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EXTREMADURA

Vías Verdes, una ventana para descubrir la biodiversidad española

Una de ellas es la de la Jara, entre los Montes de Toledo y las Villuercas

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Vías Verdes, una ventana para descubrir la biodiversidad española

EFE

Las Vías Verdes, los antiguos trazados de ferrocarril en desuso acondicionados como itinerarios no motorizados, se han consolidado como una de las mejores opciones para descubrir por qué España es el país con la mayor y la más variada biodiversidad de Europa.

Desde que hace más de veinte años la Fundación de los Ferrocarriles Españoles pusiera en marcha esta iniciativa se han recuperado 2.500 kilómetros de los casi 8.000 de antiguas líneas ferroviarias que ya no están en servicio y se han acondicionado un total de 120 vías.

Conceptos como los de ocio activo, saludable, accesibilidad universal o movilidad sostenible se asocian de forma directa con la filosofía con la que nacieron las Vías Verdes, itinerarios que transitan por muchos de los más valiosos y representativos paisajes de la península.

Aprovechar los antiguos trazados ferroviarios -carentes de desniveles pronunciados- evita nuevas intervenciones en la naturaleza y reduce los impactos sobre el medio natural, y permite la interconexión de numerosos espacios naturales con centros de interés patrimonial o cultural y con núcleos de población.

Las Vías Verdes constituyen también una oportunidad para promocionar el desarrollo rural y dinamizar las economías locales y la creación de empleo, porque además del propio acondicionamiento del itinerario se requieren servicios y equipamientos complementarios, restaurantes, alojamientos, empresas de alquiler de bicicletas o caballos y en muchos lugares se han abierto "ecomuseos" o se han rehabilitado las antiguas estaciones de tren como centros de atención a los visitantes.

Algunas, la mayoría, están en desuso, pero otras, muy pocas, nunca llegaron a tener un uso; es el caso de la Vía de la Sierra, un itinerario de 36 kilómetros que discurre por varios espacios naturales de las Sierras Béticas, paralela en algunos tramos a varios ríos y que se aproxima hasta permitir la contemplación de la peña de Zaframagón (entre Cádiz y Sevilla), donde se encuentra una de las reservas de buitres más importantes de Europa.

También nació muerto el ferrocarril que se diseñó para unir Talavera de la Reina con las Vegas Altas del Guadiana en Extremadura, porque la orografía y la ingente cantidad de obras de ingeniería que eran necesarias hicieron que se diera carpetazo a ese proyecto.

Pero de él nació la Vía Verde de la Jara, que discurre entre los montes de Toledo y el macizo extremeño de Las Villuercas, un itinerario que atraviesa varios espacios que están incluidos en la red europea Natura 2000 y que permite asomarse a algunos de los paisajes peninsulares más iconográficos y representativos: el monte mediterráneo, las dehesas, los jarales o los bolos graníticos.

Las Vías Verdes se adentran también en la arqueología industrial, sobre todo en las raíces de la minería, y por ejemplo la de Laciana, entre Villablino y Caboalles de Arriba (León), cruza valles mineros y exhibe un espacio con desniveles que oscilan entre las cumbres de casi 2.000 metros de altura y los profundos valles a menos de 800, un itinerario salpicado de pastizales de montaña, roquedos, robledales, abedulares, castañares o bosques de ribera.

Acumula esta zona tal cantidad de especies de fauna protegida que está incluida también en la red europea Natura 2000.

La interconexión de varios de estos itinerarios permite cubrir largas distancias, y bajar por ejemplo por senderos acondicionados para una movilidad no motorizada desde los Pirineos hasta el mar Mediterráneo.

Son las Vías Verdes una de las mejores alternativas para adentrarse en el patrimonio natural español, pero también para conocer impresionantes obras de ingeniería (viaductos de hierro o túneles) y acceder a esa parte del patrimonio cultural, histórico y etnográfico más alejada de los destinos turísticos más tradicionales y populares.

Para descubrir también que es verdad que se puede construir una línea de ferrocarril en tan sólo cuarenta días, como la que encargó Juan Negrín durante la Guerra Civil para abastecer a la ciudad de Madrid durante el asedio por las tropas de Franco. Efímera fue su construcción y también su vida, pero el itinerario sobrevive hoy como vía verde entre terrenos agrícolas, vegas y trincheras.

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