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Por qué no durará la tregua sobre Adamuz en Andalucía

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La tragedia de Adamuz, con 45 fallecidos y 37 heridos, veinte aún hospitalizados, conmociona a España y duele especialmente en Andalucía. La reacción política en los primeros días fue la de la colaboración institucional con el primer foco en las víctimas. Se vieron imágenes y palabras de Pedro Sánchez y Juan Manuel Moreno reconociendo la colaboración y el esfuerzo de los trabajadores públicos, de las dos administraciones que presiden, en salvar heridos y sacar cadáveres. Se vieron al ministro Óscar Puente y al consejero Antonio Sanz al pie del cañón sin descanso en la noche y días siguientes de la tragedia.

Una tregua, se dijo. Duró poco, ya se sabe. Lo que ha durado el luto nacional. Vox ni siquiera lo respetó. El PP casi tampoco. La tentación de sacar a pasear hipérboles (según el PSOE también bulos) contra el Gobierno de Pedro Sánchez es demasiado golosa para Alberto Núñez Feijóo con 45 familias de personas muertas de repente en un viaje en tren, que las llevaba a casa a muchas de ellas. Las tragedias como munición electoral. Se dice que es porque se está en un semestre de elecciones con mucho en juego, pero ese ambiente de guante de hierro de la oposición se vive desde que Sánchez es presidente del Gobierno, ya va para ocho años.

Madrid (en sus dos dimensiones) rompe la tregua, ¿y Andalucía? Hasta este martes, una semana después, prevalece la orden de Juan Manuel Moreno de paz institucional, que Alberto Núñez Feijóo acató con mala cara. Con la tragedia de Adamuz, el presidente andaluz agranda su perfil de moderado tan trabajado y que estuvo a pique de malograrse con la crisis de las mamografías y el seguidismo inconexo a las consignas de Feijóo. No solo. También el drama le ha propiciado hacer visible otro de sus rasgos políticos, el de líder capaz de enternecer a los demás. No es baladí. No todos los líderes, incluso algunos muy votados, poseen esa capacidad, quizás la que le hizo ganar la mayoría absoluta en 2022. Como gestor, muy discutible, pero él cae bien, sería el resumen. 

Moreno querría una campaña tranquila. Intenta esquivar la polarización porque sabe que solo beneficiará a Vox y su mayoría absoluta depende del bocado que le pegue la ultraderecha. Hasta ahora solo habla de exigir al Gobierno central una “investigación rigurosa”. ¿Significa eso que continuará la paz institucional en Andalucía sobre el accidente de Adamuz y sus consecuencias trágicas? Aunque sea lo que más interese al mandatario andaluz, no creo que la tregua aguante ni siquiera a los funerales.

Sí, parece que el PP, antes incluso de que se organicen las víctimas, ya presume una movilización como la de la dana de Valencia contra Carlos Mazón. La tragedia de Adamuz como revancha de la Dana de Valencia. La cabeza de Puente por la que tuvo que sacrificar de Mazón. No es algo descabellado en el PP según sus últimos pasos y declaraciones, aunque nada tengan que ver las actuaciones de uno y otro político ante la tragedia

Quizás no le oigamos aseveraciones como las de Ayuso o utilizar el trazo grueso de otros dirigentes del PP, pero Juan Manuel Moreno o su equipo acabarán cediendo a la consigna del PP de sí a la agresión al enemigo Sánchez por las muertes de Adamuz; aunque aún no se sepan las causas del accidente ferroviario y apenas ha empezado esa investigación rigurosa que reclama el presidente andaluz. Un ejemplo: que Juan Bravo, miembro de la dirección nacional del PP, pero hombre de peso en la andaluza, haya sido el portavoz popular para exigir no solo la dimisión de Puente, como Feijóo, sino que el ministro no acuda a los funerales, a celebrar en Andalucía, por respeto a las víctimas.

Sí, parece que el PP, antes incluso de que se organicen las víctimas, ya presume una movilización como la de la dana de Valencia contra Carlos Mazón. La tragedia de Adamuz como revancha de la dana de Valencia. La cabeza de Puente por la que tuvo que sacrificar de Mazón. No es algo descabellado en el PP según sus últimos pasos y declaraciones, aunque nada tengan que ver las actuaciones de uno y otro político ante la tragedia. Puente ha estado en todo momento dando la cara y su dedicación y esfuerzo son innegables. Una buena pregunta que hacerle a Moreno es si coincide con Juan Bravo en que Puente no debe acudir a los funerales. Entonces quizás también se barrunte cómo va la comunicación entre Génova y San Telmo sobre la financiación autonómica, cuya oposición a la propuesta de María Jesús Montero lidera el citado Juan Bravo.

Claro que la política de no agresión no dependerá solo de los cargos populares en Andalucía, también de los socialistas y demás oposición a su izquierda, hasta ahora en la misma onda. El primer termómetro se medirá en la comparecencia del consejero de las emergencias y la sanidad, Antonio Sanz, esta semana. Sanz intentará defender la gestión autonómica en el auxilio de las víctimas y hasta ahora ha destacado la colaboración con el Gobierno en el éxito de tamaño operativo.

Está por ver si el PSOE andaluz, con María Jesús Montero, miembro del Gobierno y candidata a la Junta, aguantará la presión del PP para que dimita el ministro Óscar Puente. Y si Moreno reprimirá la tentación de erosionar a su principal adversaria en las elecciones autonómicas de junio como miembro del Gobierno ahora en el punto de mira por el mortal accidente ferroviario. Quizás la reprima sin recuerda que él mismo era miembro del Gobierno de Mariano Rajoy en el accidente ferroviario de Angrois (Galicia), que dejó 80 muertos y 144 heridos y por el que no dimitió ningún cargo del PP, tampoco la entonces ministra de Fomento Ana Pastor.