La portada de mañana
Acceder
El aumento del gasto en la red de alta velocidad, por detrás del boom de viajeros
Los groenlandeses en Dinamarca no pueden respirar aliviados
OPINIÓN | 'El rescate del perro Boro', por Rafael Narbona

Adamuz, el pueblo que se levantó en la desgracia

Néstor Cenizo

Adamuz (Córdoba) —
24 de enero de 2026 21:02 h

0

Tarde del 18 de enero, domingo. José Cepas, Julio Rodríguez y su madre, Elisabet Ayllón, recorren la carretera que serpentea las estribaciones de Sierra Morena para llegar a Adamuz. Se les ha hecho de noche pescando en Iznájar, así que alrededor de las ocho de la tarde José llama a su madre para poner alguna excusa, cuando Julio divisa las luces de un coche de la Guardia Civil que pasa como un tiro. “Mamá, vamos a seguirlo a ver qué está pasando”.

Lo que pasa, pero eso no lo saben, es que allí abajo, en el punto kilométrico 318 de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, dos trenes han chocado a 200 kilómetros por hora. Entre la chatarra deforme de los vagones y en las vías hay decenas de cadáveres y cientos de supervivientes, muchos de ellos heridos de gravedad, que piden auxilio a gritos. Hace frío, un grado, y todo está oscuro.

Un rato después, los dos muchachos recorren frenéticamente los 800 metros que separan uno y otro tren. Una vez, y vuelta. Otra vez, y vuelta. Llevan heridos, les dan aliento, los arropan con sus abrigos.

La madre de José vuelve a llamarlo:

– José, están diciendo que hay muchos muertos. Por favor, vete de ahí.

– Mamá, hay gente pidiendo ayuda. No me puedo ir. Le acabo de dejar a un hombre los zapatos y tengo que sujetarlo.

Tres días después, Loli lo ve así: “Te paras a pensar: yo soy su madre, y no sabes lo que pueden ver allí. Pero mira: ahora sé que hizo lo correcto”. También ella salió de casa en cuanto supo lo que había ocurrido.

“Nos conocerán por la tragedia, pero creo que lo hemos hecho bien”

El domingo, a las 19:43, el tren Alvia de Renfe serie Class 120 que une Madrid con Huelva impactó de frente con el tren Iryo 6189 de la serie Frecciarossa 1000. El primer informe de los investigadores apunta que el vagón 6 descarriló por una fractura en la vía, provocando el impacto con el Alvia que pasaba por la vía contigua. A bordo del Iryo viajaban 289 personas entre pasajeros y personal; en el Alvia, 191. 45 de ellas han muerto y 118 quedaron heridas. Aún quedan 23 ingresados, cinco de ellos en UCI.

El accidente ha despertado de un plumazo (siempre es así) la conciencia de que somos seres vulnerables, golpeando además una infraestructura que vertebra el país. Cada fin de semana, entre tres y cuatro millones de personas suben a un tren en España. Solo el domingo, la conexión Málaga-Madrid ofrece 18 servicios de alta velocidad. En los vagones siniestrados viajaba Jesús Saldaña, un brillante cardiólogo malagueño del Hospital La Paz que regresaba a Madrid tras pasar unos días con su familia; Natividad de la Torre, que había regalado a sus nietos las entradas para El Rey León; los opositores Eduardo Domínguez y Mario Jara, nacido y fallecido un 18 de enero. 45 personas no volvieron de su fin de semana.

“Sé que ahora nos conocerán por la tragedia. Y que quien ha perdido a alguien no querrá oír hablar de este pueblo. Pero al que le salvaron la vida, al que ayudamos a subir a un autobús, al que le echamos una manta por lo alto... No creo que tengan un mal recuerdo. Creo que lo hemos hecho bien”, cuenta, ya el jueves, la madre del muchacho. 

Hasta el pasado domingo este era un pueblito olivarero cuyo principal orgullo, además del aceite, son sus bosques poblados por linces, águilas imperiales, búhos reales y otras rapaces que atraen a un buen puñado de aficionados a la fotografía. Sus vecinos comparten una finca de 2.500 hectáreas, los Montes Comunales, y mantienen un talante hospitalario que viene de antiguo: este era lugar de parada y fonda en el Camino Real de la Plata, famoso por sus posadas y mesones, de las que dieron cuenta Lope de Vega o Calderón de la Barca. 

En los años 90, la construcción de las líneas del AVE atrajo a Adamuz a obreros e ingenieros, hubo trabajo para todos y algunos amasaron un pequeño capital que les dio para emprender. Dicen que las discotecas por entonces abrían hasta los lunes. Pero cuando el momento pasó del AVE sólo quedó el rumor de su paso lejano y decenas de fincas partidas en dos. Son los dueños de esos olivares quienes ven y escuchan el tren. Hoy, Adamuz supera por poco los 4.400 habitantes, y su principal reivindicación es un nuevo Centro de Salud que sustituya al actual, que se cae a cachos. El gran hito de los últimos años ha sido la puesta en funcionamiento, al fin, de la residencia de mayores.

De la adrenalina al impacto emocional

Sobre este lugar a 30 kilómetros de Córdoba se han puesto los ojos de medio mundo. Los vecinos se ven en la tele. The New York Times, CNN, BBC y la televisión china han enviado aquí sus corresponsales, y los periodistas interrogan a los vecinos desde hace días con cuestiones que ahondan en el shock emocional. Y pese al cansancio, no se conoce una mala cara. El accidente, el más grave que haya sufrido nunca la alta velocidad española, ha volteado también la vida de Adamuz, pero tras el impacto los adamuceños se pusieron rápidamente en pie.

Antonio Pérez convirtió el Hogar del Pensionista en el primer refugio para familiares. El hombre se disponía a bajar la persiana, pero acabó regresando a casa el lunes a mediodía. En esas horas despachó cientos de bocadillos, pero también hizo de psicólogo de barra para quienes buscaban a sus hijos, a sus padres, a sus parejas.

Ya de madrugada el Ayuntamiento habilitó la caseta municipal para centralizar la ayuda. Enfrente está la carpintería metálica de Paco Cuenca, que relata cómo en cuanto se enteró echaron a su furgoneta colchones y mantas, y luego decenas de garrafas de agua. “Cada uno en el pueblo hizo lo que podía hacer, y creo que si hubiese sido de otra forma no habría salido tan bien. Esto es una desgracia, pero estamos orgullosos de que nadie se quedó en casa”.

Otro de los rostros populares de la tragedia es Gonzalo Sánchez, el hoy famoso vendedor de cupones. Él fue quien tumbó la valla para llegar al Alvia y quien a lomos de un quad que quedó para el arrastre fue llevando sanitarios hacia el Alvia y heridos a la vuelta. Tantos como podía, con “pulso de cirujano” para evitar agravar las heridas. Algo tuvo que ver la adrenalina: “No eres consciente. Lo haces y punto. A veces te vienen las imágenes y duele mucho porque son muy fuertes: no estás acostumbrado a esto”. Dice que contarlo le ayuda a liberarse.

“Al llegar oí una niña gritando”

Al alcalde ahora le preocupa el impacto emocional de la tragedia en sus vecinos. “Estamos tocados”, admite. Ha anunciado que habrá ayuda psicológica y que él la necesita. Después de cuatro días sin parar, le cuesta conciliar el sueño y prefiere no ver las noticias. “Desde anoche, que ya volví a la rutina, me vienen las cosas a la cabeza”, dice Martín, que desde la barra del Hogar vio desmayos y oyó los alaridos de dolor.

Estos días han llorado los bomberos y guardias civiles, vecinos, políticos y hasta mandos curtidos en emergencias. Arturo Carmona y Álvaro Ayala, cabos del equipo de investigación de siniestros viales de Peñarroya, fueron los primeros agentes en llegar al Iryo siniestrado. Este jueves contaron, al borde de las lágrimas, cómo desde una luz que se acercaba por las vías alguien les gritaba que más adelante había otro tren convertido en un amasijo de hierros. Hasta ese momento ellos no sabían nada. “Refirió que había muchos muertos y heridos. Me quedé petrificado. Y en esos 800 metros nos fuimos haciendo a la idea, porque vimos cuerpos”. Allí les esperaba el horror: 36 de los 45 fallecidos viajaban en el Alvia. “Al llegar, oí a una niña de 6 años gritando que su padre estaba muerto. Me agaché, la abracé, intenté tranquilizarla. Nunca llegué a verle la cara”, rememora Carmona. Su compañero no puede olvidar la imagen: “Ahora voy a la cocina a por una cosa y cuando llego me digo: ”¿a qué he venido aquí? Porque mientras vas, el vídeo que tienes metido en la cabeza te da vueltas. Y es como un bucle de principio a fin“.

El accidente movilizó a buena parte de la comarca del Alto Guadalquivir. En total, más de 800 efectivos de Emergencias, Guardia Civil y sanitarios desplegados en los últimos cuatro días. La primera ambulancia llegó desde el pueblo a las 20:02. Luego llegarían casi 40 más a través del único acceso vial a la zona.

También acudieron civiles, hasta que pudieron. Hasta aquí llegaron voluntarios desde Ovejo, 40 kilómetros de pura curva, a echar una mano. De Andújar vinieron Meri Anguita y una veintena de voluntarios de Protección Civil. El jefe de grupo les advirtió de que sólo debían subir al coche si estaban preparados para todo. “Por muy impactante que sea lo que ves en la televisión, nunca puedes imaginar algo así”, cuenta quien se hizo voluntaria por la pura voluntad de ayudar. Se marchó de Adamuz a las 3 de la madrugada, y a las 8 de la mañana estaba en su trabajo.

Paco Cuenca, jefe del Consorcio de Bomberos de Córdoba, recibió la primera llamada a las 19:45, y de inmediato partió la primera dotación desde Montoro. Luego les siguieron La Carlota, Pozoblanco, Baena. Fue a los pies del Iryo cuando le gritaron que había otro tren. Y al llegar al Alvia encontró el caos. Sacó muertos y heridos, algunos bajo los fallecidos. Aquella noche recuperaron 21 cuerpos, y dejaron otros tres localizados a los que no podían excarcelar sin comprometer su propia seguridad. Se marchó a las 6:30. A las 7:30 estaba de vuelta. “Todavía no he reposado lo que ha ocurrido. Mañana, cuando me levante, veremos qué pasa”.

“Me gustaría que se recuerde por lo que hicieron los vecinos”

La localización de los dos últimos cadáveres, el jueves a mediodía, marcó el fin del despliegue de la Fase Operativa 1 del Plan de Emergencias. Estaban en el vagón 2 del Alvia. Para llegar a él las máquinas retiraron toneladas de hierro y tierra durante horas, tantas que uno de los operarios tuvo que ser infiltrado. Cuando los bomberos pudieron acceder al amasijo de hierros encontraron los dos cadáveres, uno junto al otro, en las filas 4 y 5.

Poco antes, la familia García había recuperado con vida a Boro. La vinculación emocional con el perro de Ana y Raquel, embarazada y aún ingresada, movilizó durante dos días a decenas de voluntarios de Pacma y una cuadrilla del Plan Infoca, hoy integrados en el 112, en una búsqueda contrarreloj por un monte de unas mil hectáreas. Localizaron a Boro (una mezcla de schnauzer y perro de agua) el miércoles por la tarde, pero el animal los rehuyó. “Pero sabía que iba a volver junto a la valla, porque un animal tiene querencia a volver donde se perdió”, cuenta Pedro Rojas. Así que le pidió a Ana que dejara allí una prenda. Y el jueves a primera hora, bingo. Encontrarlo supuso, al menos, un alivio para la familia.

Cuentan los vecinos que estos días están recibiendo mensajes de todos los puntos del país. Julio, alias Juliyocarp, tiene ahora 400.000 seguidores en Tik Tok y ha puesto a sus amigos a clasificar los 8.000 mensajes que se le acumulan para poder responderlos a todos. Gonzalo Sánchez ha perdido la cuenta de cuántas entrevistas ha hecho, y guarda en la billetera un cupón que le ha firmado el Presidente andaluz. Moreno les reconoció este jueves el ejemplo de “solidaridad y empatía”, y minutos más tarde se emocionó: “Este municipio queda en la memoria por su grandeza”. Será complicado de entender que Adamuz no reciba la Medalla de Andalucía.

“Esto no lo podremos olvidar nunca, y me gustaría que también se recuerde Adamuz por sus vecinos y vecinas, y lo que hicieron”, dice el alcalde. En la peor noche de Adamuz ofrecieron todo lo que tenían: alimento, calor, luz, trabajo y consuelo.

Únete al canal de Telegram de elDiario.es Andalucía

A través de nuestro canal en Telegram trasladamos de forma inmediata lo que ocurre en Andalucía: últimas noticias que van aconteciendo, o donde, simplemente, te ofrecemos un resumen de la información más relevante del día.

Suscríbete a nuestro canal en este enlace.