Un desfile de barcas por el Canal Imperial: así eran las fiestas del Pilar de Zaragoza hace casi un siglo
Si alguien se acercara al Canal Imperial durante las Fiestas del Pilar de 1934 podría encontrarse con una escena que igual no reconoce. Hablamos de nueve barcas decoradas recorriendo el agua, público en las orillas y dos aeroplanos sobrevolando el Canal.
Esto no era una recreación, sino que formaba parte del programa de las fiestas de Zaragoza de aquel año.
Las embarcaciones estaban adornadas y representaban a barrios de la ciudad y a diferentes pueblos y comarcas aragonesas, y sobre ellas se mostraban productos del campo relacionados con el territorio. La celebración tuvo lugar en la zona de la antigua Playa de Torrero y convirtió durante unas horas el Canal Imperial en uno de los escenarios de las Fiestas del Pilar.
Las barcas iban avanzando por el canal, mientras que las personas se concentraban en las orillas para seguir el desfile. Y, por encima, los aeroplanos que acompañaban una celebración que hoy se parecería más a una película que al programa de fiestas de la ciudad de Zaragoza.
Pero aquella escena nos muestra que los Pilares nunca han sido exactamente los mismos.
Un canal convertido en escenario
La fiesta náutica de 1934 no surgió de la nada, y es que aquel año en Zaragoza quiso rendir homenaje a Ramón Pignatelli, una de las figuras vinculadas a la construcción del Canal Imperial de Aragón, y el propio canal se convirtió en el escenario elegido para hacerlo.
La celebración llevó al agua una representación de la ciudad y del territorio aragonés. Las distintas embarcaciones estaban decoradas para representar a barrios zaragozanos y a localidades y comarcas de Aragón, en una especie de desfile sobre el agua.
El público podía seguir el recorrido desde las orillas de la antigua Playa de Torrero, una zona que entonces estaba relacionada con el ocio y el baño mucho más que la que conserva hoy.
Y sobre las barcas, el espectáculo continuaba en el cielo, y es que dos aeroplanos acompañaron el desfile desde el aire, una imagen que ayuda a entender hasta qué punto los programas festivos de la época buscaban convertir las celebraciones en grandes acontecimientos públicos.
La imagen de unos Pilares que ya no existen
Durante aquel Pilar, las barcas, los productos agrícolas, la decoración y las representaciones de distintos lugares de Aragón permitieron convertir una infraestructura de la ciudad en parte de la fiesta. El resultado fue una imagen muy alejada de la que hoy asociamos automáticamente con octubre en Zaragoza.
No había todavía una Ofrenda de Flores como la que conocemos ahora. De hecho, aquella tradición no llegaría hasta 1958. Antes, desde los años cuarenta, se habían realizado distintos actos vinculados a la colocación de flores en el camarín de la Virgen, pero no sería hasta ese año cuando la Ofrenda se incorporaría como tal al programa de las fiestas.
Aquella primera Ofrenda fue, además, muy diferente de la actual, y es que duró apenas dos horas y reunió a unas 2.000 personas. Con el paso de las décadas, el acto fue creciendo hasta convertirse en una de las imágenes más reconocibles de las fiestas.
Los Pilares de 1943 tenían otros protagonistas y otros lugares de encuentro, y algunos de ellos, como aquel tramo del Canal Imperial, acabarían desapareciendo por completo de la programación.
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