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Irlanda y Francia piden a Londres que solicite cuanto antes la salida de UE

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El primer ministro irlandés, Enda Kenny, y el presidente francés, François Hollande, pidieron hoy al Reino Unido que solicite cuanto antes su salida de la Unión Europea (UE) para poder iniciar un proceso negociador "tan corto como sea posible".

Aunque no hablaron de fechas concretas, el mandatario galo apremió a Londres, después de que la nueva primera ministra británica, la conservadora Theresa May, haya dejado entrever que la activación del Artículo 50 del Tratado de Lisboa, que regula la salida de un país miembro de la Unión, podría retrasarse hasta el próximo diciembre.

Kenny y Hollande mantuvieron esta mañana en Dublín un encuentro para abordar el impacto del "brexit" -la retirada británica del bloque común- y tratar asuntos relacionados con la seguridad internacional, justo una semana después del brutal atentado cometido en Niza.

Tras su breve paso por Dublín, el presidente galo regresará esta misma tarde a París, donde se reunirá con May, quien tendrá la oportunidad de "sentarse cara a cara y tratar estos asuntos", dijo una portavoz de la líder "tory".

Una vez que Londres solicite formalmente su divorcio de Bruselas, los negociadores comunitarios y sus colegas británicos podrán dar comienzo a unas "conversaciones metódicas", señaló hoy Hollande.

El jefe del Elíseo recordó que la salida del Reino Unido del bloque comunitario "fue una decisión tomada por el pueblo británico" en el referéndum del 23 de junio, al tiempo que opinó que será la ciudadanía de ese país la que "cargue con las consecuencias".

"Europa hará todo lo que pueda para poder mantener la mejor relación posible con el Reino Unido. Pero ha llegado el momento de que los políticos acepten el resultado de aquella votación. Tienen que aceptar las consecuencias", observó Hollande.

Preguntado por la posibilidad de que el Reino Unido obtenga de los Veintisiete una concesión para tener acceso al mercado único comunitario, el presidente recordó que ese privilegio va unido al principio de libre circulación de personas.

Respecto a las cuestiones relacionadas con la seguridad internacional y la amenaza terrorista, ambos dirigentes insistieron en la necesidad de aumentar el intercambio de información entre los Gobiernos y sus fuerzas del orden.

"Tenemos que intercambiar toda la información que podamos para detectar a ciertos individuos y evitar que haya dudas", subrayó Hollande.

Por su parte, Kenny informó de que Dublín y Londres están trabajando conjuntamente para redactar nuevas leyes que refuercen el intercambio de información sobre supuestos terroristas entre Irlanda y el Reino Unido.

"Obviamente, cuando la información esté disponible, que puede ser sobre actividades terroristas o comunicaciones, la prioridad de Irlanda será la de prestar ayuda para reforzar la prevención de ataques", aportó el "Taoiseach" (primer ministro irlandés).

Hollande tenía previsto pasar toda la jornada en Dublín para participar en diversos actos, pero la agenda se ha visto reducida por el atentado en Niza, en el que murieron 84 personas y otras 15 siguen en estado muy grave.

Después de su reunión con Kenny, el líder francés visitó en su residencia oficial al presidente de la República de Irlanda, Michael D. Higgins, quien ostenta un cargo principalmente representativo.

Hollande también mantendrá después un encuentro privado con miembros de la comunidad francesa en Irlanda, un acto con el que pondrá fin a su estancia en la capital.

Antes del atentado en Niza, el líder galo tenía previsto asistir a la presentación de un nuevo monumento erigido en el histórico cementerio dublinés de Glasnevin para honrar a los soldados irlandeses muertos en suelo francés durante las dos guerra mundiales (1914-1918 y 1939-1945) y la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871).

Este memorial ha sido un regalo de Francia a Irlanda, que recuerda este año el centenario de la Batalla del Somme, uno de los enfrentamientos más crueles de la Primera Guerra Mundial ocurridos en territorio francés.

Según estimaciones oficiales, el Ejército británico perdió durante esa batalla más de 400.000 hombres, muchos de ellos irlandeses católicos y norirlandeses protestantes enrolados en las filas de "Su Majestad".

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