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CCOO denuncia que los empleados del polémico 'Delirium Festival' siguen sin cobrar

El sindicato reclama judicialmente los salarios de 10 trabajadores de una plantilla de 24, cuyas remuneraciones no superan los 250 euros por persona

El evento musical que se celebró entre los días 10 y 13 de agosto en Ajo terminó marcado por el "caos organizativo y el desastre medioambiental"

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Restos de basura del festival. | Víctor M. Ortiz

Restos de basura del 'Delirium Festival'. | Víctor M. Ortiz

CCOO ha denunciado que los trabajadores del polémico 'Delirium Festival', evento musical celebrado entre los días 10 y 13 de agosto en Ajo marcado por el "caos organizativo y el desastre medioambiental", continúan sin cobrar los salarios.

La organización, según detalla este sindicato, mantiene a los empleados "sin percibir remuneración alguna por los servicios prestados en las maratonianas jornadas del festival".

Así pues, considera "inaceptable" que la empresa que gestionó la venta de entradas, en torno a 15.000 abonos a un precio mínimo de 60 euros cada uno, "mantenga el impago de salarios que no superan los 250 euros por persona, dejando de atender incluso las llamadas telefónicas del representante de los trabajadores", reprochan sus integrantes.

Como consecuencia de ello, CCOO ha iniciado la reclamación judicial de los salarios de 10 trabajadores de una plantilla de 24 jóvenes que, tal y como subraya el sindicato, "también han sido privados de sus derechos de cotización a la Seguridad Social, ya que fueron dados de alta por tres horas diarias en lugar de por la jornada completa".

El festival de música electrónica estaba llamado a ser una de las grandes citas del pasado verano en Cantabria, pero su puesta en escena comenzó a torcerse desde bien pronto. La empresa Great Concert, organizadora del evento, anunció el primer día de conciertos que los tres djs cabeza de cartel, Richie Hawtin, Steve Angello y Snake, no participarían en el festival.

Además de ello, los asistentes criticaron con dureza el "caos organizativo" denunciando "el reducido espacio de acampada, la falta de los cargadores anunciados para los móviles y la saturación de los parkings habilitados". El "cabreo generalizado" y la "indignación" hicieron que el público se tomase la justicia por su mano y terminara el último día del festival saqueando, con el permiso de los camareros, todo tipo de bebidas que encontraban en las carpas. 

El desastre medioambiental que provocó el festival también fue un aspecto negativo a destacar y muy criticado por asociaciones ecologistas, entre otras. La campa, situada en el cabo de Quintres, quedó como un vertedero como consecuencia del macrobotellón de un evento que congregó a alrededor de 15.000 personas.  

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