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¿Nadie las ve?

El secretario de Organización de Podemos Andalucía, Nacho Molina, cuenta sus razones para un cambio político en Andalucía a través de casos particulares

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La pobreza, como una de las razones del autor para el cambio político y social en Andalucía.

Tiene edad para estar estudiando, para formarse y prepararse un futuro digno. Tiene edad para compartir risas y algarabía a la puerta del instituto, de quedadas en algún parque donde sentarse en el respaldo del banco con sus colegas mientras mira de reojo a la chica que tanto le gusta, tiene edad para pedir algo de paga a sus padres los viernes por la tarde.

Pero a su edad arrastra un pesado carro lleno de cartones y metales, rebuscando en las cubas y en los contenedores, durante interminables horas bajo un sol que cae a plomo para poder llevar unos pocos euros a su casa y ayudar a llenar la nevera. Lo veo desde hace tiempo por las calles de mi barrio. Igual que a decenas de personas buscándose la vida como pueden; muchas mayores, que rebuscan la basura de la frutería para llevarse algo del desecho a casa.

Las veo salir del centro de salud quejándose de la cita que acaban de conseguir para la especialista, alejada tanto en el calendario, que temen que para entonces ya sea tarde. Las veo atestar la oficina de empleo todas las mañanas, con la esperanza -casi perdida- de que puedan salir de allí con alguna ocupación que les saque de la desesperación del paro eterno.

Las veo hacer cola desde horas imposibles en las puertas de las Unidades de Trabajo Social, con la ilusión, no ya de solucionar un problema grave -cortes de luz, vivienda, comida...- si no de conseguir número para que ese día la atienda la trabajadora social. No hay para todas. Falta personal: ¡que la tire Gasol!

Las veo con las espaldas rotas y las manos hinchadas, trabajando día tras día para una subcontrata que ahora es la que las tiene trabajando en el mismo hotel donde antes eran trabajadoras de plantilla, y a las que la reforma laboral puso en la calle para volver por la pasarela de la precariedad y el abuso.

Las veo montarse al alba en las furgonetas que las llevan a los campos de melocotón, de naranja, de aceitunas, a currar, por cuatro perras, y algunas, demasiadas, sin llegar al mínimo del convenio del campo. Dieciocho folios que se resumen en dos: subidas miserables, bajada de los costes laborales.

Las veo almorzar a mediodía por las calles del centro, esperando que la llamen de la tienda para hacer las siguientes dos horas, de una jornada de ocho, pero tan fraccionada que las tiene 12 horas en tensión.

Las veo salir cuando el sol aún no alumbra a servir en las casas de nervión, el centro, la buhaira o simón verde donde los nuevos señoritos se instalaron al lado de los viejos. Muchas sin contrato, y el resto condenadas a una cotización que las aleja de una jubilación digna.

Los veo renunciar en la farmacia al medicamento imprescindible porque no pueden asumir el copago impuesto por el sistema sanitario público.

Mientras el PSOE dibuja la Andalucía imparable, vemos, día tras día, a cientos de personas, cientos de miles en toda nuestra tierra, cuya existencia sigue marcada por las dificultades, por la desigualdad. Algunas nadan en la abundancia, al calor de un sistema que les permite explotar, acumular y enriquecerse, cuando no instalados en una cómoda posición en el staff público, que les permite un nivel de vida muy por encima de la media. Las demás, las más, intentando sobrevivir a duras penas todos los días. Andalucía se sostiene en la solidaridad, el apoyo familiar, y la generosidad a su gente; de un pueblo que tiene muy pocas barandas a las que agarrarse en las dificultades. Esos asideros que deberían salir de la acción política, de la acción de gobierno, que embridaran los beneficios empresariales de algunos sectores, a favor de un reparto de rentas progresista; de una legislación que marcara unos mínimos de inversión pública en los presupuestos andaluces para la sanidad, la educación, las infraestructuras, la dependencia, los servicios sociales, la vivienda pública. De políticas fiscales que arrancaran más compromiso a los que más tienen. De frenar la economía especulativa y extractiva, que saca lo mejor de nuestra tierra, maltratando muchas veces nuestro ecosistema, para que los beneficios se vayan fuera. De una Inspección de Trabajo suficiente y eficaz que ponga límites claros al abuso patronal.

Frente a eso un PSOE instalado desde hace años en la complacencia, las tesis liberales, amigo de los bancos, cuando no en sus consejos de administración y en el de las grandes empresas de los oligopolios de la energía, el turismo, la sanidad, la agroindustria.... Un PSOE acostumbrado a entrar y salir de lo público a lo privado y viceversa. Un PSOE que abandonó hace muchos años los principios con el que Pablo Iglesias -el otro- construyó un armazón político y sindical para defender a obreros y obreras de la miseria y la explotación.

Sí, es verdad, hoy ya no hay que pagar al practicante, y a la Universidad van las hijas y los hijos de la clase trabajadora. Faltaría más. Aunque muchas tengan que emigrar llevándose nuestro talento fuera.

Sí, es verdad, hoy no hay que pagar por sacarte una muela, lo hace “el seguro” -aunque la cartera de servicios de la salud bucodental tenga menos líneas que un cuadernillo Rubio- y tardamos solo 5 horas en recorrer la autovía entre Huelva y Almería. Pero esos 500 kilómetros nos devuelven una radiografía de Andalucía donde siguen bien enraizadas las causas estructurales que nos tienen, en muchas estadísticas, a la cola, o en la cabeza, según cual sea. A la cabeza del desempleo, a la cola del gasto sanitario, por ejemplo. Mientras Susana Díaz y el PSOE sigan haciéndose la foto con los presidentes de los bancos, esta será la hoja de ruta que nos tenga en la periferia de Madrid, y no en el centro de nuestros intereses. Y así, por ejemplo, Granada no tiene tren.

Toca dar un paso adelante, Andalucía es un país, un pueblo, y una realidad social con identidad propia. Tenemos gente, recursos y potencial sobrado para empujar por nosotras y nosotros mismos el desarrollo integral de todas las personas que vivimos aquí. Somos un pueblo con historia, que ha demostrado, durante siglos, su capacidad para emprender, para imaginar, para crear y para soñar.

El agotamiento del PSOE es evidente. No hay proyecto andaluz: hay sucursalismo político, económico y bancario. La alternativa pasa por conformar un bloque político que desde la izquierda ponga a la gente en el centro de las preocupaciones y las políticas andaluzas. Por eso creo que ese cambio empieza porque Podemos Andalucía, con Teresa Rodríguez al frente, empuje esa propuesta que dé la mano de todas las fuerzas políticas, movimientos sociales, plataformas ciudadanas, mareas... sea capaz de sumar esas miles de voluntades que sueñan con despertar de este letargo en el que estamos sumidos desde hace muchos años.

Esto no va de noticias en canal sur o anuncios en los periódicos donde la Junta presume sobre lo bien que funciona la sanidad, o lo contenta que está la gente en sus pueblos. Esto va de cómo se puede cambiar esta realidad con una mayoría social de cambio en el nuevo Parlamento de Andalucía.

El PSOE no las ve, pero nosotras llevamos muchos años viéndolas.

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