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La dermatosis obliga a sacrificar 281 vacas en Aragón: “Lo difícil es sobrevivir a esto, levantar una granja desde cero lleva años”

El silencio que rodea estos días a las explotaciones de vacuno en el Sobrarbe no es habitual. El aplaco que trae consigo la incertidumbre suena más que los mugidos de los animales. El brote de dermatosis nodular contagiosa detectado en el Pirineo aragonés ha sacudido al sector ganadero y ha obligado a aplicar medidas drásticas para frenar la enfermedad: el sacrificio de 281 animales en las dos explotaciones afectadas en los entornos de Borrastre y Fiscal, restricciones de movimiento hasta 50 kilómetros a la redonda, y un amplio dispositivo de vigilancia sanitaria que cae como una losa sobre más de 900 explotaciones ganaderas de vacuno en esta zona rural de Aragón. 

En el Pirineo aragonés generaciones de familias han vivido del ganado. Ahora la esperanza es que las medidas sanitarias logren contener la enfermedad y que el campo pueda recuperarse de uno de los golpes más duros que ha sufrido en los últimos años. “Lo único que pedimos es que nos ayuden a seguir adelante, porque si el campo se cae, se cae todo lo demás”. Es la conversación que se escucha en el bar y en las calles, sobre todo de los municipios próximos a las ganaderías que han sacrificado a sus animales. Este jueves, se daba por finalizado el vaciado sanitario de 148 cabezas de ganado en la explotación infectada en el municipio de Fiscal. La segunda en una semana.

Sin embargo, parece que los datos apuntan a que la primera esperanza, que se consiga controlar el foco, se podría cumplir. Joaquín Gargallo, responsable del sector vacuno en la organización profesional agraria UAGA en Aragón, explica “con precaución, porque depende de muchos factores” que la vacuna podría “estar funcionando”, lo que haría más complicada la aparición de un nuevo foco en la zona. Recuerda que “en las dos explotaciones en las que han aparecido los casos de dermatosis nodular contagiosa los animales no habían sido vacunados todavía”, y que la situación es “muy diferente” a la que se vivó en Cataluña, “aquí nos ha llegado con casi toda la vacunación efectuada”. 

Por el bien de todos 

Las autoridades han establecido zonas de restricción y vigilancia que afectan a cientos de explotaciones dentro de un radio de entre 20 y 30 kilómetros. “Sabemos que son medidas necesarias, pero para quien pierde el ganado es una ruina”, apuntan los ganaderos, que recuerdan que el problema ya es una realidad diaria porque el brote está afectando indirectamente a cerca de 900 de explotaciones ganaderas, no solo por la incertidumbre de que el virus se extienda a sus animales, sino por la limitación real de movimiento de las cabezas de ganado. 

“Conocemos las restricciones y las acatamos porque son por el bien de todos”, dice uno de los ganaderos cuya explotación pertenece al centenar que están dentro del primer radio de vigilancia de 20 kilómetros. “Todos pensamos lo mismo: hoy le ha tocado a él, mañana puede ser cualquiera”. Pero tienen miedo de que la situación de incertidumbre coja peso entre la ciudadanía “aunque no haya posibilidad de contagio, siempre al final se ve mermada la venta de leche, de carne y de derivados”, lo que termina impactando en negativo de nuevo a todo el sector. 

“A los animales se les quiere”

La aparición de un foco coloca a la ganadería en una situación de incertidumbre, pero el verdadero golpe para las explotaciones llega con el protocolo sanitario: el sacrificio obligatorio de todos los animales de la granja afectada. Para los ganaderos el impacto es devastador. “Es el trabajo de toda una vida. Ver cómo se llevan las vacas para sacrificarlas tiene que ser un mazazo”, lamenta un ganadero de la zona. 

Detrás de cada animal hay una historia “nacen en nuestras manos, algunas tienen nombre, y las cuidamos hasta que salen de la explotación”, añade Javier, otro ganadero de vacuno de carne. En pueblos pequeños, donde la ganadería forma parte de la identidad local, la pérdida de un rebaño se vive casi como un duelo colectivo: “A los animales se les quiere”, y una muestra del dolor y el vacío que deja llevar a término un protocolo sanitario como el que se está viviendo en Aragón, fue la puesta a disposición de los ganaderos de Cataluña un servicio de apoyo psicológico tras sacrificar a más de 2.500 cabezas de ganado entre las 18 explotaciones afectadas a finales de 2025. 

Lo corrobora el alcalde de Fiscal, Manuel Larrosa, quien ha reconocido que la noticia ha sido para el municipio “un jarro de agua fría”, es “muy fuerte” la situación “cuando ves que corre peligro tu forma de vida y el sustento de tu familia”, lamenta.

Empezar de cero, sin ganado en el mercado

Las dos explotaciones afectadas y ya vaciadas, se someterán ahora al siguiente paso del protocolo, la desinfección, y quedan fuera de toda posible actividad hasta al menos dentro de dos meses. La pregunta ahora es ¿cómo empezar de nuevo? El Gobierno de Aragón ha asegurado que, en los próximos días se dará a conocer la cuantía de las indemnizaciones, que según han adelantado serán “similares” a los baremos que el Govern de la Generalitat aprobó en diciembre en este sentido. 

Pero el escenario “no es halagüeño”, apunta Joaquín Gargallo, que recuerda que “estamos en un gobierno en funciones que deja a los ganaderos muy mal parados” y espera que el Gobierno de Aragón “asuma la responsabilidad patrimonial que tiene con esta gente”. La comunidad vecina puso en marcha el Instituto catalán de finanzas, “una herramienta que no tenemos en Aragón” y que ayudó a acelerar el proceso de indemnización a las ganaderías afectadas. 

El sacrificio obligatorio de los animales implica la pérdida inmediata del principal activo de muchas explotaciones familiares y, aunque existen mecanismos de indemnización para compensar el sacrificio obligatorio, las organizaciones agrarias temen que las ayudas no cubran completamente las pérdidas; ni el valor real del ganado ni el tiempo necesario para recuperar la producción. “Las compensaciones ayudan, claro, pero levantar una explotación desde cero lleva años”, señalan desde UAGA. “No compras veinte vacas y ya está. Hasta que vuelves a tener producción pueden pasar tres o cuatro años”, añade Patricia, ganadera de segunda generación. 

A la incertidumbre económica se suman otros dos factores importantes: por un lado, la realidad del mercado: “Ahora no hay animales disponibles, es muy complicado encontrar animales de reposición en un entorno cercano”, subraya Gargallo, y por otro, las posibles afecciones a las ayudas de la PAC en años posteriores porque “si en dos años no activas los derechos de los pastos, se pierden”, recuerdan el responsable de vacuno de UAGA.

Afecta a la vaca, al turismo y al pueblo

Más allá del problema sanitario, el gran temor de los ganaderos es el impacto económico. En comarcas como Sobrarbe, donde la ganadería extensiva es una de las bases de la economía local, la preocupación también se traslada al tejido social y rural: “Si las granjas desaparecen, desaparecen también los pueblos”, advierten los vecinos. Los ayuntamientos y las instituciones locales han mostrado su apoyo a los ganaderos afectados y reclaman ayudas urgentes para el sector. El alcalde de Fiscal reconoce que “todo el mundo está muy afectado, tanto ganaderos, como la gente que tiene negocios de turismo”. Se trata de una zona con 400 habitantes donde “todo está relacionado y el territorio sin vacas turísticamente sería un desastre”.

Más allá de la perder una forma de vida en un lugar donde “no es fácil encontrar otro trabajo”, los ganaderos de la zona apuntan al impacto que el sacrificio de reses tiene sobre la propia cabaña porque no solo pierdes dinero, pierdes años de selección genética y de trabajo, y sobre el sector en general “ya de por sí afectado por una falta de relevo generacional salvaje”. 

En cuanto a su impacto en el entorno, los ganaderos recuerdan que la ganadería no solo da trabajo y mantiene viva la montaña, también mantiene los pastos“ y los montes. La desaparición de cabezas de ganado deja zonas desatendidas que se vuelven más vulnerables. 

Ahora, el desafío se centra en contener el foco, esperar a que las indemnizaciones “lleguen entiempo y forma y sean justas con la realidad de la subida del mercado”. La vacunación, por mancha de aceite, determinará los siguientes pasos a seguir para evitar que se extienda a otras áreas ganaderas del Pirineo y del Valle del Ebro, donde se plante a la vacunación preventiva.