Las calabazas son para el verano
La mejor manera de entender algo es explicarlo. La frase pertenece a Richard Feynman, un norteamericano que fue Premio Nobel de Física en 1965. Estos días ha sido muy recordado, porque psicólogos computacionales de la Universidad de Princeton han descifrado unas notas en las que el físico explicaba el modo por el que los humanos tomamos decisiones. Desde las más intrascendentes hasta las que nos cambian la vida. Siempre que elegimos, nuestro cerebro tiene una duda. ¿Me quedo con lo que tengo y conozco, aunque pueda mejorarlo, o prefiero arriesgarme a seguir encontrando una mejor opción? Era la clave sobre la que orbitaba un concurso de televisión española que se hizo famoso allá por los años setenta del pasado siglo: “Un, dos, tres…responda otra vez”. Fue creado por Narciso Ibáñez Serrador y estuvo diez temporadas en antena. Las parejas que concursaban eran asediadas por ofertas tentadoras que les podían multiplicar el premio, o devolver a la miseria inicial por su exceso de avaricia si elegían mal. Una duda que protagoniza muchos otros juegos de azar. Me planto o me arriesgo. Aunque siempre gana la banca y pierde el bolsillo. Del prudente refrán: “más vale pájaro en mano, que ciento volando” pasamos al arriesgado “hemos venido a jugar” que nació precisamente en dicho concurso.
Salimos de casa dispuestos a comprarnos unas deportivas chulas y cómodas, al mejor precio, y comenzamos la gira. Si creen que el truco cambia en la compra por internet no se hagan ilusiones. Funciona igual, aunque se incremente la velocidad. Esa oferta que esta en su pantalla va a desaparecer en segundos y apenas quedan los dos últimos ejemplares disponibles. La ansiedad recorre su dedo y su cerebro. Volvamos a la ruta tradicional de tiendas. Queda una hora para el cierre del comercio y ya ha visitado varias tiendas. En unas, los modelos estaban bien, pero el precio se iba del presupuesto. En otros, había deportivas económicas, pero no con los colores que buscaba. Ya no tengo tiempo de retroceder hasta el segundo comercio, en el que vi unas que me gustaron desde el primer momento, y dudo que encuentre algo que me interese en el poco tiempo que me queda. Ha llegado el momento de plantarse. En matemáticas, este tipo de disyuntiva se denomina: “problema de parada óptima”. Es decir, debemos valorar si seguimos explorando nuevas alternativas o mejor nos quedamos con lo que ya conocemos. Pueden ser esas zapatillas. Pero también una plaza de aparcamiento en la que nunca sabemos si merece la pena buscar un sitio más cercano, a riesgo de perder el hueco que ya tenemos. ¿Y si hablamos de elegir o rechazar unos estudios, un trabajo o una pareja? El funcionamiento sigue siendo el mismo. Por cierto, un consejo para acudir a una entrevista de selección. Si pueden, no sean ni de los primeros ni de los últimos. Este modelo nos dice que quien evalúa a los mejores candidatos lo hace comparando a los primeros con posibles mejores posteriores. Hasta que el riesgo de perder una buena opción le hace plantarse antes de llegar al final. Y esa persona es la escogida. Suerte.
En resumen, Feyman nos demostró que la mejor elección depende de establecer un determinado “umbral de exigencia” dinámico, que va descendiendo a medida que se agota el tiempo para decidir. Las personas funcionamos de forma similar. Más por intuición que por una lógica matemática. Pero de forma muy parecida a la que apuntaba el reconocido físico. Somos muy curiosos al principio de cualquier situación. Es lo que se llama “sesgo de exploración temprana”. Posteriormente nos asentamos, sin apurar un límite de riesgo, y tomamos nuestra decisión.
El juez Peinado ha tomado una decisión judicial en la que ha ido explorando un riesgo cada vez mayor para su carrera, dejando el umbral de la prevaricación en mínimos. Pero como el tiempo que le resta es tan breve como su criterio de imparcialidad, prefiere seguir lanzando órdagos políticos contra el sentido común. Se jubila el próximo 27 de septiembre. Una fecha que coincide con la de los últimos fusilamientos del dictador Franco. Para lo que me queda en el convento, prevarico dentro.
El Tribunal Supremo da el premio gordo de la condena a Ábalos y Koldo, pero ejerce de “tacañón” con un Aldama que no ingresará en prisión y se queda con el botín del dinero. Es más, entre lo que pagó por el cohecho a sus socios, y la multa que le impone ahora la sentencia, se podrá quedar 3,1 millones de euros tras ingresar más de 3,7. Los miembros del Supremo se merecen la calabaza Ruperta de la Justicia española.
En Aragón, Azcón ha suspendido el curso antes de comenzar. No es apto para gobernar. Sólo es útil como consentidor de la extrema derecha con la que yace en el Pignatelli. Por su parte, Chueca se pone las notas valorando este trienio negro municipal, aunque para ello se tiene que copiar a sí misma. A Buj en Teruel, la eligen de jefa para despegarla del ayuntamiento. Y Orduna, en Huesca, sobrevive gracias al tránsfuga de Vox. Tras el estío de los próximos meses, será el momento de impulsar un giro progresista en las elecciones municipales de 2027. Para esta derecha, sea extrema o ultra, y algunos jueces, las calabazas son para el verano. Disfruten estos días, si pueden. Porque esta canícula es de Calígula. Ha sido un placer compartir este espacio con ustedes. Un descanso y nos leemos a la vuelta.