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Franquiciados

16 de abril de 2026 06:00 h

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Habrá que ir pensando en qué costumbres madrileñas queremos adoptar como propias. Ya compartimos el mítico bocadillo de calamares que no se entiende en otras latitudes, pero tal vez sea hora de instaurar otros hábitos compartidos. Si me preguntan me quedo con las cañas, en vaso liso, corto y bien tirada. En la capital –como en Andalucía, aunque no venga al caso todavía– han sabido conservar ese tamaño de cerveza que hace que la apures, siga fresca y con el gas con el que salió del cañero. Parece que ahí la hostilería todavía no impone al cliente el tamaño de la cerveza que ha de beber. ¡Es la libertad, carajo!

La cara de las capitales ya se va pareciendo. La calle más paseada de Aragón, la calle Alfonso, tiene exactamente las mismas tiendas que cualquiera del entorno de Gran Vía o Callao de Madrid. La Franquicia uniformadora, con el helado de yogurt como hilo conductor, va despojando a Zaragoza de cualquier tipo de personalidad propia. Tierra acogedora como es esta, ya hemos entregado a los madrileños alguno de los rincones más bonitos de uno de nuestros bienes más preciados: el Pirineo. Así la Comunidad está pensando en cambiar la mítica frase –atribuída a mi pariente Luis Quiñones Benavente– de Madrid al cielo, por de Madrid a Marchica. 

A mí, que adoro viajar a Madrid a disfrutar de sus museos, tiendas y bares, y que amo todavía más volver a Aragón, no me acaba de convencer la idea de que la parsimonia del chotis sustituya a la rasmia de la jota. Pero parece que es lo que mandan los tiempos, que Madrid nos dicte el camino. Aragón celebró sus elecciones autonómicas el 8 de febrero por capricho y conveniencia de unos señores de Madrid y dos meses más tarde seguimos esperando a que acabe un viaje para el que no hacían falta alforjas. Nos quedará un gobierno parecido que a saber cuánto nos dura esta vez. 

La cuestión es cuándo. Tengan paciencia que en aquella estrategia de adelanto electoral somos muchos y el sainete de las negociaciones tiene que agotar todas sus escenografías antes de bajar el telón. Además no estamos solos. Madrid tiene mucha faena intentando sincronizar los tempos electorales de varias comunidades. Hay que cerrar una cosa mientras parece otra para que este no piense que después le pasará lo de aquel… No podemos alcanzar a comprenderlo. Al fin y al cabo, ¿qué vamos a saber los de provincias?

A ver si entre caña y caña bien tirada votan los andaluces y descansamos todos. No es fácil intentar gobernar España cuando no eres el Gobierno. Esto de las autonomías es un lío. Cada uno queriendo ir a la suya, defendiendo los intereses de sus ciudadanos y sus particularidades geográficas, demográficas…Sus cosicas. Con lo tranquilo que estaba todo cuando mandaba el que nos llamaba regiones para que no tuviéramos más ínfulas. Cuando éramos todos una franquicia grande y libre.