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Gloria Brea: “La sociedad tiene que saber por qué es importante la ciencia y en este proceso tenemos que ser partícipes hombres y mujeres”

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Gloria Brea Calvo es investigadora en el Área de Biología Celular y profesora en la Universidad Pablo de Olavide. Su trabajo se centra en el estudio de enfermedades raras, en concreto, en el síndrome de deficiencia de coenzima Q. Está especializada en uno de los genes que participan en el proceso de síntesis de esta coenzima para el que solo se han identificado 24 pacientes hasta ahora. “Siempre me han interesado las minorías”, afirma la investigadora a quien le emociona su trabajo porque puede “ayudar a pacientes sin estar en primera línea clínica”.

Amante del conocimiento en general, pero de la Filosofía y de las Artes en particular, se decantó por Biología gracias a la pasión con la que su profesora en el instituto transmitía la asignatura. “¿Cómo es posible que solo un grupo de personas del mundo entero se quieran dedicar a la Biología?”, se preguntaba de joven.

Junto a su faceta en el laboratorio, Gloria Brea está implicada en muchas causas sociales, sobre todo en aquellas relacionadas con la desigualdad de género en la ciencia. Desde el año 2018, coordina, junto a otras profesionales, Iniciativa 11 de febrero, un llamamiento para organizar actividades con el objetivo de visibilizar el trabajo de las científicas, animar a las estudiantes de cualquier edad a seguir este camino y promover prácticas que favorezcan la igualdad de género en la ciencia. Además, esta científica es miembro fundadora de la Comisión Igualdad del Centro Andaluz de Biología para el Desarrollo, es socia de la AMIT (Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas), forma parte de la Red Universitaria contra la Violencia de Género de la UPO y de la Comisión de Género de la Facultad de Ciencias Experimentales de la Universidad, que se constituye hoy martes 11 de febrero.

¿Por qué es necesario celebrar el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia?

Son muchos los motivos pero para mí hay uno básico que es transversal a todos. Creo que la sociedad tiene que saber por qué es importante la ciencia y en este proceso tenemos que ser partícipes hombres y mujeres. Hay que acercar la ciencia en toda su diversidad a la sociedad.

Por otro lado, de manera más específica, el 11 de febrero fue declarado por la ONU el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia porque está demostrado que existe una presencia desigual de las mujeres en el ámbito científico. Las niñas tienen menos interés por carreras científicas, se ven menos capaces, tienen menos confianza en sí mismas y eso tiene repercusiones en las carreras que eligen. En las profesiones vinculadas a la tecnología las chicas están infrarrepresentadas y esto tiene consecuencias para el futuro de la sociedad. Además, muchas mujeres que decidieron seguir la carrera investigadora encuentran todavía muchas dificultades para progresar e incluso mantenerse en la carrera científica.

¿Cómo cree que afecta a la sociedad el hecho de que menos mujeres elijan carreras científicas?

La sociedad pierde riqueza porque la riqueza se encuentra en la diversidad (y no solo la de género). El avance de la sociedad puede empobrecerse si no cuenta con una parte de la población que puede aportar puntos de vista diferentes, otra manera de entender las cosas.

Por otro lado, el hecho de que muchas disciplinas científicas se asocien a lo masculino tiene también que ver con que ellas ven la ciencia como algo difícil. Siempre se ha considerado una actividad de mentes brillantes y creo que es necesario cambiar la imagen de las personas que hacen ciencia. Parece que la ciencia es algo para ‘unos pocos elegidos’ pero junto a esas mentes extraordinarias somos muchas las personas normales, muy trabajadoras, que somos capaces de hacer muy buena ciencia. El otro día leía una idea que me pareció muy interesante y que pedía transformar ese concepto de ‘ciencia excelente’ en ‘ciencia normal’. Es importante entender que se trata de una actividad más, una actividad muy necesaria, muy de futuro, y no solo reservada a unos cuantos perfiles brillantes.

¿De qué forma podría producirse esta transformación?

Para mí tiene mucho que ver con lo que hoy día significa el éxito. Creo que es muy necesario redefinir este concepto porque es uno de los grandes problemas de la ciencia. Entre el personal investigador, por ejemplo, hay una carrera muy competitiva por publicar a un ritmo insostenible y esto genera un ambiente muy hostil no solo para mujeres, también para hombres, pero en el que se ven especialmente afectadas muchas investigadoras. Las mujeres tenemos muchas dificultades para progresar tal y como está montado el sistema.

¿Cuáles son las principales barreras que encuentra?

El 50% de las tesis son defendidas por mujeres pero solo el 20% de las cátedras están ocupadas por ellas. Aunque las cifras están mejorando para algunas disciplinas, muchas mujeres siguen abandonando, entre otros muchos motivos, porque las políticas científicas no están pensadas para mujeres en edad fértil. Además, el sistema es tan competitivo que hace que muchas mujeres lo dejen porque entienden que no les merece la pena seguir avanzando.

Por otro lado, según indican los estudios, hay barreras de resistencia en la evaluación del currículum, hay sesgos inconscientes que valoran como menos capaces a las mujeres para ciertos trabajos. Se han hecho estudios en los que se evaluaban currículums exactamente iguales, pero con nombres (y razas) diferentes, y se ha visto que en general las mujeres son consideradas menos competentes y empleables. Hay sesgos incluso en los anuncios de ofertas de trabajo, las propias cartas de recomendación o en los informes sobre el desempeño de mujeres y hombres. En un estudio realizado en 2014 en el que se analizaron los informes de desempeño de hombres y mujeres en empresas tecnológicas, se observó que las mujeres recibían críticas negativas sobre su personalidad (mandona, abrasiva, estridente, emocional, irracional…) y esto ocurría en el 75% de los informes de mujeres con críticas frente al 2% de los informes de hombres con críticas.

Describe un panorama que desincentiva a la mujer…

En cierto modo, sí. Como somos menos y somos menos visibles también se nos llama menos como ponentes en congresos y esto es negativo porque el trabajo de los científicos depende mucho de cómo el resto de la comunidad científica te considere. Son necesarias políticas activas para invitar a mujeres en una proporción justa a los congresos y ya se ve que muchos lo están teniendo en cuenta.

También hay otros estudios que demuestran que en el caso de las citas de los trabajos que se publican, si las mujeres son primera o última autora se citan menos que si son hombres. Además, los hombres se autocitan más. Todo esto contribuye a que el currículum del investigador sea más potente que el de la investigadora. Ahora ya se están corrigiendo ciertos desequilibrios; por ejemplo, en la evaluación de los sexenios se está teniendo en cuenta la posible discontinuidad en la producción de mujeres y esto es positivo.

¿Qué opinión le merece el plan de producción científica de investigadoras de la Universidad Pablo de Olavide que reduce la carga docente de las científicas para fomentar la producción tras la maternidad, adopción y/o acogimiento?

Es un logro. Ayudar a la mujer para que no pierda el carro y pueda continuar en la producción científica es un paso muy importante. Sin embargo, recojo también la crítica de algunos compañeros que entienden que la medida no incentiva a que los hombres se encarguen también del cuidado. Habría que trabajar la corresponsabilidad desde otro ángulo.

Usted participa en la Iniciativa 11 F y además de coordinar la plataforma imparte charlas en los colegios sobre su trabajo como científica. ¿Qué tal resulta la experiencia?

La experiencia es muy enriquecedora y está teniendo mucha acogida. Tanto el año pasado como este hemos recibido unas 5000 solicitudes de charlas por parte de centros educativos y hemos conseguido cubrir buena parte de ellas. El alumnado de Bachillerato- a pesar de tener más o menos definido su camino- es el más receptivo y trabajar con Primaria resulta también muy gratificante. Te emociona mucho cuando una niña dice que de mayor quiere dedicarse a lo mismo que tú. Pero me gustaría puntualizar que para mí el objetivo no es despertar vocaciones, sino mostrar opciones. La carrera científica es una opción más entre otras muchas que contribuyen a mejorar la sociedad. De hecho, cada vez se hace más necesaria la formación en Ética, Filosofía, Humanidades…La idea que queremos que prevalezca es que el género no debe marcar la elección de la profesión, y recordar que hay muchas mujeres haciendo grandes cosas en ciencia, pero también encontrando dificultades.

Porque hay profesiones también con presencia femenina claramente mayoritaria…

Efectivamente. Ocurre sobre todo en aquellas que tienen que ver con el cuidado a los demás, que ha formado siempre parte del estereotipo de mujer. Considero que lo que tendríamos que hacer es poner en valor esta función en nuestra sociedad. El cuidado a los demás debería tener más reconocimiento.

Ha apuntado varios cambios necesarios para promover la igualdad de género en las carreras científicas. Si tuviera que priorizar, ¿por dónde empezaría?

Por la educación. Los niños y las niñas deben comenzar a ver la ciencia como algo plural y algo accesible. Faltan referentes femeninos. En los libros de texto apenas aparecemos, en los medios de comunicación, tampoco. Los niños y las niñas no se identifican con un hombre de pelo blanco mirando un tubito ni con una señora mayor encerrada en un laboratorio. Quienes hacemos ciencia somos gente normal y con perfiles muy diversos. Tenemos que trasladarlo.

Gloria Brea Calvo es investigadora en el Área de Biología Celular y profesora en la Universidad Pablo de Olavide. Su trabajo se centra en el estudio de enfermedades raras, en concreto, en el síndrome de deficiencia de coenzima Q. Está especializada en uno de los genes que participan en el proceso de síntesis de esta coenzima para el que solo se han identificado 24 pacientes hasta ahora. “Siempre me han interesado las minorías”, afirma la investigadora a quien le emociona su trabajo porque puede “ayudar a pacientes sin estar en primera línea clínica”.

Amante del conocimiento en general, pero de la Filosofía y de las Artes en particular, se decantó por Biología gracias a la pasión con la que su profesora en el instituto transmitía la asignatura. “¿Cómo es posible que solo un grupo de personas del mundo entero se quieran dedicar a la Biología?”, se preguntaba de joven.