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El órdago de Azcón

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Dejar de depender de Vox y desgastar al Gobierno de Pedro Sánchez. Son las motivaciones que están en el trasfondo de la convocatoria electoral del próximo 8 de febrero en Aragón. Las dos bajo el paraguas de la falta de Presupuestos y de la estabilidad política. Los dos tienen mucho que ver con el diseño de la dirección nacional del PP y poco que ver con las prioridades autonómicas.

El presidente Azcón, solo 2 años y 8 meses después de las anteriores elecciones, decidió un adelanto electoral por primera vez en la historia autonómica de Aragón porque se veía obligado a prorrogar por segunda vez los Presupuestos. Argumento que contrasta claramente con los acuerdos presupuestarios de PP y Vox en el Ayuntamiento de Zaragoza, congelado cuando ya estaba prácticamente cerrado el del Presupuesto de este año por imposición de Santiago Abascal. ¿Se esforzó lo suficiente Azcón para negociar los Presupuestos con Vox?

Al no coincidir con las elecciones locales, el presupuesto de la convocatoria autonómica se duplica hasta aproximarse a los 10 millones de euros. Un factor, el dinero público, que responsabiliza al convocante para que resulten justificados los objetivos perseguidos. Sobre todo el de la estabilidad política: que a partir del 9 de febrero, el candidato del PP a la reelección no tenga que encontrarse frente a frente con un crecido ex compañero de Nuevas Generaciones, “Santi” como familiarmente le llama, en unas negociaciones a cara de perro como está sucediendo en Extremadura

Vox, además de una vicepresidencia y varias consejerías, quiere dejar atadas y bien atadas las partidas presupuestarias propias. Con toda cautela y a la espera de lo que pueda suceder en la campaña y verificar en el escrutinio electoral del 8-F, el sondeo del CIS, publicado el pasado jueves, no le dejaría otra opción a Azcón: derrotaría claramente a la candidata socialista, Pilar Alegría, pero dependería más de Vox que antes de convocar las elecciones.

Como sucedió en la campaña extremeña, el candidato de Vox en Aragón es Santiago Abascal. Algo obvio cuando en su programa electoral figura la supresión del actual modelo de comunidades autónomas. Un solo Gobierno, un solo Parlamento, y la devolución inmediata a la Administración General del Estado de las competencias de Educación, Sanidad, Justicia y Seguridad. También la eliminación de los Defensores del Pueblo regionales, se supone que también el Justicia de Aragón, de la Cámara de Cuentas y de la Televisión Autonómica. Y deduzco que también de la Unidad de Policía Nacional adscrita a la comunidad autónoma.

Principios programáticos que no han sido obstáculo para que Vox se haya mantenido al frente de la presidencia de las Cortes de Aragón, algo que ya se le ha escapado en Extremadura.

“Europa nos mata”, un mantra más del partido de Abascal que tanto está calando en el mundo rural y entre las organizaciones agrarias. Estratégica y socialmente, Europa es lo más valioso que tenemos en un mundo desordenado por Trump en el que está imperando la ley del más fuerte. Una situación diaria de incertidumbre y de miedo que está reclamando urgentemente más unidad y más autoridad de Europa y de las potencias intermedias, también para defendernos, y abrirnos a nuevas alianzas políticas y económicas.

Otro asunto innegociable para Vox es el rechazo a la acogida de menores inmigrantes no acompañados. Algo que va contra la ley y contra los derechos humanos. El pasado miércoles, el Tribunal Supremo rechazó la petición de Isabel Ayuso, la presidenta autonómica que más se mimetiza con el partido de Abascal, para que se paralizara el traslado de 12 menores inmigrantes a la Comunidad de Madrid procedentes de Ceuta (presidente del PP) y de Canarias (presidente de Coalición Canaria con apoyo del PP).

En la segunda motivación del adelanto electoral en Aragón, desgastar al Gobierno, además de los casos de corrupción y de las recientes y sobrecogedoras tragedias ferroviarias, está haciendo mucho ruido la propuesta de financiación autonómica “privilegiada” para Cataluña. Una comunidad autónoma de la que en noviembre de 2016 decía el entonces presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo: “no es fácil de explicar que a Cataluña no se le dé un concierto cuando lo tienen los vascos y los navarros”, (Barcelona, Círculo de Economía).

Y añadía : “Es malo hacer exorcismos con el nacionalismo catalán porque es una realidad política con sustento social que expresa inquietudes que han de ser respetadas y armonizadas”. El mismo Feijóo que a finales del pasado mes de noviembre en Barcelona en un foro de Foment del Treball, una de las principales patronales catalanas, pidió a los empresarios que empujaran a Junts, el partido de Puigdemont, a apoyar una moción de censura contra Sánchez.

La jornada electoral en Aragón coincidirá el 8-F con la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Portugal. Por primera vez en el país vecino habrá una segunda vuelta entre el candidato más votado en la primera vuelta, el socialista António José Seguro, y el líder del partido de la extrema derecha Chega, André Ventura, que pasó por encima de los liberales y del partido de centroderecha equivalente al PP, el PSD, que preside el Gobierno y que quedó en quinta posición.

El profesor Seguro, que llevaba 10 años fuera de la batalla política, hizo un llamamiento a todos los demócratas, a todos los progresistas y a todos los humanistas, a derrotar en la segunda vuelta al extremismo, al populismo y a la división “porque no hay portugueses buenos y portugueses malos, no hay portugueses de primera y portugueses de segunda”. Vino a decirnos que en algún momento todos vamos a tener que elegir entre democracia o autoritarismo.