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¿Se puede ganar la guerra contra Airbnb?

Turistas vienen y van un día cualquiera en Malasaña.

Lo que está pasando a las ciudades con el tema de los apartamentos turísticos se puede explicar muy fácil remezclando ese microrrelato de Monterroso, probablemente el más manoseado del mundo: cuando despertaron, Airbnb ya estaba por todas partes. Pero una cosa es explicarlo fácilmente y otra es que se pueda solucionar igual.

El viernes se presentó por fin el Análisis del impacto de las viviendas de uso turístico (VUT) en el Distrito Centro, encargado por la Junta Municipal. El estudio, realizado por la consultora Red2Red, es extenso y profundo y está documentado con otros informes –a veces parciales de uno y otro lado (Airbnb o la patronal turística Exceltur)–, entrevistas a responsables políticos, expertos y colectivos vecinales, encuestas a propietarios, auditorías varias y literatura académica.

Resumen en cifras: hasta 9.723 VUT (viviendas de uso turístico) en el distrito, el 80% de ellas casas completas. Un 12,3% del total de las viviendas de Centro, nada menos. En Sol, el porcentaje es del 31,2%, pero es en Embajadores (Lavapiés) y Universidad (Malasaña) donde hay más volumen de VUT. La oferta crece a toda mecha: en 2016 el número de reservas aumentó un 35%. Cada mes, sube entre 2.000 y 3.000 sólo en el distrito estudiado, locurón. Y, finalmente: el 58% de los anunciantes son multipropietarios o agencias.

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Por qué la última idea de Elon Musk es más vieja que la tos

Captura del vídeo de presentación de la empresa The Boring Company, de Elon Musk

Primavera de 2017, Silicon Valley. Elon Musk para el pulso del mundo al anunciar su último proyecto: una red de túneles en Los Ángeles para llevar coches de un lado a otro a 200 km/h a través de plataformas. Es más que una idea, es una empresa con nombre juguetón, The Boring Company, y con ingenieros a sueldo. El creador de los coches eléctricos Tesla, de la empresa privada de transporte aeroespacial Space X y de las soluciones para la vida con energía solar SolarCity está seguro de haber imaginado la solución para el problema del tráfico y, así, el hallazgo que nos llevará bien llevados al futuro de las ciudades. Se equivoca dos veces. La cosa no sólo no es un hallazgo, más bien es una evolución de lo mismo de siempre, y, desde luego, no soluciona nada sino todo lo contrario. Rebobinamos.

Primavera de 1859, Barcelona. El Gobierno de España, pese a la oposición del Ayuntamiento, firma el decreto que pone en marcha el conocido como Plan Cerdá; un año después empiezan las obras del Ensanche. Ildefons Cerdá i Sunyer fue un ingeniero, urbanista y jurista catalán, un progresista convencido de que el diseño urbano podía ayudar a acabar con la desigualdad. Su propuesta de Ensanche, unánimemente rechazada por sus conciudadanos entonces, pero hoy bastante apreciada por casi todos los barceloneses (no por Eduardo Mendoza, que en La ciudad de los prodigios le pega un buen meneo), proponía un diseño en cuadrícula, sin un centro, con manzanas amplias que se aprovechaban de la circulación del viento, parques y jardines interiores y una anchura de calles entonces inaudita que anticipó la llegada de los coches de forma consciente: Cerdá estaba convencido de que acabaríamos moviéndonos en vehículos… a vapor. Él sí fue un visionario.

Invierno de 1909, París. El 20 de febrero se publica en Le Figaro el Manifiesto Futurista redactado por el italiano Filippo Tommaso Marinetti, en principio una transgresión pensada para el arte y la literatura pero que acabó influyendo en muchos otros ámbitos como la arquitectura, la moda e incluso la política de Benito Mussolini. El Manifiesto contenía puntos como: "Queremos cantar el amor a la energía (…). Afirmamos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad (…). Queremos alabar al hombre que tiene el volante, cuya lanza ideal atraviesa la Tierra, lanzada ella misma por el circuito de su órbita".

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'La ciudad de las bicis': un evento para volver a celebrar la bici en las ciudades

El cartel de 'La ciudad de las bicis', uno de los eventos más ambiciosos en torno a la bicicleta como herramienta de transformación.

Existió un tiempo en que la bicicleta era un artefacto que caía bien a todos, que se veía como un vehículo para cambiar los hábitos de los ciudadanos y de las ciudades. Ese tiempo fue hace cinco minutos pero ahora parece tan lejano como el primer bostezo de la Eva mitocondrial. Hoy, la bicicleta es un arma que, al menos en España, se arrojan unos y otros en el ring de la política de partidos por eso de ganar unos votos. Otra cosa tonta del circo que tienen montado, porque la bici sigue siendo un hallazgo. De hecho, es quizás el único que ha conseguido ser el invento del siglo dos veces. Primero, cuando vivió a principios del XX su histórico bum y, unos 100 años después, cuando muchas ciudades se dieron cuenta de que tenían en sus trasteros una de las mejores soluciones para los problemas de movilidad, salud y calidad del aire que hemos ido acumulando con el paso de la modernidad.

El caso es que este mes la bici está de celebración. Lo está porque este 19 de abril es el Día de la Bicicleta, que conmemora con toda la guasa el viaje a pedales que hizo Albert Hofmann en 1943 por Basilea, conducido por su ayudante y después de ingerir por primera vez de forma voluntaria la fórmula que le hizo famoso, el LSD-25. También porque se está celebrando estos días el sexto  Foro Mundial de la cosa en México, la gran cita más que mundial americana del asunto. Y, también, porque a partir el jueves 27 empieza en Zaragoza La ciudad de las bicis, uno de los acontecimientos ciclistas más ambiciosos propuestos en España, un evento que en realidad son tres.

Uno: el XIV Congreso Ibérico La bicicleta y la ciudad, que es el punto de encuentro para los colectivos que forman ConBici, la coordinadora que aglutina a más de 60 asociaciones ciclistas españolas, y la Federación Portuguesa de Cicloturismo y Usuarios de la Bicicleta (FPCUB). Dos: el I Foro Internacional Zaragoza es bici, que reúne a expertos de todo el mundo para reflexionar y hablar del estado de la cuestión. Y tres: el II Festival Urbano Culturas ciclistas, una cita abierta a la ciudad con conciertos, exposiciones, competiciones y lo que haga falta. Es decir, un potaje de activismo, academia y fiesta con muy buena pinta.

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El futuro pasa por no tener un coche autónomo

El prototipo de coche autónomo de Volkswagen tiene esta pinta y se propone para 2025.

Hace unos días se supo que Uber había suspendido el programa de pruebas de sus vehículos autónomos e, inmediatamente después, se oyó un "oh" muy grande en todo el planeta. Y es que hay palabras apisonadora que aplastan cualquier debate. Dinero es la principal. Pero hay otras. Tecnología, por ejemplo. Parece que la innovación es buena por definición y que cualquier cosa que sea nueva y, ahora, digital nos la tenemos que tragar como si fuese la pastilla azul. Ahí están el proceso de datos y la inteligencia artificial, que muy bien pero que está por ver que sean buenos para todos o sólo para unos pocos. Y aquí al lado, al lado de ese big data y esa IA y al lado en el tiempo, está el asunto del coche autónomo.

El concepto es tan deslumbrante que provoca que un medio de referencia en materia urbana como Citylab empiece un texto con un subidón de hipérboles que ni José Luis Moreno en una de sus presentaciones: "Las expectativas son enormes. El coche autónomo es, sin duda, la gran promesa tecnológica del siglo XXI. Una de ésas raras tecnologías que puede cambiar el mundo (…) Tanto es así, que su increíble potencial para salvar vidas es secundario frente a otras transformaciones económicas, culturales y estéticas que causará". Sigue el colocón, digo el párrafo, hablando de la movilidad independiente que permitirá a invidentes, por ejemplo, pero también de cómo creará y destruirá industrias y transformará la forma en que las ciudades se diseñen y conecten. Y aquí es donde empieza la bajona.

Ahora que las ciudades de todo el mundo están replanteándose su diseño y su forma de conectarse y moverse precisamente restando coches a su ecuación, viene la revolución tecnología a cortar el rollo y, cambiando de piel, tratar de que sigamos atascados en el mismo problema. El reportaje de Citylab hace un repaso sobre quiénes son y dónde están las marcas que están desarrollando prototipos de estos vehículos. Habla de Uber, de Tesla, de Apple, de Waymo (el proyecto de Google) y se deja a muchas de las marcas tradicionales que también tienen las manos en la masa. Y lo hace sin poner en cuestión el beneficio real del invento para las ciudades y para las personas.

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La ciudad que quiere Madrid, ¿es turística o no tanto?

El aumento del turismo es también una oportunidad para plantearse el modelo de ciudad.

Dice Wikipedia que España es uno de los tres países más visitados del mundo y que el turismo representa el 11% del PIB. Los reclamos son el sol, la playa, la montaña, la historia, los monumentos, la comida, la bebida y los que decidamos. Porque, aunque hay quien piensa que esto pasa porque hemos sido el pueblo elegido por Dios para plantar su toalla, la realidad es que hay detrás un trabajazo para atraer a los millones de personas que nos visitan cada año. Del personaje representado por Paco Martínez Soria en El turismo es un gran invento a David Pérez, el alcalde de Alcorcón, que primero lo intentó con Eurovegas y ahora con el mayor centro budista de Europa, no hay mucha distancia (en casi ningún sentido).

En este país llevamos años invirtiendo esfuerzo y dinero en convertirnos en hoteleros y camareros y lo hemos conseguido. Somos sector terciario. En la costa no cabe una paella más y quizás por eso ahora estamos trayendo gente a las ciudades. Y la gente viene porque es tendencia y se ha convertido en costumbre lo de hacer checkin en urbes de todo el mundo para colgar la experiencia por las redes pero también porque es fácil y barato. Líneas áreas low cost, hostels y hotelitos con encanto, apartamentos turísticos, comparadores de precios, agencias de turismo experiencial… Tenemos el mundo al alcance de nuestra mano y lo agarramos fuerte sin importarnos las consecuencias, que las hay.

Y aquí es donde me empiezan a caer sopapos. Porque no se puede cuestionar el modelo turístico sin quedar aplastado con el argumento único: la riqueza y el empleo que aporta. Riqueza sin sujeto y empleo sin matices, pero qué más da.

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Madrid está cambiando y (aquí el titular que nunca leerás) a mucha gente le gusta

En la calle de la Palma y en muchas otras se está ampiando el espacio para los peatones.

Uno mira hoy Madrid y contempla algo que hacía años que no pasaba. Algo que antes era tan corriente que hasta un actor de visita promocional, Danny de Vito, lo tuvo que retratar en una frase tan graciosa como certera: "Muy bonito Madrid pero a ver si encuentran pronto el tesoro que están buscando". Tres lustros atrás vivíamos en una obra continua, con todas las calles levantadas casi todo el tiempo, generalmente para hacer túneles y poder meter así más coches en la ciudad. Desde hace un mes, han vuelto los agujeros y las vallas pero con el objetivo contrario: ampliar aceras, quitar carriles de circulación de algunas calles, meter por fin unos pocos carriles bici.

En principio, es una buena noticia que debería alegrarnos. Los expertos en urbanismo, movilidad, medio ambiente y hasta economía coinciden en que hay que recuperar espacio para las personas en las ciudades, invertir en transporte público y fomentar el uso de la bicicleta como alternativa al coche. Sin embargo, no sólo no todo el mundo está alegre sino que hay mucha gente muy enfadada.

Está enfadada Esperanza Aguirre, claro, a la que todo esto le parece cochofobia. Están enfadados unos cuantos vecinos de Santa Engracia, donde las aceras se están haciendo más anchas y se está abriendo una vía ciclista segregada, a los que preguntó el redactor de esta noticia de ABC. Estaba enfadada la chica que me crucé el otro día por la calle de la Palma y que hablaba por teléfono con su padre desesperada porque no sabía dónde dejar el coche después de que hubieran empezado las actuaciones para quitar la banda de aparcamiento y ampliar así las aceras ("es que no han avisado a nadie", se lamentaba con algo de razón). Están enfadados algunos ciclistas habituales que consideran el carril bici como el peor de los males. Y están enfadados muchos conductores, supongo.

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Contra la cultura de la ciudad sucia

Algún día, toda esta porquería fue nuestra.

El Ayuntamiento de Barcelona va a estar todo el año 2017 con una campaña de sensibilización recientemente presentada que quiere mejorar el aspecto de sus calles.  La acción trata de conseguir que la gente se corte de ensuciar el espacio público a través de la labor de cien informadores de diversas nacionalidades que explicarán a vecinos, comerciantes y turistas que mantener la ciudad limpia es cosa de todos. Los educadores hablarán varios idiomas además del catalán y el castellano; francés e inglés por eso de los visitantes, pero también chino o árabe para hacer entender a los que vinieron para quedarse.

Barcelona, así, da un paso más que el que dio Madrid hace algo más de un año con esos carteles que aún nos aluden con mensajes ilustrados y que invitan a mantener limpia "la ciudad que quieres". Hay más: Bilbao, también recientemente, ha propuesto una campaña para impulsar los valores cívicos y la responsabilidad en el mantenimiento del lugar. El argumento conceptual lo clava: "Bilbao es tu casa".

En realidad, los ejemplos de campañas de este tipo en España son muchos y señalan algo evidente: las ciudades están sucias. Uno no sabe si más o menos que antes, porque, cosas del siglo siglo XXI, no hay datos fiables. En Madrid, por ejemplo, si hago caso a la alcaldesa tengo que pensar que la ciudad está un poco más limpia que en el anterior mandato. En cambio, si hago caso a mi hermana, pensaré que está más sucia. El hecho, y en eso coinciden las dos, y yo mismo, es que las calles están llenas de porquería. Y resulta que tal cosa es la  segunda principal preocupación de por aquí. Fascinante.

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Madrid, la ciudad que decide la ciudad

La campaña del Ayuntamiento de Madrid para animar al voto.

El lunes empezó una semana grande para la ciudad de Madrid. Del 13 al 19 de febrero, todos los empadronados mayores de 16 podemos votar sobre varios asuntos urbanos: los dos proyectos finalistas para la reforma de Plaza de España, detalles sobre la ampliación de aceras de Gran Vía, las dos propuestas ciudadanas salidas de la web de participación (Madrid 100% sostenible y billete único para el transporte público) y, en algunos distritos, temas locales varios. Se puede  votar online en Decide.Madrid.es y presencialmente en urnas en la calle (Atocha, Sol, Plaza de España o Callao), centros culturales, juntas municipales, oficinas de Línea Madrid y Foros Locales. También se puede votar por correo, gracias al envío que papeletas que hizo el Ayuntamiento y por el que ya se han recibido en torno a 100.000 votos. Qué bien.

Muy bien porque Madrid vive así una experiencia única en España y bastante excepcional en todo el mundo, un estupendo ejercicio de democracia directa que acerca a la gente a los asuntos del lugar en que vive y le permite, primero, ser consciente, informarse y reflexionar sobre ellos y, luego, elegir al respecto.

Hay quien sostiene, sin embargo, que no estamos preparados para participar, que no podemos decidir sobre asuntos técnicos, que eso tiene que ser cosa de expertos. Al habla con Pablo Soto, delegado del Área de Participación Ciudadana, Transparencia y Gobierno Abierto, responde: "Es un argumento habitual que olvida que los representantes políticos y los técnicos tampoco tienen superpoderes para saber lo necesario en todas las materias ni, mucho menos, lo conveniente para toda la ciudadanía. Además, allí donde estos procesos llevan tiempo sucediendo se sabe que las decisiones son mejores cuando las puede asumir un numero muy grande de personas que cuando las toma un grupo reducido".

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El Gobierno quiere más coches y peores ciudades: se carga los carriles Bus/VAO

Con la nueva resolución, el carril Bus VAO pierde su esencia y su eficacia

"Lo malo del gobierno es que gobierna", como cantaba Triángulo de Amor Bizarro en aquella canción. Ahí está el Ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, preocupado por las víctimas de accidentes de circulación –que en 2016 fueron 29 más que en 2015, la primera vez que sube el número en 13 años– y pasando por eso a la acción. El martes presentó las quince flamantes y urgentes medidas diseñadas por la DGT para parar la cosa: más radares, más control para que llevemos el cinturón, más atención a la velocidad, más señales, más vigilancia en general y, cómo no, un plan estatal de educación vial. La noticia ha salido en todos lados y se ha sumado a otra reciente en la que se anunciaba la reducción de la velocidad en tramos con abundancia de ciclistas. Muy bien, ¿no?

No. El Ministro está tan on fire que se ha pasado de frenada y ha anunciado también el fin de los carriles Bus VAO. Bueno, en realidad él no lo ha contado así –tampoco los medios que lo han recogido ni la oposición– pero eso es lo que va a pasar gracias a la  Resolución de 2 de enero de 2017 publicada en el BOE y con las que se establecen medidas especiales de regulación del tráfico durante este año.

La DGT ha decidido que por esos carriles destinados hasta el momento a transporte público y vehículos con dos o más ocupantes pase ahora todo quisque. Taxis libres, coches de uso compartido y vehículos con distintivos Eco, C y B —éstos, cuando lo indiquen los paneles— son los nuevos invitados, o sea, algo así como el 50% del parque móvil. ¿Por qué? Pues, según explica la resolución que esconde el asunto, "por razones de seguridad vial, movilidad y de fluidez de la circulación".

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El turismo puede acabar con tu ciudad... y Madrid ya se va enterando

"Madrid no está tan mal como Barcelona" no debería ser un consuelo sino un aviso para actuar.

Hace unos cuantos meses publicaba por aquí un texto titulado El turismo puede acabar con tu ciudad… y no lo sabes. Contaba cómo muchas ciudades estaban viendo las orejas al modelo de turismo masivo que deja mucho dinero pero también unos cuantos problemas. Hablaba de algunos remedios puestos en marcha por allí y del peligro de la reproducción sin control de los apartamentos turísticos por todas partes. Preguntaba a responsables de Comunidad y Ayuntamiento (Carlos Chaguaceda, director general de Turismo de Madrid, y Luis Cueto, coordinador general de Alcaldía) y comprobaba que mostraban algo de preocupación pero nada de acción.

El martes, en una reunión en el Palacio Municipal de Congresos, se presentaban los resultados de un informe sobre el sector hotelero en Madrid, un estudio realizado por el área de Desarrollo Urbano Sostenible con datos de 2015 y que concluye, y esto lo copio de la nota de prensa, que "no se han producido problemas de saturación similares a otras ciudades como Barcelona". Al encuentro asistieron concejales de todos los grupos políticos, representantes de asociaciones del sector turístico, hoteleras y de apartamentos privados, además de colectivos ciudadanos. Antes de la exposición de datos, hablaron José Manuel Calvo, responsable del área de Desarrollo Urbano Sostenible, Jorge García Castaño, concejal de Chamberí y Centro, y el mismo Luis Cueto (citado anteriormente). Luego, hubo un par de turnos para opiniones y preguntas. Se dijo que sería la primera de más reuniones recurrentes para tratar este tema que, parece que ahora sí, tiene inquieto al personal municipal. Muy buena noticia.

Hace unos cuantos meses casi nadie daba señales de vida a este respecto, los pisos turísticos se comían a bocados la oferta de alquiler, los precios subían en ascensor, los barrios céntricos se iban vaciando, pero fenomenal todo. Sólo medios pequeños pero ágiles como Somos Malasaña hablaban de esto que se está llamando turistización (y lo siguen haciendo, ojo a esta recopilación de artículos). De entre los gobernantes, el primero en ponerse alerta fue Jorge García Castaño, para el que es uno de los retos clave, junto a la movilidad, de la ciudad. Y quien, por cierto, ha encargado un estudio sobre la verdadera implantación de pisos turísticos en el distrito Centro que se presentará en breve.

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