han insistido en eso en lo que creo firmemente. Hay por supuesto algún tipo de periodismo que no es género de literatura y que es, por ejemplo, género de cine como puede ser lo audiovisual. La crónica, el reportaje, la entrevista, el editorial, el artículo, la columna son géneros literarios.

P: Ha entrevistado a infinidad de líderes políticos internacionales como Fidel Castro, Margaret Thatcher, ¿entrevistaría a Donald Trump?

R: Sí, me encantaría, creo que tiene una entrevista. No solo las fotos serían muy interesantes, sino las cosas que dice, son tan exóticas y a veces tan estúpidas que interesaría mucho.

P: ¿La lealtad mutua con Jesús de Polanco perduró siempre?

R: La lealtad fue mutua, duró hasta el final. Jesús estuvo al pie de obra hasta el día de su muerte y no hubo fisuras. Fue una lealtad basada en la franqueza, no siempre pensábamos igual, pero a lo largo de los años acabamos por pensar casi idéntico.

Cuando me nombró consejero delegado coincidió también con episodios de su vida personal y de la mía y todo eso contribuyó a alguna confusión entre algunas gentes del grupo.

P: Al final del libro se confiesa feliz a pesar de confesar que "el precio ha sido alto".

R: Hay periodistas que son oficinistas, entran a las 8 y salen a las 2. Cuando asesinaron a Kennedy me encontré al entrar en Pueblo con un redactor que en ese momento me dijo que ya se iba. Pero un periodista profesional normal, joven o viejo, bueno o malo, tiene una adrenalina en el cuerpo y sabe que es un oficio que no tiene horas, lugares.

Como pasa en otras profesiones como la de artista, las familias pagan un alto precio. Si encima eres objeto de controversia por lo que sea, de críticas públicas, infamias, ataques, la familia sufre mucho más.

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