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Este blog corresponde a Alternativas Económicas, una publicación mensual que te explica la información económica desde un punto de vista social.

Renta básica a la finlandesa

Calle Aleksanterinkatu, en el centro de Helsinki

J. P. Velázquez-Gaztelu

Si todo va como está previsto, cada ciudadano finlandés mayor de edad recibirá del Estado una renta básica de 800 euros al mes antes de que concluya la década. El país nórdico se convertirá así en el primer socio de la Unión Europea en poner en práctica una medida que hasta el momento sólo se ha ensayado a nivel local o regional. La experiencia finlandesa puede servir de referencia a aquellos países que buscan nuevas formas de combatir el paro, reducir las desigualdades y apuntalar el Estado de bienestar.

El Instituto de la Seguridad Social de Finlandia (KELA) llevan meses trabajando en el proyecto, que cuenta con un amplio apoyo entre las fuerzas políticas. Antes de marzo de 2016, los expertos deberán presentar varias opciones al Gobierno, que elegirá una de ellas para dar comienzo a la fase de prueba en 2017. Los ciudadanos participantes en el ensayo serán elegidos por sorteo.

El director de KELA, Olli Kangas, ya ha adelantado que la prestación que recibirá cada finlandés será de 800 euros al mes. Todos los ciudadanos mayores de edad tendrán derecho a recibir esa renta, cuya percepción sería incondicional y no estaría sujeta a impuestos.

¿Cuáles son los objetivos del Gobierno finlandés? Principalmente, reducir una tasa de paro inusualmente alta, que afecta al 10% de la población activa y al 22% de los jóvenes. Uno de los defensores de la renta básica es el primer ministro, Juha Sipilä, líder de la coalición de centroderecha que gobierna Finlandia desde la primavera pasada. Sipilä piensa que la iniciativa también ayudará a reducir la burocracia y simplificar el complejo sistema de Seguridad Social finlandés.

Aún quedan por despejar importantes interrogantes sobre la renta básica; uno de ellos, el modo de financiarla. Algunos expertos sostienen que la medida ahorrará a la Hacienda pública miles de millones de euros; otros piensan que costará más o menos lo mismo que las actuales prestaciones sociales, y hay quienes creen que acabará siendo inasumible para las arcas públicas. Teniendo en cuenta que la población adulta finlandesa es de 4,9 millones de personas, la renta básica le costaría al Estado 46.700 millones de euros al año, una cifra ligeramente inferior a la recaudación fiscal prevista para 2016. En principio, la renta básica reemplazaría a todas las demás ayudas sociales, incluyendo las prestaciones por desempleo, pero algunos expertos subrayan que será muy difícil eliminar por completo ayudas como las destinadas a los hijos o la vivienda.

¿Y por qué 800 euros? Los promotores del proyecto consideran que la renta básica no debe desincentivar a un ciudadano a buscar trabajo. Actualmente, con 800 euros al mes es muy difícil que una persona sola puede pagar vivienda, alimentación y vestido en la zona metropolitana de Helsinki. Una prestación de esa cantidad, dicen sus defensores, animaría a quienes están en paro a aceptar, al menos, trabajos temporales. En estos momentos, sostienen, hay finlandeses que prefieren quedarse en casa y no trabajar antes que perder el derecho a recibir determinadas prestaciones sociales. Los promotores de la medida esperan que sumando dos ingresos –la renta básica más un salario, por bajo que sea- una persona pueda vivir dignamente.

Según una encuesta encargada por los responsables de la Seguridad Social, el 69% de los finlandeses está a favor de la renta básica. Al contrario de lo que sucede en España, donde la medida es defendida principalmente por los partidos de izquierda -PSOE, Podemos e Izquierda Unida la llevan en sus programas electorales-, en Finlandia cuenta con más apoyos en sectores conservadores. Los sindicatos se oponen a la idea porque creen que traerá consigo una bajada de salarios y beneficiará a las grandes empresas.

Quienes defienden la renta básica creen que es necesaria para afrontar el hecho de que nunca más volverá a haber trabajo para todos, al menos en las condiciones conocidas hasta hace unos años. Argumentan que los avances técnicos eliminan puestos de trabajo a un ritmo mayor del que lo crean y que, por motivos medioambientales, ya no va a ser posible aumentar sin límite la producción. Una alternativa sería reducir el tiempo de trabajo (y con ello los salarios) para que más gente tenga empleo; otra, pagar a quienes se involucren en actividades no estrictamente productivas (arte, cultura, asistencia social…) a través de una renta básica. Finlandia parece decidida a abrir camino.

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