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Madrid despide a los juglares de "España rumbo al sur" en mitad de su camino

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Madrid despide a los juglares de "España rumbo al sur" en mitad de su camino

Madrid despide a los juglares de "España rumbo al sur" en mitad de su camino

En lugar de a caballo, en bici y en vez de recibir la escolta de un carruaje, la de varios coches eléctricos. Estas son las señas de identidad de unos intrépidos juglares modernos que hoy han dejado atrás Madrid para continuar con su camino, hacia el sur, cantando al desarrollo ecológico.

Cruzar España de norte a sur sin contaminar lo más mínimo es su objetivo y así se lo hacen saber a todo aquel con el que coinciden o bien se acerca hasta la comitiva que comandan los organizadores de "España rumbo al sur", iniciativa encabezada por el aventurero, Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo.

Durante quince kilómetros y antes de que las cosas se pusieran serias de verdad, la expedición ha acogido a todo aquel que se les ha querido unir alrededor del madrileño Anillo Verde Ciclista, desde donde estos particulares peregrinos han emprendido camino hacia la localidad de Lillo (Toledo), donde hoy pondrán a descansar a sus monturas.

Mérito tiene llegar en bici a Madrid desde Roncesvalles (Navarra), desde donde iniciaron el pasado domingo una travesía que les ha deparado "nieve, granizo, viento, frío... de todo", resume Aldaz, quien sin embargo está encantado con la experiencia, especialmente en lo que tiene que ver con el contacto con personas totalmente anónimas de todas partes de la geografía española.

"Dónde van estos con estas bicis y esos coches", exclama el aventurero al emular la reacción al verlos de muchas personas de pequeña localidades, para los que los coches eléctricos no contaminantes son una ilusión futurista, mientras que perciben lo de viajar en bici como algo, también, de otra época.

Sin embargo, superado ese primer impacto, Aldaz relata que se establece rápidamente un "sentimiento de solidaridad especial".

"Uno de los aspectos que marca el recorrido y la longitud de las etapas son las baterías de los vehículos, pero siempre que tocamos a la puerta de alguien y le pedimos que nos dejen cargarlas, siempre nos dejan", relata el líder de la expedición a Efe, en relación a ese sentimiento generado en este tipo de proyectos, que también hacen mella en el espíritu del peregrino.

"Cuando llegas, ves las cosas y hablas con la gente se 'resetea' todo; abandonas todos los problemas y te centras en el camino, en buscar el mejor lado de la gente", resalta este particular juglar, que no es un novato a la hora de intentar transmitir loables principios a través de sus expediciones.

Aldaz y sus compañeros conocen bien estas aventuras, ya que organizan desde hace años la ruta "Madrid rumbo al sur" -que acerca a los jóvenes la realidad cotidiana en países africanos y que este año extiende su convocatoria a toda España-, sin embargo, el propio aventurero confiesa que sigue sorprendiéndose con cada viaje.

"Cuando el peregrino, el viajero, se comunica con los demás es diferente, es mucho más bonito; te preguntan, te interesas y se genera energía muy buena, que es necesaria en este tiempo tan complicado", reivindica Aldaz, minutos antes de coger la bici y seguir con su camino.

Hoy tocan 102 kilómetros hasta Lillo (Toledo), casi nada. Pasado mañana, más. Desde Lillo hasta Almagro (Ciudad Real) y así será hasta que la expedición complete su viaje al llegar a Málaga.

En medio quedarán paisajes, rincones, personas, un grato recuerdo y la certeza de que, gracias a los avances de la tecnología y al espíritu ecológico, sigue siendo posible cruzar España como antes, conociendo a sus gentes y sin dañar el medio ambiente, pero sin necesidad de sufrir los rigores de una larga travesía a lomos de un equino compañero.

Enrique Delgado Sanz

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