eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Alba Muñoz

Alba Muñoz (1985) es periodista y guionista en PlayGround, colabora con otros medios nacionales y trabaja en su primer libro

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 170

Interlocutoras

Desde que conocí a  Núria Güell en Beirut, la considero mi oráculo. Hace tres años  nos citamos en una calle muy fiestera de la capital del Líbano. Recuerdo que era de noche y que nos sentamos en una mesa coja bajo una luz verde de neón. Yo apenas sabía nada sobre sus obras de arte político, ni de su melena cardada o sus ojos de pitonisa. Mientras Núria mordía un bocadillo chorreante, me contó en lo que estaba trabajando, algo relacionado con los vínculos entre las casas de subastas más prestigiosas de Londres y las ruinas de los templos Sirios destruidos por el ISIS. Me dije que aquello parecía peligroso, ilegal. Que podría ganar un Pulitzer.

Seguir leyendo »

Malotes

"Dejad de pintar a los fascistas como si fueran malotes". Hace días que tengo este  tuit de Noel Ceballos incrustado en la cabeza. El escritor hacía referencia a un artículo que contaba cómo Matteo Salvini, ministro de interior italiano, había "troleado a Mallorca" después de que en la isla le declararan persona non grata. Salvini, ya saben, el político fascista que quiere echar a los gitanos de Italia; el mismo que rechazó al barco Aquarius y después se burló de España por salvar la vida de más de 600 personas.

A mí me gustan los malotes. Me han gustado siempre. Yo era la típica chica, empollona para más escarnio, a la que todo el mundo hacía el mismo reproche: "Mucho bla bla pero luego te vas con ellos". A lo largo de mi juventud me he sentido atraída por capullos y maravillada por toda clase de cabestros y liantes. He sufrido lo mío, no lo voy a negar. Me asquea que se identifique a señores de la Alt Right como malotes, y que Trump, Farage, Wilders e incluso Casado sean vistos como tipos atrevidos que prefieren decir la verdad a dar la respuesta correcta.

Seguir leyendo »

Suicidio fake

El otro día leí una esquela en Facebook que resultó ser una nota de suicidio. De un falso suicidio. En el muro de Eme, desde su perfil, se publicó un texto que parecía escrito por una tercera persona con la intención de dar de baja su alma de Internet: "Comunicamos a todas las personas que alguna vez han estimado a Eme su deceso. Por su propio deseo, Eme ha muerto". Al parecer, Eme no había podido soportar "tanta mezquindad, ruindad y egoísmo" en el mundo. El post terminaba con su nombre completo escrito en mayúsculas, su año de nacimiento y defunción, y un epitafio: "Su mayor deseo fue vivir".

Las esquelas se parecen mucho a diplomas, quizá por eso nos las creemos sin rechistar. Pero en las redes sociales los comunicados funerarios carecen de esa estética solemne y enmarcada, y las interpretaciones  posibles se multiplican.

Seguir leyendo »

Un 'mail' para Mary Beard

El otro día llegué a casa a media tarde y mi cabeza y mi móvil ardían. Durante el trayecto en metro había estado leyendo dos columnas de opinión en las que se afirmaba que las feministas deseábamos lanzar a Woody Allen desde un campanario y que, por culpa de nuestro vocerío en las redes sociales, el sexo ya no era divertido. Pensé que todo era agotador. Me desnudé, me quité toda la ropa excepto las bragas y los calcetines y miré mis pechos, los acaricié. ¿Sería verdad que las feministas estábamos trayendo una ola de frío puritano? ¿Estábamos creando el clima propicio para el levantamiento de campos de concentración donde fueran a parar las mujeres afrancesadas seductoras y los hombres románticos e insistentes? Todo me parecía un disparate, pero entonces eso significaba que llevábamos semanas leyendo a gente seria decir disparates en los medios de comunicación.

Entonces se me ocurrió: iba a invocar al oráculo, iba a escribir un mail a Mary Beard. Académica en Cambridge, experta en historia cultural de Occidente y en la Roma clásica, Beard es una giganta de melena mitológica que nos observa desde las alturas. En cada instante crucial para nosotros, ella ve un átomo insignificante de la Historia. Sabe que somos sanguinarios. Beard sabría si estábamos siendo sanguinarias nosotras también.

Seguir leyendo »

Del aullido al poder

Un médico forense examina el cuerpo de una mujer que denuncia haber sido víctima de violencia sexual. Durante la exploración, no se sabe si por los nervios o a las cosquillas, a ella se le escapa la risa. El forense decide que ese impulso resta credibilidad a su testimonio, y así lo hace constar durante la exposición de sus conclusiones en el posterior juicio. Finalmente, el juez secunda esa apreciación en la sentencia: por haberse reído, la demandante ya no resulta tan creíble. Este es un caso real documentado en España el año 2014.

Algo ocurrió durante las concentraciones del pasado viernes en varias ciudades españolas. Muchas y muchos lo notamos. Fue una especie de agitación premonitoria, la misma sensación que me empujó a contactar a Patsilí Toledo, doctora en Derecho, experta en feminicidio y profesora de Criminología en la Universidad Pompeu Fabra. 

Seguir leyendo »

Catalunya en miniatura

Yo quería escribir una columna sobre la situación política entre Catalunya y España, pero como hay tantas plumas certeras analizando la situación, tantos señores con las ideas claras, diccionario y Constitución, prefiero sortear las arenas peligrosas y escribir algo más "femenino". Ya saben, esa forma obcecadamente irrelevante e inofensiva de desentrañar y hablar de los asuntos serios. Una historieta protagonizada por mujeres, vaya. 

Desobedecer. Tenía ocho años cuando mi profesora anunció que iríamos de excursión a Catalunya en Miniatura, un parque temático al aire libre en el que aún hoy se exhiben maquetas de los lugares más destacados de las tierras catalanas. El lugar sigue siendo una simplificación de Catalunya en la que cualquier persona puede sentirse como King Kong. Ahora le han añadido tirolinas para darle un poquito más de emoción. Yo no me sentía como King Kong porque era una niña escuálida y atenta, demasiado seria para su edad —eso decían los adultos que me pellizcaban el mentón—, sin embargo aquella excusión se convirtió en un acontecimiento crucial. Carles, el niño que me gustaba, había estado antes ese lugar con sus padres. Preso de la emoción por el anuncio de la profesora, había dicho que iba a mostrarme una maravilla oculta del parque: un edificio roto del que podía verse el interior. Recuerdo el olor de Carles, un fuerte aroma a jabón para la ropa que parecía mucho más sofisticado, mejor, que el que usábamos en casa. Recuerdo su olor porque nuestros anoraks se rozaban mientras la profesora hablaba junto a una Casa Batlló que le llegaba por la cintura. De pronto Carles me tiró de la manga y me condujo hacia la zona trasera del grupo, donde habitaban los niños que querían portarse mal. Siguió tirándome de la manga y nos adentramos entre la Seu Vella de Lérida y la Vall de Boí. Desobedecí. Descubrí que un niño también podía saber cosas sobre edificios. Comprobé que los límites de lo prohibido estaban mucho más lejos de lo que yo pensaba. Ser libre no tenía por qué ser malo ni hacer enfadar a nadie. Desobedecí y crecí. 

Seguir leyendo »

Notas de una turista en tránsito

Barcelona, 19.30 horas

Por primera vez en mi vida me siento un poco mal al irme de vacaciones. Hay dos cuestiones que me preocupan. Bueno, tres: "En Japón, ¿bikini o bañador entero?", "¿cruzaremos a tiempo el control de seguridad de El Prat?". Y por último, "¿cómo se supone que debe sentirse una barcelonesa que odia el turismo en su ciudad, cuando es ella quien se convierte en turista?".

Seguir leyendo »

Lección de una señora racista

Hace poco una mujer racista me dio una lección. Íbamos en el mismo vagón de metro cuando un acordeonista empezó a tocar. A ese hombre le he visto en varias ocasiones, le recuerdo bien porque lleva unos mocasines de charol que no parecen tener suela y porque cuando toca siempre sonríe con elegancia, con el mentón hacia arriba, con las pestañas desmayadas sobre sus profundas ojeras. Suele empezar con temas clásicos del cine popular, como la banda sonora de El Padrino, luego pasa a piezas como el Vals sobre las Olas de Juventino Rosas, y termina con el Vals de las Flores de Tchaikovski.

Cuando llega ese punto, si aún estoy en el vagón, suelo imaginármelo con esmoquin en un gran salón austrohúngaro, rodeado de mujeres con vestidos vaporosos, y pienso que, en realidad, el dinero no le importa porque su sensibilidad e incluso su linaje están por encima del de quienes le rodeamos en el túnel, en ese instante. Luego me digo que mi reflexión es romántica y mezquina, propia de una tataranieta de Disney que asocia la sonrisa o la elegancia de un personaje con su nobleza, bondad y recompensa final.

Seguir leyendo »

Bola de dragón

Tendido en su ataúd, el tiet Pere tenía la misma expresión de siempre, la de un crápula que trata de disimular ante su mujer. A sus 94 años mi tío abuelo consiguió que otros desobedecieran por él en el mismo día de su velatorio. Sucedió de la siguiente manera. En cuanto mi tía María apartó sus ojos miopes y llorosos del cuerpo de su marido, una de sus hijas reemplazó la corbata elegante por la que el difunto había elegido para el día de su entierro: la de estampado de condones.

Horas antes, Pere había ido a cenar al restaurante chino con la familia y, como de costumbre, pidió un plato aparte lleno de salsa. Aunque los médicos advertían de que iba reventar desde hacía al menos una década, él mantenía intactos sus hábitos insalubres y su cuerpo de peonza.

Seguir leyendo »

¿Te impresiona más si sabes que es real?

El pasado marzo visité una feria de fotografía llamada Utopía Photo Market. No es mi intención promocionarla en esta columna, porque de hecho, lo que voy a contar me sucedió en cuanto empecé a deambular por puro aburrimiento.

En una de las casetas, un hombre conversaba cariñosamente con una mujer. Ambos sostenían una copa de vino y sus piernas se cruzaban al extenderse desde sus sillas, como un presagio de sexo.

Seguir leyendo »