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Cómo limpiar l’Albufera pintándola de verde

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Tancat de la Pipa

Hay un experimento sencillo y recurrente que de vez en cuando circula por las redes sociales, pero que es aún más frecuente observar en una clase de ciencias naturales en muchas escuelas. En un montaje bastante rudimentario, podemos ver tres medias botellas de agua (partidas longitudinalmente): en una hay hierbas o pequeños arbustos, en la otra residuos vegetales (cortezas de árbol, hojas), y en la última sólo piedras y tierra. Tras verter agua en cada uno de los tres recipientes, se observa cómo en el primer caso el agua sale clara, en el segundo algo turbia, y en el tercero muy turbia.

Botellas

Hay pocas imágenes más visuales sobre cómo la vegetación influye en la calidad del agua, pero hace poco el  Tancat de Milia nos regaló otra. A la izquierda, vemos cómo queda un filtro tras hacer pasar medio litro de agua a la entrada, y a la derecha cómo está a la salida. Entrateñido de verde, lo que nos indica que está llena de fitoplancton (algas microscópicas), y sale sin apenas colorear el filtro. ¿Qué ha pasado en medio?

filtros

Siempre hemos pensado en la depuración asociada a grandes infraestructuras, a tanques y tuberías. En gran parte, así es todavía, y aunque nos resulten imprescindibles, también podemos encontrar un aliado inesperado entre la naturaleza. Que el agua salga con una cantidad mucho menor de fitoplancton nos indica mayor calidad, porque este, en cantidades tan elevadas, suele aparecer cuando existen problemas de eutrofización, que no es otra cosa que la sobreabundancia de nutrientes y las consecuentes explosiones de algas. L’Albufera, que es donde se ubica el Tancat de Milia, lleva décadas sufriendo una preocupante eutrofia, que degrada la calidad del ecosistema y pone en jaque a fauna y flora autóctona, además de facilitar el establecimiento de especies invasoras. Pocos humedales tan valiosos y reconocidos internacionalmente conviven con más de un millón de personas y están rodeados de miles de hectáreas de cultivo, y de esta formidable presión humana viene el problema. Con menos agua de la que le correspondería, y en un contexto de cambio climático en el que las sequías como la de este invierno serán la norma, el lago se alimenta de sobrantes de riego y agua de depuradoras. El resultado: un sistema sobrecargado de nutrientes, algo que ha sido una constante en los últimos cuarenta años.

Hasta que exista un plan de cuenca que garantice toda el agua que se necesita para asegurar la supervivencia del parque natural tal y como lo conocemos hoy en día, el objetivo debe de ser aumentar la calidad del agua que ya le llega: en eso coinciden todos los expertos que trabajan en el parque. Y es ahí donde se está viendo el papel fundamental que juegan los filtros verdes.

tancat de la pipa

El Tancat de Milia forma parte, junto con el de l’Illa, de un proyecto que involucra a distintos actores, entre los cuales se encuentra Acuamed y la Fundación Global Nature. Mediante un sistema de depuración de aguas residuales de poblaciones cercanas, tiene como objetivo mejorar la calidad del efluente antes de verterlo al lago: de nada sirve echarle hectómetros de agua a l’Albufera si está sucia. Para ello, la última etapa se desarrolla en los tancats (llamados así porque estaban cercados y presentan, además, una particularidad: se encuentran por debajo del nivel del lago), justo al borde la orilla. Y durante los años que llevan en marcha, se ha comprobado cómo la calidad del agua aumenta poco a poco, y cómo ello repercute directamente en la fauna y flora presente. Desde la presencia cada vez más habitual de plantas subacuáticas (los llamados macrófitos, que denotan transparencia y calidad), a visitantes mucho más vistosos, como los flamencos. Parte de la avifauna de l’Albufera ha detectado que en estos refugios hay mejores condiciones, y ello ha ocasionado también algún problema ( como que los vean como un “banquete” y acaben con semillas, frutos y plantas). Y, por supuesto, también se ha aprovechado para reintroducir aquellas especies que habían sido desplazadas del marjal por el empeoramiento de las condiciones: desde el pequeño samaruc (un pez endémico del litoral valenciano) hasta galápago europeo y leproso, tortugas autóctonas que habían visto reducido su hábitat.

Pero Milia y l’Illa no son los únicos tancats que ejercen de filtro verde: desde hace años también está en marcha el Tancat de la Pipa, que pretende ser una máquina del tiempo ambiental. Su intención declarada es intentar devolver una parte de l’Albufera a cómo era hacia 1960. ¿Es ello posible?  Tras años de restauración ecológica y de recuperación de terrenos que eran un antiguo arrozal, el espacio bulle de biodiversidad, a la vez que se ha convertido en un centro de atracción para turistas de naturaleza. La clave de todo ello ha sido una buena gestión del agua, que tras pasar por distintos filtros verdes (algunos de los cuales ahora están amarillos, por la floración de los lirios), acaba el recorrido con mucha mejor calidad, y es capaz de ofrecer condiciones idóneas para el establecimiento de la fauna y flora habituales del lago antes del declive de finales del siglo pasado.

Lirios

Lo que parecía un experimento de sexto de primaria puede convertirse, efectivamente, en una forma eficaz y sostenible de depurar un enorme parque natural. Sin embargo, no debe olvidarse que la depuración previa de las aguas es esencial: los filtros verdes no pueden hacer todo el trabajo por sí solos. Experiencias como la del lecho del Plan Sur, que no llegaron a finalizarse, deberían ser retomadas para seguir mejorando la calidad del agua que vertemos a nuestro espacio natural más preciado. Si continuamos investigando y trabajando, quizás en unos pocos años no necesitemos abrir un álbum de fotos para ver cómo era l’Albufera cuando se podía ver el fondo.

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