Deporte de villanos
Estábamos avisados. La nación que inventó este deporte tiene muy arraigada en su acervo popular la idea de que el fútbol es un deporte de caballeros jugado por villanos – rufianes sería la traducción literal del inglés–. Desconozco si en Inglaterra tienen otro dicho que lo haga extensivo a los aficionados pero no iría desencaminado. Cinco incidentes violentos se han registrado en cuatro días –los del puente de la Cincomarzada– en partidos de distintas categorías de este deporte en Aragón. Ahí es nada.
Puñetazos de un jugador a otro en un partido de cadetes; palos entre jugadores y cuerpo técnico de dos equipos en otro encuentro de la misma categoría que incluyen patadas en la nuca; gritos de “hijo de puta, negro de mierda” de un niño de trece años a uno de doce; y la guinda en esta acumulación de barbaridades: la violencia verbal desmedida contra una árbitra en un partido de regional preferente. La colegiada tuvo que suspender definitivamente el juego tras reflejar en el acta las lindezas proferidas contra ella y su equipo desde la grada: “Eres una cacho puta, te vamos a matar, no váis a salir de aquí vivos” o “ya podéis cobrar bien el partido porque os vamos a partir los dientes”.
Leído así, de corrido, es indefendible. No encontraremos, quiero pensar, tamaño rufián que apoye semejantes comportamientos. Pero en el campo, ay, amigo, eso ya es otra historia. El club anfitrión en el partido en el que se insultó a la árbitra emitió un comunicado en el que defendía a sus aficionados porque el encuentro había discurrido sin incidentes. Después rectificó. Además, ha retirado el carné de abonado a quienes protagonizaron los incidentes violentos. La Federación aragonesa les ha impuesto una multa irrisoria de 100 euros. Quizá alguno de los protagonistas, viéndose en los vídeos hecho un basilisco, también quiera rectificar, pero en el campo, para muchos, pesa más la ofensa por cualquier lance del juego que el civismo.
Este es simplemente el último de los incidentes que ha adquirido notoriedad. El incivismo, la violencia verbal desmedida, los insultos machistas, homófobos o xenófobos en los campos desde categorías infantiles no le son desconocidos a nadie que pise un campo de fútbol. La deportividad, muchas veces, brilla por su ausencia. Y por acción u omisión, se transmiten unos valores a quienes empiezan en este deporte que no son nada edificantes. Por supuesto no todo es así en el balompié, el deporte más popular en este país, pero por desgracia es demasiado frecuente.
Un campo de fútbol no es un coliseo, quienes saltan al césped no se enfrentan a una lucha a muerte y quienes asisten al encuentro no deberían pagar su frustración con quienes tienen enfrente. Tolerancia cero debe ser más que un lema. Algo avanzamos, creo, cuando hemos normalizado suspender un encuentro ante graves faltas de respeto. Siempre hay quien se resiste, claro. Lo importante es que los villanos se encuentren cada vez en un cerco más estrecho, más solos. El mundo del fútbol debería aprender del deporte de villanos jugado por caballeros: el rugby. Ahí, que van sobrados de fuerza bruta, valoran más la nobleza y el respeto.