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Mientras escribo, todavía colea el escándalo de uno de los consellers de la Generalitat que están de visita turística en Bruselas, mientras les espera una requisitoria ante el Tribunal Supremo.

Toni Comín, que así se llama el premio Nobel, al parecer es usuario de una sofisticada aplicación llamada Signal. Lo que hace ésta es sustituir el envío de SMS por mensajes cifrados, que ni SITEL sería capaz de descifrar, ya que éste sólo es una conexión a lo que pasa en claro por las redes de las operadoras de telefonía. Igualmente, proporciona cifrado para conversaciones telefónicas y videollamadas, en una capa adicional al cifrado 4G, por lo que sería invulnerable también al sistema de escuchas telefónicas autorizadas por orden judicial.

Esto, substituye a la app de SMS y envía la mensajes cifrados entre usuarios de Signal, además de llamadas y videollamadas seguras https://t.co/18whGgaSyt

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Rulo y el pederasta

“Tiene derecho a un abogado. Si no puede pagarlo, se le asignará uno de oficio”. Habremos oído esta frase en más de cien películas. De hecho, cada vez que un policía norteamericano de ficción detiene al malo, le suelta la perorata completa, que comienza con esto: “Tiene derecho a guardar silencio, si renuncia a este derecho, todo cuanto diga podrá ser utilizado en su contra ante un tribunal”.

El texto completo se conoce, en doctrina jurídica estadounidense, como “Miranda Warning”. El término hace referencia al caso Miranda vs. Arizona, un juicio de 1963, en la que el acusado, Ernesto Miranda, fue condenado por secuestro y violación. La única prueba fue su confesión ante la policía, que no le había advertido previamente de su derecho a no declarar y no confesarse culpable. Una vez asesorado por un abogado, recurrió la sentencia condenatoria, y en 1966, en un histórico fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos, se declaró nulo el juicio por ésta infracción procesal. 

Desde entonces, cada detención que se realiza en Estados Unidos, va acompañada del “aviso Miranda”, la lectura de derechos previa que deja advertido al detenido. A partir de ahí, está en su voluntad de hacer uso o no de estos derechos.

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Lo siento, Diana

Fichas de Scrabble formando la palabra 'sarcasmo' en inglés

Esta semanas anteriores, me ha sucedido un hecho muy curioso. Un abogado penalista con unos cuantos miles de seguidores en Twitter rescató un viejo artículo mío, en el que analizaba la polémica de las denuncias falsas. Sobre todo, el absurdo de arrojarse a la cabeza estadísticas que no están para eso, y que no determinan lo que realmente queremos saber. Al principio, me sentí halagado, porque el número de interacciones era elevadísimo. Entonces, empecé a analizar algunos mensajes y perfiles de los que retuiteaban o le daban a “me gusta”, y me encontré con que mi texto era usado por algunos como ariete contra el feminismo, cuando mi intención era bien lejana de ese objetivo. El feminismo es una causa tan justa que merece ser apoyada por la verdad, con todos los datos, y dejar fuera los sesgos que, aunque parezcan arrimar el ascua a la sardina correcta, acaban quemándola.

Y de repente, el bombazo: aparece el cuerpo de Diana Quer. ¿Recuerdan? La atractiva joven que desapareció hace casi dos años en A Pobra do Caramiñal, un pueblecito de Galicia, donde su adinerada familia tenía una segunda residencia. 

Y se preguntarán a cuenta de qué doy esos detalles aparentemente innecesarios. Pues porque el fenómeno tiene hasta nombre: Síndrome de la mujer blanca desaparecida, y hace referencia a la desproporcionada atención de los medios a ciertos casos de desaparición, y mira tú que casualidad, cuando se trata de una mujer caucásica, joven, atractiva y de buena posición económica, el interés informativo se dispara. No soy sociólogo, pero si eso no es una muestra de racismo, clasismo y sexismo fuertemente arraigado en los medios, y por ende, en la Sociedad, no sé que es.

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Manadas y jaurías

Campaña en Pamplona contra las agresiones machistas

Mientras escribo estas líneas, está pendiente de dictarse la sentencia sobre los hechos cometidos por el grupo autodenominado “La manada”, en los San Fermines de 2016. Se han escrito ríos de tinta sobre agresiones sexuales, machismo y todo lo que rodea a un fenómeno horrible, pero de momento inseparable de la sociedad en la que vivimos.

Mientras tanto, allende los mares, un grupo de actrices, algunas de ellas auténticas estrellas del firmamento cinematográfico, han alzado la voz para poner el foco sobre un sujeto casi omnipotente en Hollywood: Harvey Weinstein. “Mr. Tijeras”, le apodaban, por su tendencia a recortar o alargar el metraje de las creaciones originales de los cineastas. Es una anécdota conocida que Martin Scorsese salió hecho un paño de lágrimas tras la reunión para decidir el montaje final de “Gangs of New York”, la obra magna que llevaba años planificando, o que a Tarantino le obligó a alargar hasta el paroxismo de dos películas la excesiva “Kill Bill”. Viendo lo que surge ahora a la luz, quizás la tijera hubiera debido aplicársela el susodicho en cierta parte de su anatomía, y nos hubiéramos ahorrado disgustos.

Lo que me llama la atención es que, en un caso y otro, oigo por todas partes voces que me chirrían en la cabeza, como hombre y como jurista: "¿Que hacía una chica sola, metiéndose en un portal con cinco fulanos a los que apenas conocía?", "¿Por qué han tardado tanto en denunciar las actrices?", "¿Es justo que denuncien ahora, cuando sus carreras se beneficiaron de ese “paso por la horizontal”?"

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Abierto las 24 horas

Artículo satírico de la revista de la asociación de jueces Francisco de Vitoria.

En estas semanas de atrás, hemos asistido a un curioso fenómeno, repetido como efecto colateral en ciertas noticias lamentables. No discuto, en absoluto, lo rechazable del fondo de dichos hechos.

No me andaré con más circunloquios: me refiero al asunto del chat de la Policía Local de Madrid, en el que, además de desear que le sucedieran cosas malas a la gente, se loaba a un genocida y se profirieron amenazas contra alguien que no estaba de acuerdo con el tono de la conversación. Amenazas que pasan a ser algo serio cuando se concretan los medios: “Conozco a gente muy mala”. Lo de que sea gente que tiene pistola es algo que me parece poco serio, la verdad, pues ningún agente de las fuerzas del orden sería tan tontaina de cometer un crimen con su arma reglamentaria, convenientemente registrada en el IBIS. Lo de tener tratos con presuntos y presuntas que pudieran, supuestamente, darle una paliza o “que no llegue a la jubilación anticipada” al afectado, es harina de otro costal, resulta más preocupante, y también más punible.

Pero hay un factor que se ha repetido en otro hecho bastante patético: el tan traído y llevado poema, rijoso y sexista, que un juez en ejercicio, con el que únicamente comparto la opción de escribir bajo seudónimo, le dedicó a dos parlamentarias de Podemos. En su caso, sin duda, por prever la que le iba a caer encima por sus ripios. En el mío, como ya he explicado hasta la saciedad, por impedir la existencia de elementos objetivos para una posible infracción disciplinaria, cual sería hacer gala de la condición de juez, fiscal o letrado al servicio de la Administración de Justicia (los LAJ, artistas antes conocidos como secretarios judiciales).

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La mano que mece la turba

El fiscal Sánchez Melgar

Hace escasos días, se anunció el nombramiento del magistrado de la Sala 2ª del Tribunal Supremo Julián Sánchez Melgar, como sustituto del difunto Jose Manuel Maza al frente de la Fiscalía General del Estado. Inmediatamente, los medios de comunicación vinieron a glosarnos lo que consideraban su obra cumbre como jurista: el “padre” de la doctrina Parot. La paternidad se le atribuye por haber sido el ponente de la primera resolución que la acogió, que luego fue votada por el resto de la sala. Hablamos aquí de ella, en su día, y no precisamente en términos elogiosos, por cuanto suponía un remedio jurisprudencial a la pachorra de unos diputados que desperdiciaron cuatro legislaturas en tener a punto un Código Penal en condiciones.

Ahora bien, la verdad es que la resolución era una alambicada creación de ingeniería jurídica, digna de elogio en términos técnicos. No incumplía un solo precepto de la legislación española, ni siquiera el concepto de jurisprudencia, ya que no había dos sentencias previas en sentido contrario. Pero en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no captaron esas sutilezas, y tras leernos la cartilla, comenzaron a desfilar de camino a la salida de las prisiones un montón de etarras sanguinarios, violadores, otros asesinos sin filiación política… Vamos, que se abrieron las puertas de Arkham, ante el pasmo de Batman (un fascista plutócrata) y el comisario Gordon (un represor del Estado), y salieron bailando la conga el Joker, el Pingüino, el Acertijo, Dos Caras (recordemos, un antiguo fiscal) y hasta el ratero que mató a Martha y Thomas Wayne.

Ante el escándalo de ciertos sectores de la población, un montón de doctos todólogos de tertulia televisiva nos recordaron que el Estado de Derecho consiste exactamente en eso, en acatar las resoluciones de los tribunales internacionales, aunque implique que a un asesino con veinte muertos a sus espaldas le haya salido la cosa a unos cuantos meses por víctima. Y tenían toda la razón, esta vez sin sarcasmo. Es exactamente así.

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Replicantes y sofpapers

Poca risa con lo que ha estado pasando esta semana anterior, por favor. Que los rusos tienen un auténtico ejército de especialistas en seguridad informática, en desinformación y manipulación y demás técnicas de guerra en la Red, es un secreto a voces. Y el que diga lo contrario, es no sabe de lo que habla o lleva años viviendo en una cueva. Obviamente, no son los únicos que le dan la debida importancia a lo que se cuece en el 5º escenario de guerra, como se denomina desde la Cumbre de Varsovia de 2016 (ya saben, los otros cuatro son tierra, mar, aire y espacio). Desde gigantes como Estados Unidos y China, a países pequeñitos como Israel o Estonia (referente mundial en ciberseguridad desde que sufrió un ciberataque masivo ¿ruso? en 2007), todos se están armando hasta los dientes, de tecnología punta y talento humano para manejarla. ¿Todos? No, un país resiste, ahora y siempre, el avance de la cordura y el sentido común. 

Porque lo que preocupa en esta España mía, esta España nuestra, como decía la canción, no es dotar de medios y personal formado a las unidades especializadas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, o al Mando Conjunto de Ciberdefensa. Tampoco ofrecer incentivos económicos suficientes para retener al increíble potencial humano que atesoramos en este país, donde un equipo de entusiastas, sin medios propios, sin patrocinio y usando sus propios equipos, ha revalidado su título europeo en una competición de ciberseguridad. El resto de sus oponentes iban pertrechados con lo último en equipos informáticos proporcionados por sus países, y por supuesto, iban bien financiados. Aquí no. Aquí tenemos una  idea potencialmente buena, como la llamada “ciberreserva”, que sería el equivalente a los voluntarios de protección civil para casos de emergencia, pero que se ha explicado con el orto, y ha puesto de uñas a la comunidad de ciberseguridad.

Pero no, lo que aquí preocupa a nuestros Padres de la Patria, son las cuentas falsas en Twitter. Manda  huevos (guiño-guiño, codazo-codazo). ¿El origen del embolado? Un acoso virtual contra Alicia Sánchez-Camacho. Una situación muy habitual en Internet, por cierto, pero que sólo preocupa al legislador cuando lo sufren en sus propias carnes.

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Oveja negra

Creo que a estas alturas, ya han podido leer todos los mensajes que intercambiaban un grupo de agentes de la Policía Local de Madrid, a cual peor. Reproducirlos en este texto no daría más que para proporcionar más resultados de búsqueda en Google, así que no tiene mucho sentido. Desde lemas legionarios de dudosa sinceridad, a propuestas de razzias contra la población de origen extranjero, encontramos un rosario de los peores fogonazos que pueden pasar por el encéfalo de un homínido con uniforme y arma reglamentaria.

Y sin embargo, me tengo que ir a lo que podría ser el extremo opuesto del espectro musical español, a “Castillos en el aire”, una canción de Jaime Urrutia, antiguo frontman de Gabinete Caligari, para encontrar esta estrofa: “El pensamiento no delinque jamás”.

No es una simple licencia poética, sino que plasma una máxima del derecho romano: Cogitationes nemo patitur, es decir, nadie puede ser penado por sus pensamientos.

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Fallecimientos

Muere el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, por una infección

Esta semana iba a dejarles un sentido homenaje al fallecimiento de don Gregorio Esteban Sánchez, aka “Chiquito de la Calzada”. Como ya saben, el humor es una parte fundamental de mi modo de entender la vida, y por ende, el Derecho, que es una parte esencial de la misma.

Pensaba ilustrar semejante obituario con la resolución que puso fin al pleito que enfrentó al gran renovador de la lengua castellana (y si no, a ver si me encuentran a alguien que haya aportado a la misma, en los últimos veinte años, tanto como el fistro diodenal que nació después de los dolores) con Florentino Fernández.

Ya saben, el caricato que empezó su carrera en “Esta noche cruzamos el Mississippi” realizando una especie de imitación-homenaje al maestro, creando personajes que surgían del surrealista universo de Chiquitistán. Efectivamente, mal aconsejado, don Gregorio interpuso una acción judicial que terminó perdiendo, derrota que aceptó con la grandeza que le caracterizaba.

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Competencia cuántica

Hace ya algunos años, cuando comenzaba en lo de darle a la tecla en este medio, escribí un par de artículos sobre los problemas que produce la mala redacción de ciertas leyes. Pero creo haber pasado por alto los problemas de interpretación a que lleva la obsolescencia de ciertos textos legales, producida por la promulgación y entrada en vigor de nuevas normas. El ordenamiento jurídico es una especie de hipertexto, el concepto sobre el que se sostiene la World Wide Web, esa parte que muchos toman por el todo de Internet: algunos preceptos contienen “enlaces”, hipervínculos que conducen a otras partes del mismo texto, o bien a leyes distintas, bien sean de la misma rama, bien de otra distinta. Por eso, una ley obsoleta puede contener enlaces rotos, como aquellos que conducen a páginas web que ya no existen, o las que llevan a otras que han mudado de ubicación. Ejemplo de lo primero, serían las constantes referencias a los jueces municipales y fiscales de distrito que contiene la Ley de Enjuiciamiento Criminal, figuras desaparecidas en la década de los ochenta del siglo pasado.

¿Y lo segundo? Pues como ejemplo canónico podrían valer las competencias de la Audiencia Nacional, reguladas en el artículo 65 de la Ley Orgánica del Poder Judicial. La redacción del precepto data de 1985, y no se ha modificado desde entonces, mas que en lo relativo a falsificación de moneda y tarjetas bancarias, para limitarlo a grupos organizados.

El problema es que, mientras este precepto permanece inmutable, el Código Penal evoluciona, muta y se adapta a las nuevas realidades sociales. Por eso, poco queda de las “defraudaciones y maquinaciones para alterar el precio de las cosas” en los delitos que se investigan y juzgan en la Audiencia Nacional. El caso Afinsa, probablemente, fue de los últimos que encajaran canónicamente en la definición del artículo. Sin embargo, tenemos bien reciente la conclusión del juicio por la llamada “primera época” de la trama Gürtel, un procedimiento en el que las acusaciones que se acumulan son malversación de caudales públicos, prevaricación, cohecho, blanqueo de capitales y contra la Hacienda Pública. Sí, es cierto, también aparece un tipo llamado “fraudes y exacciones ilegales”, pero se trata de un delito contra la Administración Pública, que no comparte la misma naturaleza jurídica con las defraudaciones de las que habla la L.O.P.J., delitos que afectan al tráfico mercantil y la economía nacional. O sea, delitos patrimoniales, societarios, contra los consumidores, ese tipo de cosas.

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