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Se ha ido un periodista libre, único e irrepetible

No he conocido a ninguna persona más fuerte física y emocionalmente. Pello ha luchado cinco años y los ha vivido como si la maldita parca no hubiese anidado en su interior

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Ser independiente es cosa de una pequeña minoría, es el privilegio de los fuertes.

Friedrich Nietzsche

Con congoja escribo estas torpes palabras para intentar homenajear a una persona única. A un amigo, socio, maestro, compañero. A un periodista libre y único. A Pedro Gómez Damborénea. A Pello, nuestro Pello. Con rabia aprieto las teclas como él hacía, con una fuerza y un ímpetu que ya echamos de menos. Escribo aunque sé que al no le gustaría, y que discutiríamos sobre lo que es noticia y lo que no y él negaría con argumentos irrefutables que su marcha fuese importante para alguien más allá de su esfera privada. Pero es que su esfera privada era y es interminable. Porque Pello ha sido un persona única, bondadosa, atenta, formada e informada que ha compartido con todos sus conocimientos y nos ha ayudado a todos a ser mejores personas y mejores profesionales.

Pello era un hombre comprometido. Primero, con su familia. A pesar de ser celoso de su privacidad, de vez en cuando se le escapaba un gesto o una frase que denotaba un amor inmenso por los suyos.  Después, Pello firmó un compromiso a fuego con el conocimiento. Podías compartir o no sus ideas, pero siempre las defendió con argumentos fundamentados, con datos, con una profundidad que era de tal calibre que era casi imposible no sucumbir a su vehemencia y a su convicción. Y cuando se ponia delante del teclado,  lo hacía con un rigor inquebrantable que llevó al extremo, hasta el punto de poner en riesgo su propia vida por las amenazas cobardes del terrorismo etarra. Nunca se calló, aunque reconoció que pasó miedo. Pero ese miedo no le amilanó y siempre tuvo en la palabra escrita su única y más poderosa arma. Un arma cargada de la libertad que solo tienen las personas libres. Libres de compromisos y de ataduras, libres de prejuicios. Y Pello era libre porque solo se debía a su profundo conocimiento de los temas. Siempre dijo que él no era objetivo, porque creía que no se puede ser objetivo. Pero siempre, siempre, siempre trabajó con rigor.

Pello también era una persona comprometida con su país. Por eso dio un paso adelante cuando recibió la llamada del Gobierno vasco y se unió al Departamento de Industria del equipo de Patxi López. Allí, mano con mano con el consejero Bernabé Unda y siempre acompañado y apoyado en el incombustible Eduardo Ortiz de Arri, dejó jirones de su vida para lograr que la empresa vasca sufriese lo menos ante la crisis que nos asoló, y asola, desde hace unos años. De aquel tiempo ha conservado la admiración de decenas de empresarios de todos los sectores y ámbitos, de todas las ideologías.

En aquella época, el cáncer se presentó en su vida para siempre, para robársela. Pero aunque la enfermedad haya vencido, la batalla ha sido dura. No he conocido a ninguna persona más fuerte física y emocionalmente. Pello ha luchado cinco años y los ha vivido como si la maldita parca no hubiese anidado en su interior. Y aunque los que hemos estado más o menos cerca de él intuíamos que últimamente las cosas estaban empeorando, jamás dio muestras de flaqueza. La última vez que hablamos hace apenas unos días, me dijo que volvería a Nueva York, donde celebró sus 40 años en un concierto de R.E.M. en el Madison Square Garden.

Pello fundó una empresa llamada Seikaz con otros cuatro socios hoy desolados, Alberto Uriona, Patricia Burgo, Eduardo Azumendi, Eduardo Ortiz de Arri y conmigo. Luego, con Aitor, Natalia, Santos... y muchas más personas fundamos eldiarionorte.es. Un proyecto en el que ya no estoy, pero que sé que quiere y va a seguir sus principios: rigor y libertad.

La pena que sentimos es infinita. Su pérdida es irreparable. Pero, cada uno con todas las fuerzas que podamos destinar, haremos lo posible por mantener y prolongar el legado de un hombre íntegro, honesto y justo. De un amigo y una persona comprometida. De Pello. De nuestro amigo Pello. Adiós, el vacío es inmenso y el recuerdo será eterno.

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