Urge redefinir el éxito
¿Qué grado de consciencia tenía la ciudadanía a principios del siglo XX de que sus países -el mundo- se estaban adentrando en la Gran Guerra? ¿Hasta qué punto, en los años 30, la tuvieron de que volverían a revivir aquel terrible fracaso de la humanidad? ¿Cuántas de aquellas personas no pudieron intuir que su final estaba cerca, que morirían por causas que les eran totalmente ajenas? Es inevitable hacerse esas preguntas cuando el tablero mundial anda enriskado.
Temer un final anticipa una revisión completa, una mirada atrás escudriñadora. En ocasiones, incluso, con el riesgo de acabar ansiando una enmienda a la totalidad. Si no hubiera mañana ¿ha tenido usted una vida exitosa? Quizá muchos caigan en la tentación de pensar que no, si no han tenido carreras fulgurantes, puestos destacados, vidas de revista… No caigan en una trampa tan simplona. El éxito está lejos de un puesto de la revista Forbes, más aún del de mando medio en una empresa random.
El éxito es eso sobre lo que parece haber consenso social cuando quizá no haya nada más subjetivo. Vayamos al origen etimológico de la palabra. Éxito viene del latín exire (salir), que se compone a su vez por ex (fuera) e ire (ir). Vamos, que el éxito, desde tiempos inmemoriales, consiste, prácticamente, en conseguir acabar y marcharse con mayor o menor acierto. Es mucho más reciente la acepción que le otorga algo de épica o reconocimiento a esa acción, no siempre sencilla, eso sí, porque a menudo cabe la posibilidad de quedarse por el camino. Pero si atendemos al significado original, las expectativas del éxito se rebajan tanto que podemos empezar a añadirle nosotros mismos los atributos.
A menudo la gente se enreda pensando que ostentar un cargo o asumir una responsabilidad en el organigrama es, en lo laboral, un paso en el camino hacia el éxito. ¿Lo es? Si el éxito originario se refería a llegar al final –en este caso de una trayectoria profesional– el éxito contemporáneo debería medirse en ser capaz de alcanzar la jubilación sin haberse traicionado a uno mismo de joven, cuando escogió ese trabajo por vocación con la ilusión de hacerlo bien y estar a la altura. Y a esa meta te acercan más los noes que los síes que has dado por el camino.
Si el exire literal nos alcanzase pronto, ¿qué peso le otorgaría al trabajo en su trayectoria de vida? Piénselo y vaya avanzando faena porque si el desolador panorama bélico se disipa la reflexión le va a ser muy útil. Pero no se quede ahí: piense si ha disfrutado, celebrado, viajado, ayudado o querido lo suficiente. Si ha aprovechado cada oportunidad de reír en compañía, de ponerse a la rayada del sol en invierno, de echar una siesta a la sombra en verano. Elabore su propia lista de instantes gozosos y, si la situación nos permite seguir, comience a hacer 'check'.
Éxito. Del lat. exÄtus 'salida'. Que se haga justicia; que encuentre una oportunidad el que tuvo todas en contra; que una persona buena reciba su reconocimiento; que triunfe el amor y la fraternidad sobre todas las cosas; que la lealtad desinteresada tenga recompensa; que se valore el trabajo bien hecho; que primen los valores que buscan el bien común y no el propio. Puede que la RAE tarde en aceptar la nueva acepción pero el nuevo desorden mundial nos urge a reformularla.