Zaragoza más allá de los grandes eventos: la actividad cultural se mantiene durante todo el año

La cultura de Zaragoza también se desarrolla lejos de los grandes escenarios y festivales. Cada semana, en distintos barrios, tienen lugar grupos de teatro, asociaciones musicales, cineclubs, talleres y actividades organizadas por colectivos vecinales. Muchas de estas propuestas se desarrollan a través de la red de centros cívicos, que durante 2025 registró alrededor de 12.000 actividades, entre ellas casi 3.000 propuestas estables desarrolladas a lo largo del año.

En muchos casos, detrás de estas actividades están los propios vecinos. Personas que ensayan después del trabajo, organizan funciones, preparan exposiciones, buscan espacios o dedican parte de su tiempo libre a sacar adelante una actividad que, para quienes participan en ella, va mucho más allá del entretenimiento.

Los centros cívicos se han convertido en uno de los principales espacios para desarrollar estas iniciativas. A través de ellos, asociaciones y colectivos disponen de lugares donde reunirse, ensayar y organizar actividades culturales. Sin embargo, quienes están detrás de estas propuestas señalan dificultades tanto para conseguir espacios adecuados como para dar a conocer sus actividades entre el público.

En Diversas Teatro, por ejemplo, una función es el resultado de un trabajo que puede extenderse durante mucho tiempo. Su presidenta, Marina León, explica cómo se organiza el grupo: “Podemos ensayar una o dos veces a la semana, por ejemplo. Y luego, pues lo que dura prepararla, pues depende. Un año o dos”.

El funcionamiento de estos colectivos depende en buena medida de la implicación de quienes los forman. Organizar una actividad implica encontrar un espacio, cuadrar horarios y conseguir participantes.

La dificultad para llegar al público aparece también en el día a día de estas asociaciones. Entrar en la programación de los propios centros municipales no siempre resulta sencillo: “Encontramos dificultad incluso para que el propio Ayuntamiento nos programe, o sea, nos publicite en sus propios centros. Y alguna vez sí nos publicitan y lo cuelgan en su página, pero eso no tiene mucha repercusión y la gente no se entera”, explica Marina León.

Esa falta de difusión acaba condicionando el público al que llegan. “Por eso generalmente vienen a vernos los conocidos, los amigos y familias. Luego hay barrios que tienen más público propio, unos barrios tienen más que otros”, explica la presidenta. A pesar de estas dificultades, muchas de estas iniciativas sobreviven porque existe una demanda. Vecinos que buscan actividades cerca de casa o personas mayores que hallan en ellas un espacio de encuentro.

Faltan espacios para seguir creciendo

La experiencia de Zaragoza Lírica y Cultural parte de una necesidad diferente. La asociación nació después de que Eliberto Sánchez, maestro repertorista, detectara que muchos cantantes que terminaban su formación superior no encontraban en la ciudad un espacio donde continuar desarrollándose. “Mucha gente que ha estudiado alguna carrera de canto se han encontrado con que han hecho unos estudios superiores y aquí en Zaragoza, pues no hay nada”.

Desde entonces, la asociación ha tratado de cubrir ese hueco con sus propias actividades, aunque Enrique Sánchez considera que el problema va más allá de la falta de espacios para los intérpretes. “En el caso de la lírica, sí que desgraciadamente desde hace mucho, hace unas décadas, por mucho que se diga, no se está haciendo una política de difusión real. Entonces, cada vez es menos el público que se acerca a la lírica”.

La asociación intenta compensar esa falta de visibilidad con recitales y propuestas propias, pero también se encuentra con dificultades para llevarlas a cabo. Una de las principales es encontrar espacios adecuados, “encontrar salas con un mínimo de infraestructura para lo que hacemos y que tenga piano es imposible. Es un problema”.

Aun así, Enrique Sánchez defiende que este tipo de iniciativas permiten mantener una oferta cultural que de otro modo tendría menos presencia en la ciudad. “Todo lo que sea teatro, música, baile, pintura, todo repercute en que la población tenga una oferta cultural, bien sea para juntarse, bien sea para disfrutarla. Cualquier cosa puede tener cabida”.

La cultura zaragozana, por tanto, no se construye únicamente en los grandes festivales, teatros o espacios culturales del centro. También lo hace en los locales de las asociaciones, en los salones de los centros cívicos y en los espacios donde los vecinos se reúnen para preparar una función o simplemente compartir una actividad.