Miguel Campins, el militar leal a la República cuyo fusilamiento no pudo evitar ni Franco
Le sucede a todos los escritores: al término de un evento, alguien se acerca, quizá con una carpeta bajo el brazo, y le comenta que tiene una historia familiar que daría para un libro. A Lorenzo Silva (Madrid, 1966) le había ocurrido muchas veces, pero cuando se encontró con el nieto del general Miguel Ángel Solana Campins intuyó que ahí sí había una gran historia que contar. Ahora, ocho años después de aquel encuentro, presenta Con nadie (Destino), la historia de un militar africanista que se mantuvo leal a la República y fue fusilado en el tórrido verano sevillano de 1936.
A Lorenzo Silva, el interés por Marruecos y la guerra de África le viene de familia. Su abuelo Lorenzo combatió en ellas, y “igual que otros imaginaban otros mundos con las historias de Kipling, yo lo hacía con las de mi abuelo. Por ejemplo, el hecho de que tuvieran un mono en la posición me parecía puro exotismo”, recuerda. Cuando creció y se hizo escritor, descubrió que había buena literatura sobre el tema, pero muy escasa: Imán, La ruta de Barea… Poco a poco, él mismo fue sumando títulos a esa nómina, el último de los cuales es Con nadie.
Para Silva, Campins es algo más que una figura heroica en más de un sentido. “Yo tenía noticias del personaje, pero no sabía que había estado tan en primera fila, ni tantas veces. El tipo llega a la guerra de África con 31 años y manda una carga de caballería, manda asaltos de unidades de cazadores contra las posiciones en territorio enemigo, manda una oleada de desembarco, hace incursiones en territorio enemigo con un avión de aquellos que lo normal era estrellarte, es hasta artillero, fortifica una cota y planta los cañones”, enumera. “Además, está en todo: en Annual, en Xauen, en el desembarco de Alhucemas, en la operación final… Es un personaje que te permite ver todo lo que pasó en aquel momento, con una impresionante galería de personajes propios y extraños: El Mizian, el Raisuni, Abdelkrim, El Jeriro, Sel-liten, muchos de los cuales no son conocidos, y que darían para una película, ¡qué digo, para una serie!”
La catástrofe española
“En África se cuece la catástrofe española”, explica Silva. “Allí culmina la fractura social española que venía del siglo XIX, porque hay dos visiones muy enconadas, con satélites también muy enconados, como el carlismo, como el anarquismo, que tiene un peso en España que no tiene en ninguna otra sociedad europea. Todo eso se hace en la guerra de África absolutamente insoluble, una guerra abastecida de mano de obra reclutada entre la población miserable, salvando a las capas privilegiadas del esfuerzo bélico. Y luego está Annual, una masacre de proporciones homéricas que descompone completamente al país”.
Ahí aparece África como la caja negra de lo que iba a ser el golpe de Franco y la contienda civil. “En la Guerra de África se instruye a la mano de obra de la Guerra Civil; en el bando nacional son los militares sublevados, los que dirigen el Ejército Nacional, pero también la tropa de choque, que en buena medida viene de África, son unidades coloniales generadas en la guerra de Marruecos que acaban sirviendo para atacar a los propios ciudadanos españoles. Pero es que en el bando de enfrente, la mano de obra del ejército de la República, la mano de obra útil, la que desde el principio empieza a funcionar, son los veteranos de la guerra de Marruecos que combaten en el bando republicano porque una parte muy significativa de la Guardia Civil, de la Guardia de Asalto y de la Guardia de Seguridad y de los carabineros no se sublevan”.
Entre ellos estaba Campins. No obstante, lo que acabó de convencer a Silva para abordar este proyecto fue la buena prosa que reconoció en sus escritos y el perfil humano que se revelaba en ellos. “Escribía muy bien. Cosa no normal entre los militares ni de esa época, pero él escribía de una manera natural, eficaz, de convincente, de alguien que está buscando, primero alguien que piensa, que elabora sus ideas”.
Vidas paralelas
Pero había algo más, y era su condición de perfecto contrapunto de Franco y que ilumina al dictador. “Son vidas paralelas que desembocan en ese detalle final tan misterioso el hecho de Franco pida clemencia para Campins después de que un consejo de guerra dicte su sentencia de muerte. ¿Por qué Franco, que no intercedía por nadie, lo hizo por Campins? ¿Por qué fueran amigos íntimos? Yo no lo creo. Habían trabajado juntos, pero él sabía quiénes eran los suyos. A Campins lo sondea lejanamente sobre el golpe, y como no lo ve por la labor, lo aparta de su proyecto. Y Franco no es el militar que más le gusta a Campis: ha hecho sus méritos, pero es una persona muy atenta a su propio medro”.
“Lo intrigante es que a Franco no le conviene interceder por Campins, y en su biografía no recuerdo que haga nada que no le convenga. Todo es calculado, incluso su forma de unirse al alzamiento, haciéndola reversible por si fracasa”, agrega Silva. “Sin embargo, se expone así ante Queipo de Llano, que no quería a Franco ni Franco lo quería a él”.
Queipo, jefe del alzamiento en Andalucía, aparece en Con nadie como la némesis de ese Campins que, en 1936 y envuelto en una maraña de traiciones y mentiras, acuartela a las tropas en Granada con el objeto de evitar un baño de sangre que a la postre se revelaría fatal. “Queipo, rodeado de pretorianos, exige que sea Campins fusilado, porque detecta que no le respeta. Él mismo lo dice ‘yo no soy un cabo’. De hecho, Campins lo engaña, finge sumarse a la rebelión cuando en realidad está tomando decisiones que van a favor del gobierno de Madrid”.
Una historia de amor
El desastre que caería sobre Granada, según Silva, viene explicado por el hecho de que “esa cuadrilla de conspiradores, los que acaban teniendo la voz cantante son los más duros. El coronel de Infantería de Campins, que ha sido su segundo en África, obra así por miedo de hecho lo acaban apartando. Pero hay otros personajes muy, muy peligrosos, que obtienen carta blanca de Queipo, y los demás están aterrorizados. No sé si Queipo dijo aquello de ‘dar café’ a Lorca, pero es evidente que formaba parte de su filosofía. Entró en Sevilla como un terrorista, como Tejero en el congreso”.
Pero Con nadie no es solo una historia de uniformes, disparos y conjuras. También es la historia de amor de Campins con su mujer, Dolores Roda, con la que “tiene momentos muy felices, pero también muy desdichados”, dice Lorenzo Silva. “En una carta que le manda al final, cuando está todo perdido, pone de manifiesto que sigue enamorado de ella, 20 años después, aunque la vida les impide compartir más que un par de temporadas, Madrid, Zaragoza, Gerona… Es una historia que no está en los archivos, pero explica al personaje”.
Uno de los momentos más conmovedores de ese desenlace, según el escritor, es aquel en que pide a su cuñado que le diga a sus hijos que no sean militares. “Al término de su vida piensa que se ha equivocado, ha antepuesto todo a su deber militar, y al final es traicionado por sus compañeros. Había pasado 35 años de su vida en una soledad personal absoluta, había logrado romper esa soledad creando una familia que, al final, queda desamparada”.