Patricia Botín votará al PSOE
Hasta casi la víspera, la presidenta del grupo bancario más poderoso de España tuvo dudas. Había pensado votar al PP, como de costumbre, la opción política que supuestamente mejor defendía sus intereses empresariales. Pero una conversación con una de sus más perspicaces consejeras, el 25 de noviembre de 2026 por más señas, la sumió en un mar de incertidumbres. “Teniendo presente nuestra proyección en el mundo financiero, no hay que pensar a corto plazo”, le sugirió la consejera. Y desgranó sus razones: el orden neoliberal está colapsando (Macron como síntoma), las opciones moderadas, de derecha (liberal conservadora) o de izquierda (socialdemócrata) están siendo engullidas por los discursos radicales y populistas de los extremos. El Partido Popular, en la práctica, está asumiendo la agenda de Vox; es una tendencia global y en España se suma la inconsistencia e incompetencia de Núñez Feijóo. “Imagínese, Patricia, al gallego pilotando la nave de este país en tan procelosas aguas…”.
La consejera siguió con su argumentario. Si las derechas ganan, y Vox marca también el paso en el programa de gobierno, el previsible recorte de derechos económicos y sociales puede incendiar las calles hasta tal extremo que las imágenes que vienen de Francia sean un juego de niños… La gente está cada vez más agobiada, la clase media en retroceso y el malestar social creciendo al ritmo de la desigualdad y de la pobreza. Si todo esto se acrecienta nos vamos a quedar sin clientes, porque no va a haber ahorradores entre la población mayoritaria, aunque se incremente el capital de las oligarquías. Somos un banco sustentado en ahorradores más o menos modestos, a quienes la adversa coyuntura socioeconómica está mermando sus capacidades financieras. Nuestro negocio requiere ante todo estabilidad, y un gobierno PP-Vox creo que va a incrementar la inestabilidad, el malestar social y quizá político, si decide provocar a los nacionalismos vasco y catalán. ¿Se imagina un escenario parecido al procès, pero amplificado a País Vasco y Navarra? Y si, además, meten mano a las pensiones… la gran masa de jubilados cabreados puede ser el remate final…
Patricia Botín reflexionó mucho sobre lo que le había expuesto su consejera, quien siempre había mostrado un gran olfato sociológico. Vio con interés también el documental 'El espíritu del 45', de Ken Loach, que ella le había recomendado. Allí se exponía cómo el 'welfare state' de la posguerra garantizó hasta pasada la década de 1960 una prosperidad compartida por las empresas y los trabajadores: las primeras limitaron sus beneficios en favor de los salarios, equilibrio que preservaba la paz social y la disponibilidad de unos excedentes que los asalariados invertían en bienes que incentivaron el consumo y el ahorro. Los bancos también ganaron. Estas tesis no eran novedosas para ella; Patricia había leído últimamente obras de Thomas Pikety, Zuckman y Sáez, Stiglitz, Krugman y otros economistas socialdemócratas que habían interpelado su pensamiento, moldeado en principio por las tesis liberales.
Esa noche y las siguientes la líder del Grupo Santander dialogó mucho con la almohada. Consultó también a algunos de sus colaboradores sobre el asunto; había quienes sacaban enseguida una vesania antisanchista o una militancia derechista que le resultó tan sospechosa como poco fructífera para el análisis; otros, desde la templanza, refrendaron que los argumentos de su principal consejera no andaban faltos de razón o, al menos, debían ser tenidos en consideración. El 27 de noviembre de 2026 una de las mujeres más poderosas de Europa había decidido ya su voto. Más allá de filias y fobias, de ruido mediático o de corruptelas falsas o verdaderas, ella depositaría la papeleta en función de los intereses de su banco, teniendo presente a su vez la estabilidad socioeconómica del país tan vital para sus negocios. También valoró la solidez de los ministros de economía del gobierno de coalición frente al equipo del PP, en el que no vislumbraba ningún cerebro para acometer tan trascendental reto. Por todo ello entendió que la opción más moderada, incluso aunque tuviera que pactar un gobierno con lo que ella consideraba “izquierda radical”, era la que lideraba Pedro Sánchez. El día 29, aunque nadie se lo hubiera imaginado, depositó la papeleta del puño y la rosa en la urna correspondiente al congreso de los diputados; quizá para compensar, marcó para el Senado los candidatos del PP. “Alea iacta est: que sea lo que Dios quiera”, pensó.