Mehran Karimi Nasseri: el hombre iraní que vivió en un aeropuerto de París durante 18 años
Durante casi dos décadas, un banco de aeropuerto fue el hogar de Mehran Karimi Nasseri. Este refugiado iraní vivió entre 1988 y 2006 en la terminal del Aeropuerto Charles de Gaulle, en Francia, atrapado en una situación administrativa extraordinaria: no tenía documentos válidos para entrar en el país ni para viajar a otro destino.
Nacido en 1945 en la provincia iraní de Juzestán, Nasseri llegó a Europa tras abandonar su país y pasar por varios procesos migratorios. Durante años vivió en Bélgica como solicitante de asilo, pero tras perder sus documentos se encontró en una situación jurídica imposible: varios países europeos lo rechazaron por no cumplir los requisitos de entrada, mientras él tampoco podía regresar fácilmente a su lugar de origen.
Ese vacío legal lo dejó literalmente varado en el aeropuerto de París. Allí se instaló en la Terminal 2F, rodeado de carritos con sus pertenencias, donde pasaba los días leyendo periódicos, escribiendo cuadernos sobre su vida y conversando con empleados y viajeros.
Un limbo jurídico que inspiró a Hollywood
La historia de Nasseri terminó llamando la atención de periodistas y cineastas. Su vida inspiró la película The Terminal, dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Tom Hanks, que recrea la historia ficticia de un viajero atrapado indefinidamente en un aeropuerto.
El caso se convirtió en un ejemplo mediático de las paradojas del sistema migratorio internacional. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ha señalado en diversos informes que los refugiados pueden quedar atrapados en “zonas de tránsito” cuando surgen problemas de documentación o reconocimiento legal entre distintos países.
Investigaciones académicas sobre movilidad y fronteras publicadas por la International Organization for Migration describen situaciones similares como ejemplos de “limbo migratorio”, donde las personas quedan fuera de los sistemas legales de varios Estados al mismo tiempo.
Entre la burocracia y la rutina diaria
En 1999, tras años de gestiones, Francia le concedió el estatus de refugiado y el derecho a permanecer en el país. Sin embargo, Nasseri continuó viviendo en el aeropuerto durante años, en parte por la complejidad de regularizar su situación y en parte por costumbre.
Su rutina era conocida por empleados y pasajeros. Dormía en un banco, utilizaba los baños de la terminal y recibía comida ocasional de trabajadores del aeropuerto. Con el tiempo, incluso adoptó el nombre de “Sir Alfred”, como se presentaba ante los periodistas.
Estudios sobre desplazamiento forzado y salud mental publicados en revistas como The Lancet Public Health han documentado cómo la incertidumbre prolongada en procesos de asilo puede generar fuertes impactos psicológicos y alterar la percepción del hogar o la estabilidad personal.
En 2006 Nasseri abandonó finalmente el aeropuerto tras ser hospitalizado por problemas de salud. Durante años vivió en albergues y residencias en París, financiándose en parte con el dinero recibido por los derechos de su historia.
Pero su vínculo con el lugar que lo hizo famoso nunca desapareció. En 2022 regresó al aeropuerto Charles de Gaulle, donde murió a los 77 años. Su vida, marcada por documentos perdidos y fronteras burocráticas, se convirtió en una de las historias reales más extrañas del mundo contemporáneo: la de un hombre que vivió casi veinte años en tránsito sin llegar nunca a salir del aeropuerto.
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