“Nos tratan como a basura. Llevo 23 años y no llego a 1.000 euros”: el sector de la limpieza mantiene su plante en Zaragoza
Dijeron 'basta' y lo mantienen, pese al quebranto económico que les causa seguir de huelga tras dos semanas. Las trabajadoras del sector de la limpieza –en su inmensa mayoría son mujeres y de más de 50 años– de la provincia de Zaragoza se han concentrado este lunes para reclamar a la patronal un “convenio justo” ante una situación insostenible para ellas, con unos salarios al borde de la ilegalidad que ahora se pueden ver amenazados por nuevos recortes: la propuesta de actualización salarial no llega al IPC y encima va acompañada de recortes en los derechos laborales.
Con una ruidosa concentración convocada por los sindicatos UGT, CCOO y OSTA en la capital aragonesa a las puertas del edificio Aída, donde tiene su sede el Servicio Aragonés de Mediación y Arbitraje (SAMA), y justo antes de la reunión convocada por la patronal –ASPEL y Asoal– para seguir negociando, cientos de personas han reivindicado lo que consideran de justicia. Tras seis horas, no ha habido acuerdo y las centrales han anunciado que la huelga continúa. Este martes por la mañana hay prevista una asamblea para dar a conocer los pormenores de la negociación.
“Estamos cansadas de que la patronal nos traten como basura, porque así es como nos trata”, ha lamentado María Gracia, que explica que lleva “23 años trabajando” y pese a ello bordea el salario mínimo: “No llego a los 1.000 euros al mes netos”. “Y encima nos quieren quitar días de incapacidad temporal es que es una barbaridad”, lamenta.
Milagros también cuenta su día a día. Trabaja para una entidad bancaria a través de una contrata y tiene jornada parcial de 35 horas. Su sueldo neto, incluido el plus del autobús, es de 991 euros. “Es que así no te da para hacer nada en la vida. Y yo tengo la suerte de que hago la que más oficinas, ¿eh? Tengo compañeras que hacen menos horas; alguna, en una sola oficina 36 minutos: le cuesta más desplazarse hasta ahí y volver que el tiempo de trabajo. Me parece vergonzoso”.
Esta empleada recuerda que la culpa no es de su empresa, sino del sector en general. “Yo pertenezco a una contrata que va a más sitios, también a fábricas. Nuestro sector es muy duro: solo quieren subirnos un 2,5%, quitarnos la IT y encima incluir el transporte en el sueldo para llegar al salario mínimo”, critica.
En su caso tiene también la fortuna de que no debe “nada a nadie”, porque asumir un alquiler sería “impensable”. “Las empresas grandes no nos consideran persona, sino números, procesos. Y eso que hacemos hasta de mantenimiento: cuando vemos una cosa rota, avisamos. Llevamos a cabo otras labores que no nos corresponden. Vamos, yo hablo por mí pero sé que mis compañeras también”, explica.
Cerca de ella, Raquel Rangil insiste en argumentos similares, ya que todas tienen interiorizadas las injusticias que denuncian. “Hay muchas mujeres que tienen jornadas de 3 horas y 20 minutos, que viven solas y que no se puede mantener, no pueden ni pagar la luz”, lamenta. Se muestra en contra de que la patronal quiera “absorber el plus del transporte para que alcance el salario mínimo interprofesional” y también que quieran recortar la incapacidad temporal: “Nos quieren quitar ese beneficio”. Y reclama “una jornada más de vacaciones” al año.
Ella hace jornada completa, pero muchas de sus compañeras afrontan situaciones críticas. “Nos están echando un pulso –ataca a la patronal–. ”El viernes podrían haber llegado a algún acuerdo y nos castigaron haciéndonos pagar el fin de semana (para alargar la negociación). Nos han mantenido hasta hoy a las tres de la tarde para ver cuánta gente volvía a trabajar dentro de su precariedad. Claro está que mañana habrá mucha más gente porque estamos ahogadas“, reivindica.
Marian Prado, también trabajadora de la limpieza, explica que el suyo es un “sector feminizado y muy precario”, en el que se abusa de las jornadas parciales: “Hay mujeres que para hacerse una jornada de siete horas emplean diez recorriéndose Zaragoza”, destaca. De ahí su lucha, que aspira a que dejen de ser “trabajadoras de cuarta o quinta categoría”.
Ella se considera dentro de lo que cabe privilegiada por una circunstancia: hasta 1994 estuvo cobrando el plus de antigüedad; después ese plus se esfumó, pero algo aún conserva. Pero no es la tónica general: “Una compañera mía limpia tres horas a la semana en un centro comercial, todo para completar un salario mierdoso. Y somos un sector que, como ves, tenemos todas 50 y pico años, ya con una edad en la que empezamos a tener achaques. No se puede vivir con estos salarios”, incide.
Un sueldo que no les da ni para el alquiler: “Si tuviera que asumirlo, no me daría. Hay muchas mujeres que aunque trabajan siguen en la pobreza.
La huelga de las trabajadoras de la limpieza en Zaragoza ha causado ya importantes problemas debido al gran seguimiento que está teniendo. Plantas como la de BSH en la capital aragonesa –donde han tenido que negociar un ERTE temporal– o la de Stellantis en Figueruelas presentan graves problemas, e incluso ha llegado a cernirse el fantasma del cierre obligado en las factorías por la imposibilidad de continuar en ese contexto.
De hecho, el comité de huelga denunció ya la semana pasada que algunas empresas estarían recurriendo a prácticas destinadas a reducir el impacto de los paros. Entre las situaciones trasladadas a los representantes sindicales figuraban precisamente presuntas sustituciones de trabajadores en huelga en los mencionados centros.
Asimismo, las organizaciones convocantes aseguran que se ha producido un despido relacionado con el seguimiento de la huelga en el servicio que la empresa Eulen presta para Profand, una circunstancia que consideran especialmente grave.
Ante esta situación, los sindicatos han anunciado un refuerzo de los piquetes informativos en distintos centros de trabajo para garantizar el ejercicio del derecho a la huelga y denunciar cualquier posible vulneración de este. Los representantes de los trabajadores sostienen que los servicios mínimos fijados por las administraciones están dificultando el desarrollo de la protesta y aseguran que en algunos centros el número de empleados presentes es similar al de una jornada ordinaria.