Radiografía del mundo del cómic: la precariedad crónica de los artistas de la viñeta

Resulta paradójico que, mientras que el mundo del cómic celebra una nueva Edad de Oro en la que se publica más que nunca y los festivales dedicados al género proliferan por doquier, la precaria situación de los creadores sea un secreto a voces. Son muy pocos quienes pueden permitirse vivir con cierta holgura gracias a sus lápices, mientras que la inmensa mayoría se afana en abrirse un hueco en el mercado esperando un milagro –casi siempre en forma de editor extranjero– que rara vez llega.

Incluso todo un premio Nacional de Cómic como Candela Sierra (Ronda, 1990) reconoce que “es un medio muy complicado, muy poquita gente vive de cómic en nuestro país. Yo ahora estoy viviendo un momento muy bueno con el premio, pero lo normal es que mucha gente lo combine con otros trabajos. Por ejemplo, yo doy clases y hago ilustración también”.

Una combinación que, por natural que suene, a la autora de la aclamada Lo sabes aunque no te lo he dicho le sigue sonando rara, “porque cuando haces un libro de cómic y te das a conocer, empiezan a pedirte ilustraciones, pero en realidad son dos lenguajes distintos. Por un primer libro que te ha podido llevar un año de trabajo, si tienes suerte, te pagan unos mil euros, mientras que por ilustrar en una revista o hacer una portada te pagan 300, 400, 500… Y lo haces en una semana como mucho”.

Magros anticipos

Para los artistas de cómic, algunos de los cuales pasaron recientemente por Sevilla en el Festival Hispacómic, los ingresos principales proceden de los anticipos que cobran por las obras publicadas, que suelen ser de un 50% de su porcentaje sobre la tirada. Pero es difícil que estas tiradas sean muy copiosas, de modo que deben confiarse al incierto goteo de los royalties que se van liquidando anualmente.

Para un compañero y paisano de Candela Sierra como José Pablo García, dibujante de larga trayectoria con títulos como Las aventuras de Joselito, La muerte de Guernica, Franco o Soldados de Salamina, “es muy complicado para un autor, tirando solo de los anticipos —incluso si son de obras por encargo—, que le salgan las cuentas para poder vivir, comer y todo eso. Yo por suerte tengo un par de libros míos que se han vendido muy bien y eso me permite que me salgan las cuentas cada año con los royalties que voy recibiendo”.

“El cómic de la Guerra Civil española y el de La muerte de Guernica, son los que mejor me han funcionado y siguen aportándome derechos de autor desde que se publicaron. El resto no se han vendido todo lo bien que yo hubiera querido. Y sobre todo las obras más personales, que encima son con las que has cobrado menos anticipo, son las más complicadas en ese sentido”.

Encargos y proyectos propios

Esto plantea otro dilema en los profesionales del dibujo: ¿Se debe aceptar encargos, aunque no resulten muy interesantes, o apostar por proyectos personales? “Lo más sensato es compaginar ambas cosas”, dice García. “Si tiras solo de proyectos propios, tienes que contar con que cada obra que publiques se vaya a vender muy bien. ”Yo, cuando acabe lo próximo que estoy preparando, ya veré. Igual me planteo hacer una oposición o algo y publicar un libro cada cinco o seis años. Creo que siempre voy a seguir haciendo cómic, pero quizá a otro ritmo y no dentro de un mecanismo industrial, porque tampoco me interesa. Algunos proyectos sí me llenan, pero la mayoría no me aportan demasiado. Y para eso prefiero buscar otro trabajo“.

En esta decisión pesa también la situación fiscal de estos trabajadores, con una alta discontinuidad de ingresos. “Cuando estoy preparando un libro me doy de baja de autónomo, porque hasta que no lo termino no cobro el resto del anticipo. Cobras una parte al principio y otra al final, y entre medias, a no ser que tengas muchos trabajos seguidos, no tiene mucho sentido estar pagando más de 300 euros al mes de autónomo. Otro empeño que tenemos muchos es publicar en revistas como El Jueves, una publicación periódica que te garantice un mínimo”.

Las editoriales no son ajenas a estas circunstancias. Daniel Díez, responsable de Cartem Cómics, con sede en Salamanca, comentaba tras una mesa redonda sobre propiedad intelectual que “la conclusión a la que llegamos es que el eslabón más débil de la cadena, en cualquier sistema —japonés, americano o europeo—, es el autor. A nivel de protección de derechos, pero también a nivel económico y patrimonial”.

La salida exterior

“Pero claro”, agrega, “al final no deja de ser una industria, y como todas tiene que ser rentable. En España lo habitual es pagar un adelanto de royalties entre el 8 y el 10 %. En casos excepcionales a lo mejor se puede negociar algo más. Pero es raro pagar por producciones como se paga en Estados Unidos. La diferencia es que allí es work for hire, es decir, obra por encargo: te pago y en general no reclamas nada más, aunque luego haya excepciones. Aquí, en cambio, la gente sigue ganando derechos de autor”.

En el caso concreto de Cartem Cómics, “nosotros siempre hemos tenido claro, desde que empezamos, que primero hay que vender esos derechos fuera”, asevera el editor. “En algunos casos, cuando firmamos el contrato, el adelanto no solo incluye la parte española, sino también lo que podamos vender en otros países. Pero para eso el autor tiene que ser exportable y tener mercado fuera. No es fácil, porque se produce mucho. Al final de lo que se trata es de tener paciencia, de empezar a publicar y de compaginar varios proyectos con cobros de royalties de obras anteriores que vayan arrastrando y complementen de alguna manera lo que estás haciendo ahora con lo que hiciste en el pasado, y que eso no pare”.

“La otra alternativa, que no es la más agradable, es buscar trabajo fuera”, prosigue Díez. “Pero nadie quiere eso; lo que queremos es fomentar una industria local. De hecho, los franceses pagan buenos adelantos porque en esos adelantos incluyen lo que van a vender en otros países. Pero ellos son capaces de vender a 20 o 30 países. Yo he visto obras de Glénat o de Dargaud que las han vendido a más de veinte países. Nosotros no somos capaces de vender a tantos. La línea de trabajo en la que creo que hay que avanzar es que los editores españoles seamos cada vez más vendedores de derechos y generemos nuevos recursos. Y no hablo solo de derechos literarios —es decir, de traducciones a otras editoriales extranjeras—, sino también de lo transmedia”.

El futuro, concluye Díez, también está ahí: “ser capaces de tener una interlocución fluida, como intentamos hacer nosotros, con sectores como los videojuegos, las series o las películas. También con juegos de rol o juegos de mesa, para que todo eso vaya generando ingresos que permitan a los autores puedan vivir lo más dignamente posible”.

Carpanta como espejo

Según estas fuentes, los anticipos que se manejan en el cómic español oscilan entre los 2.000 y 3.000 euros, una cantidad escasa para los meses de trabajo que suele suponer cualquier proyecto. Entre los nombres consagrados se pueden llegar a alcanzar los 10.000, pero solo cuando hay altas expectativas de ventas y una clara opción de llegar a mercados foráneos. Pero incluso en Francia, considerada La Meca de los dibujantes europeos, hay muchos que se aprietan el cinturón: según François Poudevigne, programador del BD Colomiers –el tercer festival de Francia tras Angoulema y Saint-Malo– ofreció datos asombrosos: en el país vecino, el 40 por ciento de los autores vive en riesgo de pobreza, y en el caso de las mujeres la cifra se eleva al 65 por cierto.

Ante este panorama Hispacómic 2026 acogió también la entrega del primer premio Carpanta como homenaje al popular personaje de Escobar, “icónica figura de la resistencia y la supervivencia ante la precariedad, valores que también pretende destacar este premio”, según explica su promotor, el diseñador, editor y agitador cultural Rafael Iglesias.

La primera edición de este galardón ha recaído sobre el veterano dibujante gaditano Ricardo Olivera, Fritz, para quien “la percepción de los lectores acerca de este mundo de la viñeta es muy distinta de la que vivimos los creadores”, explica. “Creo que una de las claves es que las tiradas son muy cortas, de manera que los porcentajes que nos llegan de estas son muy escasos”.

Pico y pala

“Publicar no es difícil, difícil es que te compense mínimamente”, comenta el autor de títulos como Las criaturas de la tierra incierta o El caballero del Santo Sepulcro. Hay quien piensa que en España no hay editores, sino publicadores, que te adelantan el 50 por ciento de la tirada… Y a menudo esta ni siquiera llega a venderse. Apenas promocionan lo que ellos mismos publican, y cuando tu libro deja de ser novedad se desinteresan y se vuelcan en los que sí lo son. Yo he llegado a plantearme la autoedición, porque al final quien mueve mis libros acabo siendo yo, yendo de festival en festival“.

Junto a estrellas como Kim, Keko o Miguelanxo Prado, por los espacios de Hispacómic se dejaban ver muchos jóvenes que aspiran a darse a conocer, pero para los cuales el futuro es incierto. “El mensaje para los artistas nuevos, los que aspiran a entrar en el mercado, sería paciencia y… pico y pala”, asevera el editor Daniel Díez. “Al principio hay que hacerse un nombre, hay que ir publicando poco a poco, sacar cosas y que la gente te conozca. Hay autores que quieren llegar y besar el santo, y sin haber publicado aquí publicar directamente en Francia. Los hay, pero es muy difícil. O en Estados Unidos, donde es verdad que se gana más, pero también es muy complicado entrar y a lo mejor pueden pasar años hasta conseguirlo”.