La portada de mañana
Acceder
El Gobierno enfría la salida de Óscar Puente pese a la presión de socios y oposición
'Lo que pasa cuando publicas una noticia sobre Eduardo Inda', por Ignacio Escolar
Opinión - 'Ya no importan los muertos', por Esther Palomera

Roberto Gómez, el periodista de Onda Cero que viajaba en el AVE que colisionó en Urda: “Todo fue muy violento”

Carla Rivero

Sevilla —
29 de octubre de 2026 21:52 h

0

Roberto Gómez viajaba en el vagón seis del AVE e intentaba lidiar con el sueño apoyado junto a la ventana de la última fila, la que daba directamente al pasillo de intercambio entre coches. Eran las 8.35 horas de la mañana cuando consultó el reloj. Esta vez, había salido con apenas uno o dos minutos de retraso de la estación de Atocha y calculaba el tiempo que tardaría en hacer el trasbordo para salir en Santa Justa y continuar hacia el tren de cercanías para ir hacia Jerez de la Frontera. A las 8.53, todo cambió. “Todo fue muy violento”.

Un día después del trágico accidente de Urda, en Toledo, que ha acabado con la vida de 69 personas, en el momento que se escribe esta pieza, y ha dejado más de un centenar de heridos, el periodista toma poco a poco conciencia de lo que ha sucedido. Ha hablado con los medios de comunicación a lo largo de estas 48 horas y entró en la mañana de Onda Cero para dar la última hora como uno de los afectados directos de la colisión entre los trenes AVE e Iryo que hacían el trayecto desde Madrid a Sevilla. Pero no quiere ver imágenes, ni se ha asomado a las redes sociales, prefiere que, por ahora, el silencio lo acompañe mientras se recupera del dolor.

“Estoy más tranquilo, pero tengo golpes, me duele bastante el cuello, la cabeza, el brazo... Estuve en el hospital de Madrid y está todo bien, por lo que he podido descansar y dormir desde anoche en casa”, comenta en una entrevista con este medio. Acostumbrado a dar las noticias en el programa Radioestadio de Onda Cero, colocarse al otro lado es una situación nueva para él, pero relata una y otra vez sin perder el tino lo ocurrido en la mañana del miércoles 28, una fecha que ha quedado grabada a fuego en este país a tan solo nueve meses de sufrir las pérdidas humanas de Adamuz.

“Había gente volando”

“El tren se paró en la vía a eso de las 8.35, cuando miré el reloj, y por megafonía nos avisaron que estaba parado por una aglomeración de trenes. Algo que es normal y que me ha pasado varias veces como usuario”, recuerda. Residente en Madrid, hace el trayecto con asiduidad para visitar a sus familiares en la ciudad gaditana. Era un día normal, el cielo estaba despejado, la temperatura era agradable en pleno otoño, y no había nada que le hiciera plantearse lo contrario. “Tras unos minutos se reanudó la marcha y, entonces, llegó el golpe: fue muy violento”.

La colisión llegó de manera inesperada. Nada lo anticipó, comparte. Un suspiro que detuvo el tiempo. De repente, todo se retorció cuestión de segundos. “Había gente volando, moviéndose de un lado a otro, todo el vagón quedó destrozado, caía el equipaje encima de nosotros... Lo primero que hice fue taparme la cabeza con las manos y un hombre se cayó encima de mí”. Roberto iba en un módulo de cuatro asientos y, afortunadamente, no tenía a nadie delante de él, pero la energía del impacto removió el interior del vagón con furia.

El periodista se encontraba en el lado de la ventana de la fila 18 mientras que el hombre que dio contra él estaba en la número 17, del otro lado del vagón, por lo que el choque ferroviario provocó un auténtico terremoto entre los pasajeros que no lograron asirse a ningún lado. “Él tenía una herida muy aparatosa en la cabeza, con mucha sangre, y aunque estaba consciente, seguía aturtido. Se pudo levantar a los minutos”, describe. A su alrededor, el caos: un chico salió disparado varios metros hacia delante y tenía golpes en el costado, y veía a una mujer que intentaba salir con una herida en la pierna.

“Parecía que se movía el vagón”

¿Por dónde? “Partieron una ventana. No sé si era una salida de emergencia o fueron los propios pasajeros... Tardamos unos ocho o siete minutos en salir, aunque no lo sé con seguridad”. Cruzó todo el coche hasta alcanzar el hueco que habían abierto en aquella prisión de hierro y se alejaron todo lo que pudieron. La adrenalina dio paso al miedo cuando lograron estabilizarse sobre el terraplén, ayudados por quienes estaban fuera y les cogían en el salto, “pero nos empezaron a decir, rápido, rápido, que se mueve, parecía que se estaba moviendo el vagón”. La caída los hubiera aplastado, así que buscaron un lugar seguro a varios metros: “Me puse a salvo”.

Fue en ese momento cuando, viendo los trenes destrozados, el amasijo de hierros, los heridos que empezaban a intuirse bajo los cristales, fue consciente de que, pronto, su familia se enteraría de lo sucedido. “Llamé a mis padres y a mi novia, porque sabía que lo iban a ver en las noticias”. La prioridad fue darles esa calma que todavía esperan recibir muchos familiares de los desaparecidos en el accidente, que buscan cualquier información del paradero de las víctimas.

Ya en antena, recuerda haber descrito los helicópteros volando sobre su cabeza sobre las 9.20 horas. “Cuando salí del vagón, la Guardia Civil ya estaba allí y los servicios sanitarios tardaron un poco más en llegar, pero fue muy pronto”. El despliegue del dispositivo de seguridad para atender a las 500 personas que había entre los convoyes fue casi que inmediato. “He intentado no ver muchas imágenes ni leer, pero en unas vistas aéreas contemplé que en la caída del vagón del Iryo había más gente y coches, mientras que yo estaba en la parte con menos afectados”.

“Intento no pensar”

Después de unas dos horas, aproximadamente, lo evacuaron hacia el centro sanitario más cercano, en la localidad de Urda. El traslado fue hecho por carretera, a la que llegaron desde las vías del tren en apenas unos diez minutos. “Hacía bueno, no había una nube en el cielo, era una recta, y no estábamos lejos de la carretera”, rememora.

Desde entonces, su móvil no ha parado de sonar. “Intento no pensar en todo lo que pasó ayer: estoy tranquilo, pero no he visto la tele, la radio ni las redes sociales”. Solo se dedica a responder a los mensajes que le llegan desde los medios de comunicación, ya que quiere compartir con sus compañeros de profesión la vivencia en un momento en el que sabe que todo el mundo busca testimonios de lo ocurrido, y a los allegados que muestran preocupación por su salud. “Es pronto para opinar, porque han pasado muy pocas horas y no he querido saber nada, y yo que soy usuario habitual siempre he pensado que el tren es seguro”, plantea. Solo tiene una cosa que añadir: “No es normal que en pleno 2026 haya en España dos accidentes tan violentos en cuestión de meses”.

Poco a poco, irá retomando el control. El trauma es demasiado reciente como para no verlo ni sentirlo cuando todavía se palpa en las heridas de su cuerpo. Mientras, las familias velan los cuerpos de las víctimas mortales, buscan a los desaparecidos y esperan ansiosos a que salgan sus heridos de los hospitales. Ha pasado solo un día.