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Alonso de Alvarado, mariscal y capitán del Perú

Alonso de Alvarado (Secadura, 1500 - Lima, c. 1556) fue uno de los hombres de confianza de Francisco Pizarro en Perú. Participó en la conquista del imperio Inca, fundó ciudades y exploró las selvas sudamericanas en busca de El Dorado.

Tuvo un papel destacado durante las guerras que enfrentaron a Pizarro y a Almagro. Carlos I lo nombró Mariscal del Virreinato de Perú y le encargó la misión de pacificar a los conquistadores que se sublevaron contra la metrópoli.

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Ilustración de Alonso de Alvarado. | GERMÁN ALONSO

Ilustración de Alonso de Alvarado. | GERMÁN ALONSO

En 1554 Alonso de Alvarado es un capitán vencido que huye a lomos de un caballo. Hace solo unas horas que ha perdido la batalla de Chuquinga ante las tropas sublevadas de Hernández Girón. Lleva una herida de arcabuz en el cuello, pero se mantiene erguido sobre la grupa del animal. En Nazca lo ven pasar, escoltado por treinta caballeros, camino de Lima, en silencio y con el rostro alucinado de alguien que acaba de asistir a la escena final de su vida. Cuando consiga llegar a Lima se encerrará en su casa y se negará a pronunciar palabra. En lo que a él respecta, y a efectos prácticos, ha muerto durante la batalla. Los médicos que lo atienden diagnostican que Alonso Alvarado, corregidor de Cuzco, mariscal del Perú, explorador y fundador de ciudades, está enfermo de melancolía.

En 1535 Alonso de Alvarado es el primer español que se adentra en la selva amazónica del Perú. Lo hace al mando de veinte hombres, siguiendo las directrices de Francisco Pizarro. La expedición remonta los Andes y llega al territorio de los Chachapoyas. Los indígenas, que sufren desde antiguo la dominación del imperio Inca, reciben de buen grado a los españoles. Creen que son enviados de los dioses que han venido para liberarlos. Les entregan oro y plata. Alvarado regresa a Lima, recluta más hombres y vuelve a la selva para establecer una alianza con los nativos y fundar la ciudad de San Juan de la Frontera de Chachapoyas.

La vida de Alvarado, nacido en Secadura, en la comarca de Trasmiera, en el año 1500, no puede trazarse fuera del contexto de la conquista española del Perú. Como todos los hombres que participaron en ella, Alvarado cometió atrocidades. Espoleado por la ambición exploró, luchó contra una tierra extraña en la que engendró hijos mestizos, venció, fue vencido, conquistó y fue conquistado. Quizás en los últimos años de su vida, nublados por la locura, alcanzó a comprender que no moría en una tierra extraña.

La actual ciudad de Chachapoyas, en el departamento de la Amazonia de Perú, fue fundada por Alvarado en 1536 con el nombre de San Juan de la Frontera de los Chapapoyas. Actualmente la ciudad tiene 30.000 habitantes. Se encuentra a 1.200 kilómetros de Lima.

La actual ciudad de Chachapoyas, en el departamento de la Amazonia de Perú, fue fundada por Alvarado en 1536 con el nombre de San Juan de la Frontera de los Chapapoyas. Actualmente la ciudad tiene 30.000 habitantes. Se encuentra a 1.200 kilómetros de Lima.

En 1536 Pizarro llama a Alvarado de regreso a Lima para sofocar la revuelta del Manco Inca, un jefe indígena, antiguo aliado de los españoles que se ha alzado contra los conquistadores. Es el ataque más serio al que se enfrenta Pizarro desde la ejecución de Atahualpa, el último soberano del imperio Inca, en 1533. Manco recluta a 20.000 hombres y pone sitio a Cuzco, defendida por menos de doscientos soldados al mando de los hermanos de Pizarro, Hernando y Gonzalo.

Para llegar a Lima, Alvarado recorre más de 1.200 kilómetros a través de la selva y las montañas. En su avance suma aliados al tiempo que castiga a los insurgentes. Marcha al frente de ciento cuarenta soldados y varios miles de indios chachapoyas. Evita la caída de Trujillo y llega hasta Lima, donde las tropas de Pizarro han conseguido apagar la rebelión indígena. Desde Lima, Alvarado se interna en los Andes, sostiene varios combates y somete a los aliados de los incas. En esta parte de la historia se funden la crónica y la leyenda negra. Algunas fuentes retratan a Alvarado cortando las manos y las narices de los hombres que han luchado de parte del Manco Inca, marcando con un hierro al rojo vivo el rostro de los prisioneros.

Antes de llegar a Cuzco, Alvarado se detiene durante cinco meses en Jauja con el objetivo de pacificar la zona. Allí concierta alianzas con las huancas, que como los chachapoyas se pondrán al lado de los españoles, catalizadores de una revolución indígena contra el imperio Inca hasta entonces latente.

Mientras tanto Diego de Almagro, gobernador de Nueva Toledo, entra en Cuzco, a la que considera dentro de su jurisdicción, y pone en fuga a los sitiadores del Manco Inca. Nada más tomar la ciudad apresa a Gonzalo y a Hermando Pizarro. Es el comienzo de la guerra civil entre pizarristas y almagristas. Cuando Alvarado llegó a Cuzco, las tropas de Almagro cayeron por sorpresa sobre su campamento. El 12 de julio de 1537, cerca del puente sobre el río Abancay, Alvarado fue derrotado y enviado a Cuzco como prisionero.

En 1534 Alonso de Alvarado acaba de llegar a Perú. Acompaña a su tío Pedro de Alvarado, uno de los principales capitanes de Hernán Cortés durante la conquista de México. Pedro de Alvarado, nombrado Adelantado de Guatemala después de la toma de Tenochtitlán, ha pasado a la historia como el principal responsable de la matanza del Templo Mayor, un ataque sorpresa que acabó con la muerte de centenares de miembros de la nobleza azteca que preparaban la fiesta de Tóxcatl.

La ciudad de Cuzco, en la cordillera de los Andes, fue la capital del imperio Inca antes de la llegada de los españoles. Durante la revuelta del Manco Inca, 20.000 indígenas la sitiaron sin éxito. En su plaza mayor fueron ejecutados Diego Almagro y su hijo, Diego Almagro el Mozo.

La ciudad de Cuzco, en la cordillera de los Andes, fue la capital del imperio Inca antes de la llegada de los españoles. Durante la revuelta del Manco Inca, 20.000 indígenas la sitiaron sin éxito. En su plaza mayor fueron ejecutados Diego Almagro y su hijo, Diego Almagro el Mozo.

Pedro de Alvarado llegó a Perú atraído por las noticias de una tierra llena de oro. Consiguió licencia real y armó una flota que desembarcó en la bahía de Caráquez, en el actual territorio de Ecuador. Remontaron la costa y se internaron en las montañas hasta Quito. Desde allí cruzó los Andes y llegó hasta Ambato. Los meses de travesía debilitaron a su ejército, que llegó a Ambato solo para descubrir que Diego de Almagro y sus hombres habían llegado primero.

Incapaz de hacerle frente, llegó a un acuerdo amistoso, cedió sus barcos y sus hombres a cambio de una indemnización y volvió a Guatemala. Su sobrino decidió quedarse en Perú. En Ambato, Alonso de Alvarado se encontró por primera vez con Almagro, el hombre que tres años después lo derrotaría en Abancay y lo encerraría en una mazmorra de Cuzco.

En 1538 Alvarado forma en el ejército de Pizarro que se prepara para entablar batalla contra los almagristas. Ha conseguido escapar de la cárcel de Cuzco y espera la señal para cargar contra el enemigo. En la batalla de Las Salinas, el 6 de abril de 1538, Alvarado y Pizarro derrotan a Almagro, que es hecho prisionero y ejecutado en Cuzco el 8 de julio. La guerra civil, que comenzó por una disputa territorial en las fronteras de las provincias de Perú y de Nueva Granada, terminó cuando el cadáver de Almagro, ejecutado previamente mediante garrote vil, fue decapitado en la Plaza Mayor de la antigua capital inca.

Una vez finalizada la guerra Alvarado regresa a Chachapoyas para aprender que la selva devora sin pedir permiso los ambiciosos proyectos de los hombres. Encuentra la ciudad que había fundado dos años antes abandonada, las viejas alianzas rotas. Acompañado de sesenta hombres, restableció los acuerdos con los chachapoyas, resistió los ataques del caudillo inca Illa Túpac, y volvió a levantar la ciudad que la selva había devorado en su ausencia.

Establecido de nuevo en San Juan, Alvarado se dedicó a buscar El Dorado, el reino mitológico repleto de minas de oro que los españoles intentaron localizar durante años en Perú, Venezuela, Ecuador y Colombia. Se adentró en terrenos desconocidos para los europeos, cruzó el río Huallaga y llegó hasta la región de Moyobamba. Nunca encontró El Dorado, pero fundó Santiago de los Ocho Valles de Moyobamba, una ciudad que se convertiría con el tiempo en el centro del que partirían todas las expediciones posteriores hacia la selva de Perú.

En 1541 Diego Almagro el Mozo, hijo del gobernador ejecutado, encabezó una nueva revuelta contra Pizarro. La mañana del domingo 26 de junio doce almagristas irrumpieron en Lima gritando "Viva el rey, muera el tirano". Buscaron a Pizarro en la catedral, pero éste, que sospechaba del complot, había decidido quedarse en su casa. Hacía allí se dirigieron los rebeldes. Advertido, Pizarro corrió a armarse a su dormitorio. Allí lo encontraron sus asesinos. Según las crónicas, el conquistador del Perú, de 63 años, se defendió con valor hasta que los almagristas consiguieron rodearlo y matarlo a estocadas. 

El artista peruano Juan Bravo pintó en 1992 un fresco de 50 metros de longitud y 6 metros de alto en el que se representa la conquista española de Perú. La pintura, considerada el mural más grande del mundo, se encuentra en Cuzco. En la imagen, un fragmento del mural, donde aparecen representadas las luchas entre los incas y los españoles.

El artista peruano Juan Bravo pintó en 1992 un fresco de 50 metros de longitud y 6 metros de alto en el que se representa la conquista española de Perú. La pintura, considerada el mural más grande del mundo, se encuentra en Cuzco. En la imagen, un fragmento del mural, donde aparecen representadas las luchas entre los incas y los españoles.

La muerte de Pizarro obligó a Alvarado a abandonar otra vez San Juan para enfrentarse a los almagristas. Marchó hasta Yungay, donde se unió a las tropas de Cristóbal Vaca de Castro, nombrado nuevo gobernador por la Corona con la misión de acabar con la rebelión. El 16 de 1542, Vaca de Castro y Alvarado, al mando de los ejércitos realistas derrotaron a los rebeldes en la batalla de Chupas.

Diego de Almagro el Mozo fue ejecutado en la misma Plaza Mayor de Cuzco en la que su padre había sido ajusticiado tres años antes. Alvarado volvió a España, donde el emperador Carlos I lo nombró caballero de la Orden de Santiago y Mariscal del Perú para recompensar sus servicios a la Corona. Se casó con Ana de Velasco, de la casa de los Condestables de Castilla, y se estableció en Burgos.

En 1546 el rey envía a Alvarado de vuelta a Perú para sofocar una nueva revuelta, encabezada esta vez por Gonzalo Pizarro. Los sublevados, colonos llegados a Perú en las primeras expediciones, se sienten despreciados por la Corona, que envía una y otra vez como gobernantes a advenedizos de la metrópoli que no participaron en la conquista. Alvarado se pone a las órdenes de Pedro de la Gasca y tras un largo viaje, el 9 de abril de 1548, forma en la batalla de Jaquijaguana, donde las tropas de Pizarro son aplastadas por los realistas.

Las rebeliones, sin embargo, siguen adelante. En 1551, cuando la Corona suprime el servicio personal de los indios, los colonos de Cuzco vuelven a tomar las armas. Alvarado es nombrado Corregidor y Justicia Mayor, parte hacia la ciudad y pone en fuga a los revoltosos.

Las algaradas se trasladan entonces a Charcas, en la actual Bolivia, donde los rebeldes, comandados por Sebastián de Castilla, asesinan al corregidor Pedro de Hinojosa. La Audiencia de Perú envía de nuevo a Alvarado, esta vez como Capitán General y Juez de Comisión. Mientras se encuentra pacificando Charcas recibe la noticia de que Francisco Hernández de Girón se ha sublevado en Cuzco.

En 1554 Alvarado alza por última vez la bandera del rey y parte desde Potosí al mando de 1200 hombres para poner fin a la revuelta de Hernández de Girón. El 30 de marzo entró en Cuzco, pero los sublevados ya no estaban allí. Alvarado persiguió a Hernández de Girón hasta la sierra de Nasca. Los dos ejércitos se encontraron finalmente el 21 de mayo, en el campo de Chuquinga. La batalla fue rápida. Los arcabuceros de Hernández de Girón masacraron a los hombres de Alvarado.

En 1556 Alonso de Alvarado es un capitán vencido que permanece encerrado en su casa y se niega a pronunciar palabra. Solo repite dos nombres, Abancay y Chunquinga, las dos únicas batallas que ha liderado personalmente, las dos únicas que ha perdido. Los médicos que lo visitan creen que está enfermo de melancolía. Sus vecinos, con menos poesía, aseguran que se ha vuelto loco.

Ajeno a todo, Alvarado permanece a solas con los recuerdos de las dos derrotas que atormentan su vanidad. Nunca volverá a ver las ciudades que fundó. Los historiadores han perdido la fecha exacta de su muerte, ocurrida en algún momento entre 1556 y 1559. La tierra americana, indiferente a los hombres que matan y mueren sobre ella, se lo tragó sin hacer preguntas.

Los estudiantes del Ciclo Formativo de Técnico Superior en Ilustración de la Escuela de Arte número 1 de Puente San Miguel son los encargados de retratar, a través de distintas técnicas pictóricas, a figuras reconocidas en distintos campos dentro de la sección 'Cantabros con Historia'. En este caso, es obra de Germán Alonso

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