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Infiniti Q50 2.2d: alemán parece, japonés es

Excelente imagen de marca, amplias posibilidades de equipamiento y sobresaliente confort de marcha son los principales argumentos de Infiniti para competir en el segmento de las berlinas de lujo, dominado históricamente por los fabricantes alemanes

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Infiniti Q50.

Infiniti Q50.

En el selecto club de las berlinas medias de lujo, hay vida más allá de las marcas alemanas. El Infiniti Q50, antes denominado G37, es un sedán de cuatro puertas, cinco plazas y 4,80 metros de largo que rivaliza con los claros dominadores de la categoría: Audi A4, BMW Serie 3 y Mercedes Clase C. Excelente imagen de marca, amplias posibilidades de equipamiento y sobresaliente confort de marcha son sus principales bazas.

El Infiniti Q50 arranca en los 33.000 euros, precio inferior al de la mayoría de alternativas. La gama se ha simplificado al máximo, de manera que se apuesta por una oferta reducida únicamente a dos versiones, aunque muy bien escogidas: un Q50 híbrido de 364 caballos de potencia -motor gasolina y eléctrico- como demostración de rendimiento y tecnología y un Q50 diésel de 170 CV, una opción más razonable, asequible y demandada por el target del segmento.

El Infiniti Q50 cuenta con dos motorizaciones, una diésel de 170 CV o una híbrida de 364.

El Infiniti Q50 cuenta con dos motorizaciones, una diésel de 170 CV o una híbrida de 364.

La gran novedad para competir en Europa es la introducción de esta segunda variante. Con una cilindrada de 2.143 cc, Infiniti ha mantenido el bloque, el turbo, el escape y la inyección de Daimler, implementando una nueva admisión, refrigeración, cárter y unidad de control. Esta motorización se combina con la tracción a las ruedas posteriores y una caja de cambios manual de seis velocidades o automática de siete.

Con la automática, el Infiniti Q50 2.2 desarrolla su máxima potencia a 4.000 rpm y su par máximo, de 400 Nm, entre 1.600 rpm y 2.800 rpm, anunciando unas prestaciones algo inferiores a las de su competencia (8,5 segundos en aceleración de 0 a 100 km/h por los 7,2 de un BMW 320d, por citar un ejemplo) y un consumo ligeramente superior (4,5 litros a los 100 kilómetros por los 4 de la berlina de Múnich).

Por encima de otras consideraciones, el Infiniti Q50 es un vehículo perfecto para viajar con comodidad, principalmente por sus asientos: ajustes variados para sujetar el cuerpo de manera impecable. Si a esto se le suma la excelente calidad de rodadura y el aislamiento acústico -menos del motor, que en frío transmite más ruidos y vibraciones de las deseables en un coche premium-, el resultado final es el de una berlina de claro carácter rutero.

El Q50 es el modelo con que Infiniti compite con los Mercedes Clase C o BMW Serie 3.

El Q50 es el modelo con que Infiniti compite con los Mercedes Clase C o BMW Serie 3.

No es un deportivo, ni pretende serlo, pero sí tiene su punto divertido. Por chasis, suspensiones y rigidez torsional, enlaza curvas con agilidad. Solo hay un elemento divergente, que le deja un puntito por detrás que sus rivales en esta faceta: la dirección. La marca lo denomina Drive by Wire, esto es, no hay conexión mecánica entre el volante y las ruedas, trasladando las órdenes a través de un conjunto de motores y centralitas.

Esta dirección, cien por cien eléctrica, modifica no solo el esfuerzo que hay que hacer sobre ella, sino también la desmultiplicación, con características preestablecidas para los modos de conducción Snow, Estándar y Sport, y configurable a voluntad del conductor para el modo Personal en tres niveles de esfuerzo.

Por lo demás, el Infiniti Q50 es un elegante sedán, que, gustos personales aparte, destaca por una impronta exterior de categoría. Por dentro, ocurre más de lo mismo. La calidad de los acabados y el esmero general en su fabricación es más que satisfactorio. Quizás por ponerle una tacha, los más avezados percibirán que algunos de los botones, palancas o grafismos son comunes con su marca matriz Nissan, restándole algo de glamour al asunto.

El Infiniti Q50 arranca en los 33.000 euros, un precio inferior al de sus competidores.

El Infiniti Q50 arranca en los 33.000 euros, un precio inferior al de sus competidores.

En materia tecnológica, mención especial merece el sistema de infoentretenimiento, compuesto por dos grandes pantallas, dispuestas una encima de otra en la consola central. La superior es de ocho pulgadas y proyecta los mapas de la navegación -algo anticuados- y la cámara trasera; la inferior es de siete y gestiona climatizador, tren de rodaje, audio o aplicaciones para el teléfono móvil.

Infiniti implementa un importante número de asistentes a la conducción, como, por ejemplo, la alerta por cambio involuntario de carril y el de mantenimiento de carril; un sistema de detección de objetos en el ángulo muerto; un dispositivo que, en maniobras, avisa e interviene sobre los frenos en caso de riesgo de colisión con el tráfico transversal; o el programador de velocidad activa.

En otro orden de cosas, destacan equipamientos como el climatizador de dos zonas con purificador de aire, la conexión por Bluetooth para un máximo de cinco teléfonos móviles, o la función i-Key que permite almacenar en la llave las preferencias de un máximo de cuatro conductores, memorizando la posición de conducción, la temperatura ideal en el habitáculo y ajustes del sistema de sonido y navegación.

La doble pantalla en la consola central del Infiniti Q50.

La doble pantalla en la consola central del Infiniti Q50.

Y, por último, la habitabilidad. El Infiniti Q50 es un vehículo del segmento D que, gracias a una generosa batalla de 2,85 metros, configura un habitáculo espacioso, aunque siempre pensando en cuatro y no en cinco ocupantes -la plaza central trasera queda comprometida por el diseño del respaldo y el voluminoso túnel de transmisión-, y un maletero amplio con 500 litros de capacidad -eso sí, de formas irregulares-.

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