La portada de mañana
Acceder
Miedo en Groenlandia ante las amenazas de Trump
INVESTIGACIÓN | Los negocios y el poder del magnate Julio Iglesias
OPINIÓN | 'Qué difícil se está volviendo ser de derechas', por M. Schwartz

Ochenta años plegando papel por amor al arte en Zaragoza

El museo más internacional de la capital aragonesa, por su exclusividad mundial y por el porcentaje de extranjeros que consecuentemente atrae entre sus visitantes, el de Origami, es hijo de una asociación que también distingue la ciudad en todo el planeta: el Grupo Zaragozano de Papiroflexia. Es la agrupación más antigua en activo dedicada a esta práctica. No hay una fecha fundacional exacta, pero se creó en la posguerra y se sabe que como tertulia de plegadores de papel ya se reunía allá por 1944. Es octogenaria, por tanto, aunque el reciente aniversario de fecha redonda pasara sin mucha celebración ni atención institucional, si bien con los herederos de aquellos pioneros manteniendo viva la llama de su afición. Cada martes, ahora, puede encontrárselos manos a la obra en la cafetería del Teatro Romano.

La Escuela Museo de Origami de Zaragoza (EMOZ) es el mayor logro del Grupo de Papiroflexia. Desde su apertura en diciembre de 2013 en la tercera planta del Centro de Historias, ha venido recibiendo unas 24.500 visitas anuales -incluyendo en el cálculo el ‘bajón’ de la pandemia-. Han recorrido sus salas personas procedentes de 120 países (en la entrada al museo pueden verse las correspondientes banderas; en papel, claro está). Y ha ofrecido cerca de 50 exposiciones temporales, que se renuevan cada trimestre. La colección que ha ido atesorando es única e incluye piezas valiosas de los principales artistas del mundo. 

Del Café Niké al Centro de Historias

Aquella primera tertulia de plegadores zaragozanos se reunía en el desaparecido Café Niké, núcleo irradiador y de resistencia cultural en la Zaragoza de los años 40 y 50, compartiendo sede con la “peña de poetas” de Miguel Labordeta. De allí se mudó a otro lugar importante en la memoria sentimental de la ciudad, el Café de Levante, donde durante décadas se citaba cada lunes hasta que llegó la covid-19 y lo trastocó todo (aunque, como otras actividades culturales, esta se mantuvo entonces de forma virtual). Superada la crisis sanitaria, en la cafetería del Teatro Romano se encuentran actualmente los papiroflectas todos los martes por la tarde, en unas sesiones abiertas a cualquier interesado.

El porqué de la temprana afición por este arte en Zaragoza no tiene una respuesta clara, pero es de las historias bonitas de las que esta puede presumir. Hay gusto por el arte oriental, como lo demuestran los estudios propios en la Universidad, las colecciones de Federico Torralba y quienes le han sucedido, o últimamente los grupos que siguen las expresiones pop de la cultura de aquellos países. Pero en los años 40 del pasado siglo aquí no se utilizaba el término japonés origami -que ha terminado imponiéndose- sino que se hablaba de papiroflexia y se practicaba en una tertulia, al modo de lo que Miguel de Unamuno había hecho en cafés de Salamanca y Madrid. 

El Grupo Zaragozano siempre ha sido heterogéneo. Los primeros plegadores que se reunían en el Niké -cuenta Jorge Pardo, responsable de la EMOZ- fueron varios profesores y estudiantes, un sacerdote y un militar. El catedrático de Química Eduardo Gálvez los aglutinaba. Escaseaban los medios, los libros con modelos de figuras que compartir, pero pronto se carteaban ya con creadores y aficionados europeos, americanos y asiáticos. Nacieron así relaciones como la mantenida con el japonés Akira Yoshizawa (1911-2005), reconocido como el maestro que abanderó la transición del origami desde un pasatiempo a una expresión artística, y artífice de más de 50.000 modelos. Para encontrarse con sus colegas aragoneses, visitó Zaragoza en dos ocasiones, en 1992 y 1997. Las amistades con este y con otros grandes como Yoshihide Momotani, Eric Joisel o Vicent Floderer han permitido ahora agrupar en el Centro de Historias el mejor conjunto de obras de origami. 

La vocación internacional de los zaragozanos se traduce también en actividades como su participación anual en la convocatoria de la asociación Origami USA, que tiene su sede en el Museo de Historia Natural de Nueva York, para adornar un árbol de Navidad con figuras de papel. Desde la EMOZ se baraja actualmente, por otra parte, mostrar sus colecciones en Japón y China

Convocatoria abierta

En nuestros días se reúnen cada martes hasta 20 plegadores en la cafetería del Teatro Romano, a partir de las siete u ocho de la tarde. No hay carné de socio del Grupo Zaragozano de Papiroflexia, pero se acercan a 100 las personas que se mueven en su órbita. Ha habido actividades de difusión diversas durante sus 80 años de existencia. Exposiciones, demostraciones públicas, los concursos de aviones, la donación de un manto de papel para la Virgen del Pilar en 2007. O, paralelamente, ediciones de libros, convenciones… hasta llegar a la creación de su museo y gran logro, donde, además de poderse ver valiosas piezas, hay también talleres y cursos. 

La creación de la EMOZ se impulsó con una exposición en el Centro de Historias, en su primera planta, en 2009, que recibió 40.000 visitantes. Valorando este éxito, el que era responsable municipal de Cultura, Jerónimo Blasco, apoyó el proyecto. Por un tiempo se barajó, muy firmemente, materializarlo en la planta baja del Mercado de San Vicente de Paúl. Las ayudas previstas no acabaron concretándose y en otra exposición en el Centro de Historias, en primavera de 2013, que ocupaba ya dos de sus plantas además del denominado Espacio Tránsito, los visitantes fueron 60.000. Se optó por abrir el museo en este mismo edificio, lo cual requería una inversión mucho menor, y para diciembre de ese año ya estaba disponible para las visitas.

Hoy trabajan cuatro personas en él y sigue siendo único en el mundo por su ambición y por cómo trata la papiroflexia como un arte. En los sitios de referencia en internet para el turismo cultural, así es valorado. Entre semana, los visitantes son mayoritariamente extranjeros. Sábados y domingos, sí que es superior la ‘clientela local’, frecuentemente familias.  

La Escuela Museo de Origami de Zaragoza ofrece un recorrido ilustrado con figuras por la historia del plegado, sus tendencias y técnicas. También, una selección de piezas singulares de grandes creadores internacionales, además de las exposiciones temporales. Actualmente, hasta el 31 de mayo, está abierta una de Akio Maruyama y su trabajo con las muñecas tradicionales japonesas denominadas ‘washi ningyō’.

Es la meca internacional de los aficionados a este arte y a pesar de ello, la EMOZ ha estado en la cuerda floja muchos años, con pérdidas asumidas por Jorge Pardo a la espera de que llegara la ayuda institucional para su mantenimiento. Ahora se vive un cierto respiro después de que el Ayuntamiento, a finales del año pasado, abonara lo comprometido y pendiente desde 2024. En este 2026 sin presupuestos municipales de momento, vuelven las incógnitas.