Antonio Machado y el exilio republicano
El 22 de febrero de 1939 murió en Collioure Antonio Machado. En un bolsillo del gabán de Antonio, su hermano José encontró un papel con estos versos: “Estos días azules y este sol de la infancia”.
“Nosotros no pretendemos educar a las masas. A las masas que las parta un rayo. Nos dirigimos al hombre, que es lo único que nos interesa”, sentenció Juan de Mairena. Lo refleja Antonio Rodríguez Almodóvar en un precioso y magnífico libro, “Antonio Machado, Laberinto de espejos”, editado por la Junta de Andalucía, en 2009, y que adquirí en la reciente Feria del Libro de Jaén, donde presenté uno de mis últimos libros, “Emergencia climática”.
A primeros de mayo, un grupo de 63 andaluces inquilinos de “Cuadernos de Roldán”, publicación poética y pictórica que se edita desde finales de los años ochenta en Sevilla, viajamos a Collioure y a Argelés-Sur-Mer. Mientras escribo oigo “La Mer”, de Claude Debussy (1862-1918).
El alma, quizá la psique, embargada de emociones. En día gris y lluvioso visitamos Collioure y el espacio de Antonio Machado en la planta baja donde estuvo el hotel Bougnol-Quintana, hoy transformado en apartamentos turísticos. Hasta allí llegaron el 29 de enero de 1939 Antonio Machado, su madre Ana Ruiz, su hermano José, y Matea, la esposa de éste, acompañados del escritor español Corpus Barga. Jacques Bails, empleado de la estación de tren que residía en el hotel, se lo recomendó. Vecinos de Collioure como Juliette Figueres y Jacques Baills les ofrecieron hospitalidad.
El 22 de febrero moría Antonio Machado por una enfermedad pulmonar y suponemos por la tristeza y depresión que le produjeron la guerra y lo que presenció en el exilio, yendo de Valencia a Barcelona, y de allí a la frontera en Portbou, hasta llegar en tren a Collioure procedente de Cerbére. La familia francesa de Matie Debohe ofreció su nicho en el cementerio, para que Antonio fuese enterrado. Su madre murió tres días después, y también fue enterrada en otro lugar del camposanto francés. En 1958 de exhumaron los restos y por suscripción popular se sufragó la tumba donde, desde entonces, descansan los restos del poeta y de su madre.
En febrero de 2019, al cumplirse 80 años de su muerte, la tumba de Machado y la playa de Argelés-Sur -Mer fueron visitadas por el primer presidente español que lo hacia, el socialista Pedro Sánchez, quien rindió homenaje a Antonio Machado y a las decenas de miles de exiliados republicanos, que padecieron recluidos, y muchos murieron, en los campos de concentración de Argelés- Sur -Mer con más de 120.000 prisioneros, y en el castillo de Collioure donde más de un millar de prisioneros republicanos españoles sufrieron las duras condiciones impuestas a los presos, y donde muchos murieron realizando trabajos forzados, como nos narró el magnífico guia Patrick Medina, que se conoce la historia de los presos en el castillo como nadie.
Los andaluces que, de la mano de “Cuadernos de Roldán” y de Joëlle Santa García de la Fundación Antonio Machado en Collioure, y de Olga Arcos del Centro Memorial de Argelés Sur Mer, hemos visitado los caminos machadianos y del exilio. Nos emocionamos ante aquellos episodios históricos que acabaron con las ilusiones, los sueños, e incluso con las vidas de miles de compatriotas republicanos que nos precedieron. Las mujeres y hombres de la expedición andaluza hemos vuelto impresionados, con las imágenes fotográficas y los vídeos que muestran la tragedia y el horror, de aquellas personas que fueron condenadas al exilio y a la muerte por defender la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los hombres.
A través de fotografías, textos, documentos y paneles, y la visita a los lugares de memoria, hemos sentido los desastres de una guerra fraticida, originada por un levantamiento rebelde contra el Gobierno de la Segunda República, y la posterior represión franquista contra quienes defendían el ideal republicano. En un día triste y lluvioso en Collioure, recordamos con emoción y respeto a aquellos que sufrieron y murieron por una causa noble para España, y por un mundo mejor para la Humanidad. Y leímos ante la sencilla tumba, nuestros poemas: “Poeta que vio el azul/ velazqueño de Sevilla/ y el marino y tenebroso/ en la Collioure francesa/ tras larga marcha fúnebre/ por los senderos tristes/ de la guerra y el exilio/... Una de las dos Españas/ vino a helarte el corazón/ en tierra extraña/ bajo el azul y el sol de siempre/ de la vejez y de la infancia”.
Antonio Machado nos dejó pensamientos y poemas para hoy, y para siempre: “Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito./ A mi trabajo acudo,con mi dinero pago/ el traje que me cubre y la mansión que habito,/ el pan que me alimenta y el lecho donde yago./ Y más que un hombre al uso que sabe su doctrina,/ soy en el buen sentido de la palabra, bueno”. Y cuando llegue el día del último viaje,/ y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,/ me encontraréis a bordo ligero de equipaje,/ casi desnudo, como los hijos de la mar“. Y ante la tumba del maestro y poeta, agradecimos su vida, su obra y su último legado: ”Estos días azules y este sol de la infancia“.