INCENDIOS EN LOS GALLARDOS

Accesos seguros, autoprotección y limpieza: las medidas de prevención frente a incendios como el de Almería

Carla Rivero

Sevilla —
13 de julio de 2026 06:00 h

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“En unos días, lo veré todo calcinado”. Jorge Cantón conducirá hacia Almería por la AP-7, al costado de un paisaje arrasado en apenas unas horas. El tono amarillento del verano andaluz que da la aridez del terreno, lleno de arbustos y bajo las altas temperaturas, ha cambiado por una pátina de cenizas que recubre las más de 7.000 hectáreas quemadas por el incendio de Los Gallardos, que ya está estabilizado permitiendo el “regreso paulatino” de las 1.000 personas desalojadas. Un acontecimiento para el que pide medios y prevención: “Estamos perfectamente avisados de lo que está por venir y lo que ya está viniendo”. Una tarea que implica a instituciones públicas, propietarios y a la propia población que necesita prepararse, y que también tiene un coste económico: alrededor de 3.000 euros por hectárea para garantizar la vida útil entre los próximos cinco y diez años.

Cantón, técnico de planificación de incendios en Agresta - Sociedad Cooperativa, conoce de cerca la complejidad de los municipios de Los Gallardos, Antas y Bédar. Con un clima semiárido, caracterizado por la poca precipitación y la vegetación de matorral, es una “zona difícil” que ha estado “muy castigada” durante estas últimas décadas. Entre las razones, el abandono del pastoreo que limpiaba el suelo ha supuesto el crecimiento rápido de combustible vegetal, que, en inviernos como el de este año, marcado por lluvias torrenciales, ha crecido rápidamente.

“Llega el verano y este tipo de vegetación se seca y muere. Junto a las temperaturas con picos de 40 grados y muy poca humedad, hace que el incendio coja una intensidad muy importante, como sucede en otros territorios”, explica el experto.

Las llamas no discriminan entre especies, así que a su paso también ha acabado con aquellas plantas endémicas que mejoraban la biodiversidad del entorno. Una pérdida que “se va a tardar mucho en recuperar”, advierte, y para la que habría que ponerse cuanto antes manos a la obra. Entre barrancos, zonas escarpadas, difíciles accesos, Cantón estima una actuación en prevención de incendio oscilaría entre los 2.500 y 3.000 euros por hectárea, ya que la zona cuenta con una cantidad ínfima de arbolado, para lo que entonces ascendería a 5.000 euros.

Reducción de combustible vegetal y accesibilidad

¿A qué se dedicaría? Las actuaciones en prevención se centrarían en la disminución de la carga de combustible vegetal, tanto la eliminación o reducción en superficie, que está relacionado con los matorrales y pastizales, y en los árboles circundantes para evitar que las primeras ramas entren en contacto con las llamas y suba hasta las copas. Maniobras que se suelen dar en el borde de las pistas habilitadas para el acceso seguro de vehículos al monte, ya sean particulares o de equipos de emergencia en una situación crítica como la que está viviendo Almería.

“Se trabaja entre los 10 y 20 metros en alrededor dejando un 30% del matorral existente y en forma de golpes para que no haya continuidad del fuego y sirva como refugio para la fauna. Una labor que se intenta hacer con maquinaria siempre que sea posible, con desbrozadoras o tractores, pero en la mayoría de los casos los operarios trabajan a mano”, indica, “y esta zona de Los Gallardos es muy complicada, con muy poca accesibilidad, teniendo en cuenta que hay muy poco monte público y la mayor parte es privada”.

Los cerros almerienses, de poca altura pero muy escarpados, son un auténtico desafío para la planificación en emergencias. Por tanto, la clave es mejorar la accesibilidad. Con doce víctimas, Los Gallardos es el incendio más mortífero de este siglo en Andalucía y, también, del país, solo superado por el de Lloret de Mar (21 fallecidos en 1979) y el de La Gomera (20 muertos en 1984), con un abordaje dificultoso en cada una de las actuaciones. Mientras los equipos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y del Plan Infoca tenían dificultades para acceder con la maquinaria, se constató que cuatro de las muertes se produjeron cuando los afectados condujeron por un camino que los llevó directamente hasta las llamas.

“Aprender a protegerse”

“El entorno no es el mismo que hace 30 años, cuando el fuego avanzaba lentamente y se podía escapar con relativa facilidad. Ahora, la virulencia del incendio hace que la zona ya no sea tan segura, por lo que tenemos que aprender los riesgos que conlleva, conocer bien las rutas para evacuar y que las personas que viven ahí aprendan a protegerse”, detalla Cantón, “todo ello, junto a una buena accesibilidad para que los dispositivos de emergencias puedan circular e iniciar las maniobras de ataque o preventivas con seguridad desde diferentes puntos”, como ocurre con la construcción de las pistas, que pide que se les preste una mayor atención pese a que los planes de protección medioambientales dificulten su instalación.

La espontaneidad es la última opción en una situación tan extrema, pero para ello es necesario contar con las suficientes herramientas que permitan a cada vecino conocer previamente qué hacer en estos casos, en función de lo previsto por las autoridades. “El fuego puede estar subiendo despacio por una ladera y, de repente, se encañona, mientras que el miedo y el pánico hacen que vayas por un camino que termina por no ser adecuado”, lamenta.

Frente a las polémicas suscitadas por la falta de efectivos o la decisión de no enviar el mensaje por el sistema ES-Alert, el técnico se alinea con el resto de expertos en la materia: “Hay que tener el dispositivo adecuado y trabajar en prevención. Más allá de los números, tiene que haber más formación, más capacidad y equipos adecuados, también, mejores accesos, infraestructuras y recursos para preparar el monte”.

Cuando Cantón comienza en un proyecto, deja claro que, tarde o temprano, el monte se quemará. Una idea que necesita que cale en el otro para que el siguiente paso sea trabajar en paliar las consecuencias: que un fuego de alta intensidad arrase y el terreno quede baldío durante décadas, o preparar todo lo posible para que la regeneración sea más fácil y, sobre todo, no haya persona ni infraestructura dañada. “No es una cuestión política, sino de gestión: estar bien preparado, bien pagado, con las mejores condiciones para trabajar”, sostiene, “una vivienda bien defendida requerirá una pequeña brigada, pero una mal preparada obliga a llevar más efectivos para evitar que se queme”.

Más investigación

La consultora ambiental cuenta con experiencia internacional y en distintas autonomías, como Canarias, Comunitat Valenciana o Catalunya, además de en la propia Andalucía, en donde desarrolla dos importantes proyectos. El año pasaron entregaron a la Junta la cartografía de los modelos de combustibles forestales que hay en el territorio que sirve para conocer cómo se comportará el fuego en cada ecosistema, determinante para dirigir al lugar los efectivos y maquinarias adecuados. Esta herramienta permite planificar las actuaciones con mayor precisión, ya que da información sobre el tipo y la concentración de vegetación en según qué puntos, pistas, o si existen barrancos o zonas de cumbre más sensibles.

Asimismo, Cantón adelanta que, próximamente, comenzarán un estudio a nivel europeo con implicación de la comunidad para conocer a tiempo real la humedad de la vegetación y su relación con la carga del combustible. Es decir, ayudará a detectar qué zonas tienen mayor estrés hídrico, incrementando la vigilancia para evitar futuros conatos y la propagación de los incendios.

En el caso de Los Gallardos, se contaría con más conocimiento para saber dónde iniciar las labores de extinción tras haber perimetrado la zona. Así, los esfuerzos en la investigación se incrementan para tener más recursos contra los que combatir una realidad que ya está presente cada verano, donde el fuego se extiende sin freno y arrasa todo cuanto hay. “Nuestros vecinos portugueses ya lo vieron en las graves oleadas de incendios el año pasado. Estábamos sobre aviso de que esto podía pasar”.